Comunidad Valenciana

El suceso de la dana en Valencia demuestra la creciente fragilidad que afronta el ámbito turístico en espacios con peligro de anegamiento.

Investigación UV

Una investigación de la Universitat de València evidencia que diversos hospedajes, pisos vacacionales y bienes del patrimonio se han situado en zonas de peligro a pesar de la normativa vigente.

 Fotografía tomada con dron este lunes del barranco del Poyo a su paso por Paiporta cuando la dana de Valencia en cuyas inundaciones murieron 230 personas . EFE/Biel Aliño

 Fotografía obtenida por un dron este lunes del barranco del Poyo a su paso por Paiporta durante la dana de Valencia, cuyas inundaciones se cobraron la vida de 230 personas. EFE/Biel Aliño

Biel Aliño / EFE

El temporal de dana que azotó hace poco a la provincia de Valencia no únicamente mostró escenas de vías inundadas, instalaciones deterioradas y pueblos incomunicados. Asimismo, evidenció una situación compleja para uno de los motores financieros de la región: la actividad turística se está expandiendo, con excesiva frecuencia, en terrenos que el propio ordenamiento del suelo identifica como zonas de riesgo por inundación. 

Esto queda evidenciado en el trabajo del docente y académico de la Universitat de València David de la Osada Saurí, el cual examina minuciosamente el impacto de la dana en establecimientos hoteleros, viviendas de uso turístico (VUT) y bienes naturales y culturales, contrastando los perjuicios efectivos con los mapas del PATRICOVA, la estrategia regional para prevenir peligros de desbordamiento. Dicho análisis se ha difundido en la edición más reciente de la publicación Cuadernos de Geografía centrada en la dana bajo el encabezado “La exposición del turismo al riesgo: el caso de estudio de la DANA 2024 en València”.

La conclusión resulta evidente: si bien no todos los sectores de peligro extremo terminaron anegados, un porcentaje considerable de los daños ocurrió en terrenos previamente catalogados como frágiles. Además, resulta todavía más alarmante que una fracción de la expansión del turismo haya tenido lugar justamente en dichos emplazamientos, a pesar de que se conocían de antemano las reglas y las amenazas existentes.

La evaluación geográfica indica que una extensión superior a 35.500 hectáreas quedó anegada en el transcurso del evento, lo cual representa un impacto significativo en la zona. Tras cotejar estos datos con las estimaciones del PATRICOVA, se percibe que cerca del 41 % del área identificada como zona de riesgo hídrico en las localidades perjudicadas acabó sumergida.

No obstante, el reparto de la inundación no resultó uniforme. Los grados de amenaza más altos absorbieron una porción significativa de los daños, mientras que otras clasificaciones, como el nivel geomorfológico —el de mayor amplitud teórica—, presentaron una repercusión comparativamente escasa. Este suceso avala, a grandes rasgos, la eficacia de la priorización del peligro fijada por el proyecto, aunque también manifiesta sus restricciones al evaluar sucesos particulares.

Una de las facetas más delicadas de la investigación consiste en el impacto inmediato en el sector del hospedaje. El fenómeno dana perjudicó a un conjunto de 17 establecimientos convencionales (hoteles, campings o parecidos), que alcanzaban cerca de 1.700 plazas, así como a 937 inmuebles de alquiler vacacional, con por encima de 5.000 plazas dañadas. Estos datos difieren de las estimaciones del PATRICOVA, el cual señala una cantidad todavía superior de locales ubicados en áreas de peligro: 35 hospedajes clásicos y más de 2.200 VUT.

La evaluación por grados de amenaza es sumamente esclarecedora. En las categorías de riesgo muy elevado y elevado se agrupa una porción significativa de los cupos perjudicados, mientras que los rangos inferiores y geomorfológicos presentan una repercusión más reducida. En el escalafón de peligrosidad media se observa la mayor afectación, tanto en cantidad de locales como de vacantes, lo cual ratifica que la inseguridad no se restringe a los puntos críticos, sino que abarca espacios donde la expansión turística ha progresado con más fuerza.

Una de las conclusiones primordiales del estudio consiste en comprobar que parte de la expansión turística se llevó a cabo tras la ratificación del PATRICOVA, incluso dentro de perímetros designados como inundables. Dentro de la oferta alojativa tradicional impactada, más del cincuenta por ciento de los negocios de gran envergadura se inscribieron después de que el plan estuviera vigente. Sobre las VUT, aproximadamente un millar se encuentran en fincas levantadas con posterioridad al año 2000.

Esta información señala una contradicción continua entre la ordenación del suelo y el funcionamiento real de la industria inmobiliaria y turística. Las leyes detectan la amenaza, sin embargo, no siempre logran contener o desviar la expansión urbana y vacacional hacia emplazamientos de menor riesgo. Esto deriva en una vulnerabilidad más alta para los pobladores y los turistas ante sucesos climáticos críticos.

La dana no solo perjudicó a los hospedajes. La investigación examina asimismo las repercusiones en activos turísticos fundamentales, tales como bienes de interés cultural (BIC), bienes de relevancia local (BRL), museos, parques naturales, parajes y campos de golf. Una vez más, las conclusiones evidencian un vínculo directo entre el índice de riesgo y la magnitud de los daños.

