La transformación más novedosa en el campo de la medicina estética: la IA anticipa el resultado definitivo
Estética
La ecografía facial de alta resolución previene peligros, disminuye complicaciones y posibilita que el especialista anticipe el desenlace con una seguridad mayor.

Los profesionales de la estética médica evalúan el tejido cutáneo identificando la huella estética, la cual representa el vestigio conjunto de cada tratamiento llevado a cabo en la piel.
Los efectos que la medicina estética produce en las caras tratadas no son tan pasajeros como se aseguraba en un inicio ni como se pensaba al desvanecerse los signos externos. Cada intervención genera un rastro estético: un grupo de variaciones biológicas, estructurales y de materia que perduran en los tejidos mucho después de lo que la imagen refleja. Analizar esta marca constituye hoy uno de los mayores desafíos de la estética médica actual.
Quienes cubrimos el sector de la belleza observamos cómo los mismos sujetos que antes preparaban encuentros mediáticos para destacar las ventajas de los fillers o sustancias de relleno, nos convocan actualmente para mostrar esos componentes actualizados, asegurando que optimizan la textura cutánea sin necesidad de rellenar.
Los doctores estéticos más vanguardistas tratan actualmente métodos de mantenimiento y regeneración.
Y los especialistas en estética de vanguardia comentan actualmente procedimientos de preservación y restauración, aunque ya no de “creación de juventud”.
La razón de esta transformación reside en las denominadas pillow-face: rostros carentes de líneas de expresión, que lucen infladas, con una apariencia artificial y que terminan viéndose muy parecidos unos a otros. Pudieron haberse consolidado como referentes estéticos —tal como sucede actualmente con el aumento de labios en la población juvenil—, no obstante, esto no ocurrió. A quien recurre a la medicina estética le atemoriza la opción de conseguir dicho resultado.
¿No obstante, qué motiva dicho desenlace y a qué se debe? La razón se halla en aquello que definimos como huella estética.
Aquello que perdura (aun cuando no se note)
La huella estética representa el rastro sumado de la totalidad de tratamientos aplicados sobre el tejido cutáneo y profundo a través del tiempo. Abarca elementos inyectables (reabsorbibles o permanentes), respuestas inflamatorias anteriores, fibrosis, encapsulamientos o desplazamientos del producto, junto con variaciones generadas por tecnologías de energía (láser, radiofrecuencia, ultrasonidos).
Lejos de lo que se aseguraba en los inicios de la medicina estética, no todo se esfuma tras “el efecto se va”. Gran parte de los materiales o sus secuelas biológicas se mantienen durante años, o incluso décadas, y son capaces de condicionar significativamente el desenlace de futuras intervenciones.

En medicina estética se han empleado —y se emplean— variados tipos de compuestos. La silicona líquida es completamente ilícita, pero todavía existen personas con secuelas negativas por su aplicación hace tres décadas. El ácido hialurónico es reabsorbible, aunque puede permanecer parcialmente, encapsularse o captar agua de forma persistente. Asimismo, se conoce que los hilos tensores originan marcas fibrosas incluso tras su reabsorción.
La dificultad no radica solamente en la presencia de dichos materiales, sino en su interacción mutua. Aplicar un compuesto nuevo sin saber qué se encuentra debajo puede originar desde efectos poco estéticos hasta problemas de carácter inflamatorio o vascular.
Análisis sofisticados: el inicio de la estética precisa.
En la actualidad se comprende que la huella estética constituye un elemento clínico determinante en las intervenciones. ¿De qué manera debe proceder el facultativo frente a su presencia?
Bajo este escenario se presenta la ecografía facial de alta precisión como un instrumento capaz de ofrecer a la medicina estética la confianza que el paciente solicita: previene peligros, disminuye imprevistos y ayuda al facultativo a pronosticar el desenlace con mayor exactitud.

El Dr. Javier de Benito, especialista en cirugía plástica y creador del Instituto de Benito, confía en este recurso y considera que se trata únicamente de “el comienzo de una nueva era en la estética médica, en la que cada rostro tiene su propio mapa y cada piel, su estrategia”.
Escuchar la piel
La ecografía facial de alta resolución facilita observar, con una claridad sin precedentes, los procesos bajo la dermis: colágeno, niveles de hidratación, indicios de fotoenvejecimiento o la existencia de rellenos previos y sustancias permanentes.
“Con la ecografía facial vemos lo que antes era invisible: colágeno generado por tratamientos previos, fillers de hace más de dos décadas, reacciones inflamatorias…”, explica el Dr. Javier de Benito. “Y eso nos permite elegir con precisión y seguridad qué producto, técnica o tratamiento es el más adecuado”.
Administrar una sustancia novedosa sin identificar lo que subyace puede originar consecuencias negativas.
Aparte de facilitar la evaluación y el ordenamiento de los diversos tejidos dérmicos —según su escala de variación y daño por los rayos UVA—, y de reconocer ácido hialurónico, silicona, hilos tensores u otros elementos inyectados con antelación, este avance técnico registra el SLEB (Subepidermal Low Echogenic Band). Dicha franja subepidérmica de mínima ecogenicidad opera como una señal determinante del paso del tiempo en la piel.
“Medir el SLEB es clave para saber si la piel de un paciente está más envejecida de lo que aparenta o si, por el contrario, es biológicamente más joven. Esta información es esencial para diseñar tratamientos eficaces y realistas”, señala el Dr. De Benito.
La herramienta que promueve el facultativo, Nasai Derm, logra identificar cuadros inflamatorios, silicona y vacuolas, además de analizar la salud cutánea, el envejecimiento por luz, la elastosis solar, los índices de hidratación, el colágeno y la profundidad de la dermis.

Adiós, 'pillow-face'
Este recurso no solo evita problemas, sino que también favorece la consecución de las metas deseadas, sin sobresaltos. Previo a la colocación de un relleno, los expertos tienen la capacidad de observar si hay remanentes de otras sustancias que pudiesen obstaculizar el tratamiento o derivar en efectos nocivos. Tal aspecto cobra una importancia mayor en usuarios con una trayectoria de procedimientos estéticos dilatada o difícil.
“La ecografía nos da seguridad, tanto al médico como al paciente. Nos permite evitar errores o repetir procedimientos innecesarios. Incluso nos indica si un tratamiento se ha colocado correctamente o si ha generado un microhematoma”, añade el Dr. Javier de Benito.
La inteligencia artificial representa una bendición.
Más allá de la ecografía facial de alta resolución: mediante las capturas recolectadas, los algoritmos de la IA cotejan modelos, miden variables concretas y colaboran en la lectura de información intrincada -como la salud del colágeno, el nivel de inflamación o el deterioro subepidérmico-, de un modo uniforme y constante. Esto genera una valoración clínica más exacta, con menor influencia de criterios personales y un soporte superior para determinar las acciones clínicas.
De esta forma, los diagnósticos inteligentes inauguran una etapa inédita en la estética.
Las evaluaciones tecnológicas inauguran de este modo una etapa inédita en la cosmética de precisión y tal vez transformen, nuevamente, la narrativa de esta industria. Es factible que, en breve, las redactoras presenciemos el retorno de componentes que hoy se emplean poco, ya que el inconveniente no radicaba en la fórmula, sino en la falta de información sobre la condición real del cutis de la persona.
“Antes, muchas decisiones se basaban en lo visible o en la experiencia del equipo, con pruebas preliminares. Hoy trabajamos con información precisa, personalizada y en tiempo real. Esto no solo mejora los resultados, también genera una confianza enorme en el paciente”, finaliza el Dr. De Benito.