Lucía Galán, pediatra: “El flotador para niños no basta. Muchos ahogamientos son por despistes y por eso el mejor sistema de flotación son los padres en el agua”
BIENESTAR
Lucía Galán, pediatra y divulgadora, insisten en que la clave está en la prevención y la vigilancia constante por parte de los padres

Lucía Galán, pediatra

Con la llegada del calor y las vacaciones, los lugares con piscinas y playas se convierten en los destinos favoritos de miles de familias. Sin embargo, bajo la apariencia de diversión y descanso, se esconde un peligro que cada año se cobra vidas: el ahogamiento. Durante el verano de 2024, España registró un total de 471 muertes por ahogamiento, lo que supone un incremento del 11,6% respecto a 2023, según los datos de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo. Se trata del segundo año más trágico en la última década. De esas muertes, 13 eran menores de edad, representando el 8,59% del total.
Los datos desglosan un patrón alarmante: 4 víctimas eran niños de entre 0 y 3 años, 2 de entre 4 y 6 años, 2 entre 7 y 10 años, y 5 entre 11 y 17 años. Unas cifras que subrayan una realidad muchas veces ignorada: la infancia es un grupo especialmente vulnerable ante los riesgos del agua, y los ahogamientos ocurren con más frecuencia de la que pensamos.

Frente a este escenario, expertos como Lucía Galán, pediatra y divulgadora, insisten en que la clave está en la prevención y la vigilancia constante. “La mayor parte de los ahogamientos infantiles se producen por despistes. Nadie espera que el niño se caiga, pero se caen”, afirma. Y lanza un mensaje directo a las familias: “El mejor sistema de flotación para un niño son los padres en el agua con él. No hay mecanismo más seguro”.
Galán advierte que aunque el uso de dispositivos flotantes puede ayudar, no deben sustituir nunca la supervisión adulta. “Los chalecos son los más seguros, siempre que sean homologados y se compren en establecimientos de confianza. Pero hay que tener cuidado con los niños menores de dos años, que a veces son muy chiquititos, porque tienden a inclinarse hacia adelante con el chaleco, y se pueden dar la vuelta”.
En cuanto a los clásicos manguitos o flotadores, la pediatra explica que no están recomendados porque pueden soltarse o pincharse con facilidad. Las “burbujas” que se usaban antes también se descartan. “El problema es que muchas veces, cuando les ponemos un chaleco, los adultos bajan la guardia, y es ahí cuando ocurren los accidentes” advierte.
Además, insiste en no quitarles el chaleco a los más pequeños aunque estén fuera del agua, especialmente si están cerca de una piscina. “Muchos accidentes ocurren cuando el niño se cae de forma accidente al agua”.

Además, Galán también lanza una advertencia para los adultos: “No debemos bañarnos solos, ni siquiera nosotros. Aunque parezca exagerado, muchos ahogamientos en adultos suceden por imprudencias o situaciones inesperadas”. Por tanto, la clave está en cambiar la percepción del riesgo, no nos debemos confiar por estar en una casa o una piscina pequeña, ni aunque haya profesionales cerca, basta un segundo de distracción para que ocurra una tragedia.
El conocimiento, insiste la pediatra, es la herramienta más poderosa. “Esta información puede salvar vidas”, y con ello conseguir un verano más tranquilo para las familias y los sanitarios.