Cómo anticipar y prevenir un alud en la montaña

Nieve

Claves para reducir el riesgo antes de adentrarse en terreno invernal

GRAF1177. PANTICOSA (HUESCA), 29/12/2025.- La identidad de las tres personas de origen vasco fallecidas al ser arrolladas junto a otras tres por un alud en la ladera oeste del pico Tablato, en el entorno del Balneario de Panticosa, en el Pirineo de Huesca, se dará a conocer una vez sean localizadas e informadas sus familias. Así lo ha asegurado el delegado del Gobierno en Aragón, Fernando Beltrán, en una comparecencia hecha ante los medios de comunicación en el helipuerto de Panticosa, junto a responsables de los equipos de rescate de la Guardia Civil que participan en la operación. EFE/ Javier Blasco

Los equipos de rescate intervienen en el lugar del alud registrado en el entorno del Balneario de Panticosa. 

JAVIER BLASCO / EFE

Los recientes aludes con víctimas registrados en distintos puntos de los Pirineos y los Alpes han vuelto a situar en primer plano una cuestión clave para quienes practican esquí de montaña, alpinismo o actividades invernales en altura: cómo y cuándo es posible anticipar y prevenir un alud antes de adentrarse en la montaña, y qué margen real de decisión existe antes de exponerse a un terreno inestable.

La prevención no comienza en la ladera, sino mucho antes, cuando todavía es posible analizar la información disponible, interpretar el contexto meteorológico y valorar si las condiciones aconsejan o no realizar la actividad prevista.

Empieza con la información y la planificación. Consultar los boletines nivológicos oficiales resulta imprescindible para evaluar el riesgo real de avalanchas en cada zona, ya que estos informes, elaborados a diario por los servicios meteorológicos y de protección civil, ofrecen una lectura detallada del estado del manto nivoso, establecen el grado de peligro según la Escala Europea, del nivel 1 (bajo) al 5 (muy alto), e identifican los tipos de aludes más probables, las orientaciones más expuestas y las cotas críticas en cada macizo.

Entender esta información y adaptarla al itinerario previsto constituye la base de cualquier decisión responsable en montaña invernal, especialmente cuando las condiciones son cambiantes o desiguales según la orientación. En determinados contextos, la decisión más prudente puede ser modificar la ruta prevista o incluso renunciar a la salida, una elección que no siempre resulta fácil, pero que evita situaciones de alto riesgo.

Imagen recreada de un boletín nivológico con fines ilustrativos para contextualizar prácticas de seguridad en montaña.

Boletín Nivológico. 

Imagen recreada con fines ilustrativos

Renunciar también es una decisión de seguridad

Una vez en la montaña, la gestión del riesgo depende de tres factores inseparables que se influyen mutuamente: el equipamiento disponible, la técnica de progresión y la toma de decisiones sobre el terreno. Ningún material sustituye al criterio, pero hay elementos que no admiten excepciones en zonas expuestas a avalanchas. El detector de víctimas de avalancha (ARVA), la pala y la sonda forman un conjunto imprescindible, tanto para una eventual intervención de rescate como para realizar comprobaciones puntuales del estado de la nieve.

El casco, aunque no evita el sepultamiento, reduce el riesgo de lesiones graves en caídas o arrastres y, en los últimos años, se ha generalizado el uso de mochilas con sistema de airbag, que pueden disminuir la probabilidad de quedar completamente enterrado, aunque su eficacia depende del tipo de alud y de la morfología del terreno.

El equipo básico debe incluir transmisor individual de víctimas de avalancha (ARVA), pala, sonda y casco.

El equipo básico debe incluir transmisor individual de víctimas de avalancha (ARVA), pala, sonda y casco. 

Foto Lugares de Aventura

La dinámica del grupo es otro elemento determinante, ya que atravesar pendientes expuestas de uno en uno, mantener distancias de seguridad y evitar zonas de acumulación, como canales o fondos de valle, reduce el impacto potencial de un desprendimiento y limita las consecuencias de un error puntual. La montaña invernal penaliza los errores colectivos, y muchos accidentes se producen cuando una sola decisión compromete a todo el grupo al mismo tiempo, sin margen de reacción individual.

El propio terreno suele ofrecer señales de advertencia que conviene saber interpretar. Sonidos de colapso en la nieve, grietas que se abren al paso o la presencia de placas recientes son indicios claros de inestabilidad, y pasarlos por alto equivale a asumir un riesgo innecesario.

Más allá del equipamiento, la planificación previa resulta decisiva, ya que analizar itinerarios alternativos, establecer puntos de escape y consensuar criterios de renuncia ayuda a reducir el peso de factores humanos como el exceso de confianza, la presión del grupo o la conocida trampa del objetivo. La formación continua completa el círculo de la prevención, porque saber utilizar correctamente el material de seguridad, practicar búsquedas y excavaciones, interpretar boletines nivológicos y comprender cómo evoluciona el manto de nieve son conocimientos que no se improvisan.

En situaciones de emergencia, los minutos cuentan y cada decisión previa condiciona el desenlace.

La diferencia entre un rescate eficaz y un desenlace fatal suele estar en la preparación previa

La montaña invernal ofrece experiencias únicas, pero también exige respeto y humildad, especialmente en un contexto de condiciones cada vez más variables y episodios extremos más frecuentes. En ese escenario, la prudencia no es una renuncia, sino una forma de entender la actividad y de asumir que saber cuándo avanzar y cuándo darse la vuelta sigue siendo, hoy, la mejor herramienta para prevenir un alud.

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