Bienestar

Luis Zamora, nutricionista, sobre el roscón de Reyes: “La mejor opción es que sea lo justo para que todo el mundo coma, pero que no sobre una gran cantidad”

Día de Reyes

El roscón llega cada 6 de enero cargado de culpa antes incluso de cortarlo, pero la realidad es que no es, ni siquiera, el dulce más calórico de la Navidad

Zamora asegura que no debemos sentirnos mal por comer algo como un roscón de Reyes en ocasiones puntuales

Zamora asegura que no debemos sentirnos mal por comer algo como un roscón de Reyes en ocasiones puntuales

Cada año ocurre lo mismo. El roscón aparece en la mesa envuelto en una mezcla de ilusión y remordimiento. Se celebra la tradición en familia, se busca el haba o la sorpresa, se sirve el café… y alguien, casi siempre, pronuncia la frase: “bueno, solo un trocito”. Como si el simple gesto de comer roscón fuera ya una pequeña transgresión. Sin embargo, según explica en Guyana Guardian el nutricionista Luis Zamora, el problema no está en el roscón en sí, sino en cómo entendemos la alimentación.

“El roscón de Reyes es lo que es: un dulce rico en azúcares y grasas”, señala Zamora, pero eso no lo convierte automáticamente en un alimento “poco saludable”. “Lo que es saludable o no son las dietas, es decir, el conjunto de todo lo que comemos durante el día, la semana o el mes”, asegura el nutricionista. Comer un trozo en estas fechas no tira por la borda una alimentación equilibrada. Como en casi todo, insiste, la clave está en la cantidad y en la frecuencia.

Roscón de Reyes

No es ni siquiera el dulce más calórico de la Navidad

Además, el roscón no es necesariamente el dulce más calórico de la Navidad. Según explica Zamora, por cada 100 gramos puede aportar entre 300 y 400 kilocalorías si es sin relleno o relleno de nata. En el caso de los rellenos de crema o trufa, la cifra puede acercarse a las 500 kcal. Aun así, queda por debajo de otros clásicos de estas fechas. “El turrón de chocolate o los bombones pueden superar las 600 kilocalorías por cada 100 gramos”, apunta, seguidos por polvorones y mantecados —especialmente los elaborados con manteca de cerdo y almendras—, que superan las 500 kcal.

Lo ideal es comprar uno que sea justo para los comensales de la mesa, si sobra siempre se acaba comiendo de más
Lo ideal es comprar uno que sea justo para los comensales de la mesa, si sobra siempre se acaba comiendo de másGetty Images/iStockphoto

El foco, por tanto, no debería ponerse solo en el roscón, sino en el contexto. Y también en los detalles. Porque hay formas de hacerlo algo más razonable sin dejar de ser roscón. Uno de los puntos clave está en la decoración. “El topping suele ser una de las partes que más calorías extra añade al bizcocho”, explica Zamora. El azúcar glaseado, por ejemplo, puede aportar unas 400 kilocalorías por cada 100 gramos. La fruta escarchada se mueve en cifras similares, entre 300 y 400 kcal, y además tiene poco interés nutricional más allá del azúcar.

Por eso, no todas las decoraciones son iguales. La almendra laminada, aunque calórica (alrededor de 600 kcal por cada 100 gramos), aporta proteínas y grasas cardiosaludables. “Por su composición nutricional, sería una buena elección”, subraya el nutricionista. No se trata de eliminar el placer, sino de entender qué suma y qué resta.

Con un consumo puntual, moderado y consciente, no debería suponer un gran impacto en la calidad de la dieta final”

Luis Zamora

La culpa vuelve a aparecer cuando se habla de “romper la dieta”. Para Zamora, ese planteamiento parte de un error. “Si solo lo comemos el día de Reyes, y una o dos porciones, no estaríamos rompiendo la dieta”, asegura. Es un extra puntual, una ocasión especial. El problema llega cuando el roscón se alarga durante varios días y se convierte en un consumo repetido.

Por eso recomienda ajustar el tamaño del roscón al número real de comensales. Comprar uno demasiado grande suele traducirse en sobras que se acaban comiendo sin hambre, casi por inercia. “La mejor opción es que sea lo justo para que todo el mundo coma, pero que no sobre una gran cantidad”, apunta.

No deberíamos sentirnos mal por algo que es un momento bonito en familia y que se trata de compartir
No deberíamos sentirnos mal por algo que es un momento bonito en familia y que se trata de compartirGetty Images

¿Y el momento del día? ¿Es mejor comer roscón en el desayuno o después de comer? Desde el punto de vista nutricional, la composición no varía: tiene las mismas calorías y nutrientes a cualquier hora. Sin embargo, Zamora recuerda que las investigaciones en crononutrición sugieren que durante la primera mitad del día el cuerpo tiende a gastar mejor la energía consumida, mientras que por la tarde-noche existe una mayor tendencia al almacenamiento.

Aun así, insiste en relativizar. “Con un consumo puntual, moderado y consciente, no debería suponer un gran impacto en la calidad de la dieta final”, insiste. Ni en la salud, ni en el peso, ni en la relación con la comida. Porque quizá el verdadero problema no sea el roscón, sino la mirada con la que lo observamos. Convertir cada tradición en un examen nutricional no mejora la dieta, pero sí empeora el disfrute. Y en el día de Reyes, recuerda Zamora, eso también cuenta.

Joel Sáez Vargas

Joel Sáez Vargas

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Graduado en la Universitat Internacional de Catalunya y con un máster de periodismo deportivo cursado en UPF Barcelona School of Management he trabajado durante estos años en proyectos de redacción, cobertura de eventos y creación de contenido para redes sociales. Actualmente en el equipo de Audiencias de Guyana Guardian.