En las áreas de peligro elevado resultaron perjudicados múltiples bienes de valor patrimonial y vastas extensiones de parajes naturales, pese a que la magnitud fue más baja de lo que el PATRICOVA había proyectado. Por otra parte, en los estratos de riesgo medio y leve se detectaron consecuencias de importancia, particularmente en reservas biológicas y vestigios históricos repartidos por la geografía.

Sobresale la situación de ciertas infraestructuras turísticas edificadas después de que se validara el proyecto, tales como campos de golf localizados en zonas catalogadas con un nivel de amenaza reducido. Pese a que la peligrosidad otorgada sea limitada, dichos casos demuestran que la expansión del turismo sigue abarcando terrenos con exposición latente, lo que aumenta la fragilidad de la estructura global.

Un aspecto esencial de la investigación consiste en la fragilidad propia de los turistas. A diferencia de los habitantes de la zona, quienes visitan el lugar suelen ignorar los detalles del terreno, el comportamiento de las corrientes de agua o las amenazas de ciertos parajes naturales. En el transcurso del fenómeno de la dana, se observaron acciones temerarias, como la estancia de sujetos en puentes o riberas, lo que refleja una valoración deficiente del riesgo existente.

Las zonas naturales y los entornos fluviales presentan una fragilidad particular. Su encanto para el turismo se apoya, a menudo, en una visión de sosiego y deleite que suele contrastar con la circunstancia hidrológica del ámbito mediterráneo, caracterizada por eventos climáticos extremos que suceden con una frecuencia creciente.

La intersección de los terrenos anegados con los mapas de peligro del PATRICOVA confirma que el programa señala con acierto los puntos críticos. Más del cincuenta por ciento del territorio que el esquema califica como peligroso acabó bajo el agua en este evento. No obstante, se hace evidente que la simple previsión no basta por cuenta propia.

Una fracción de las afectaciones tuvo lugar en regiones etiquetadas con riesgo leve o intermedio, derivando en una desprotección tangible de viajeros y activos. Este suceso motiva un análisis sobre la urgencia de actualizar los métodos de valoración de peligros, sobre todo bajo el marco del cambio climático, donde la asiduidad y magnitud de las DANAs muestran una tendencia al alza.

La investigación enfatiza la función distintiva de las viviendas de uso turístico. Su veloz incremento y su repartición geográfica las sitúan como un factor notablemente frágil. A diferencia de los hospedajes convencionales, las VUT suelen presentar una carencia de planes de seguridad definidos, empleados capacitados o medios de contacto provechosos con los turistas.

Si bien han reforzado la oferta de estancias y el posicionamiento del destino, a la vez han acrecentado la susceptibilidad al peligro. La mínima trazabilidad de su administración y los impedimentos para fiscalizar su emplazamiento constituyen una dificultad añadida para las directrices de protección civil y ordenación territorial.

La investigación de David de la Osada Saurí se sitúa en una discusión más extensa acerca de la viabilidad del esquema turístico mediterráneo. La fricción entre la ordenación del territorio y el crecimiento del turismo no es reciente, aunque se agudiza por la crisis climática, la cual incrementa las amenazas hídricas y disminuye los umbrales de protección.

La actividad turística representa un ámbito fundamental para la economía y la esencia de los territorios. Por este motivo, es vital incluir la administración de riesgos dentro de su esquema organizativo. El objetivo no es simplemente eludir pérdidas materiales, sino velar por la protección de pobladores y viajeros, además de salvaguardar el prestigio del emplazamiento.

La investigación plantea distintas estrategias de intervención. Estas incluyen optimizar la transmisión de peligros a los visitantes, sobre todo durante los periodos con más riesgo de fenómenos meteorológicos severos; capacitar a los trabajadores de la industria en procedimientos de urgencia; intensificar la supervisión de las VUT y su incorporación a las redes de aviso; así como restringir futuras construcciones vacacionales en zonas vulnerables.

Dentro de los entornos naturales y patrimoniales, surge la exigencia de advertir sobre los riesgos temporales, instaurar clausuras de precaución y difundir con claridad los fundamentos de estas acciones. Todo esto ayudaría a consolidar la seguridad en la imagen turística y a aminorar los perjuicios financieros vinculados a próximos desastres.

Más allá de constituir un examen concluyente, esta investigación surge como una advertencia necesaria. El episodio de la dana en Valencia ha evidenciado que el peligro no representa una mera teoría geográfica, sino un hecho que impacta de lleno en la actividad turística y en sus usuarios. Incorporar con eficacia el control de amenazas dentro de la estrategia del sector no se limita únicamente a un asunto de protección, sino que resulta un requisito vital para progresar hacia un esquema vacacional adaptable y perdurable en un Mediterráneo que afronta con mayor frecuencia fenómenos meteorológicos severos.

Salvador Enguix Oliver

Salvador Enguix Oliver

Periodista

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Graduado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Ejerce como delegado en València y jefe de redacción de Guyana Guardian desde 1991.