May Morón, experta en nutrición: “Sostener hábitos que no encajan con tu ritmo de vida, horarios o rutinas, te hará abandonarlos”
Propósitos
La nutricionista explica por qué los propósitos suelen fracasar y defiende la importancia de crear hábitos realistas, sostenibles y adaptados a un estilo de vida real

May Morón, experta en nutrición emocional

Enero ha acabado y toca echar la vista atrás para ver cuáles de los hábitos que nos prometimos cumplir a principios de mes hemos logrado mantener. En muchos casos, la mayoría han quedado por el camino, arrastrados por la cuesta de enero y el resto de propósitos de Año Nuevo. Y si no duran ni un mes es porque no eran hábitos ni objetivos realistas. Tendemos a llenarnos la boca de promesas y exigencias que poco tienen que ver con nuestro estilo de vida, ya sea por verlas constantemente en redes sociales o porque, en realidad, no sabemos cómo incorporar esos nuevos hábitos a nuestro día a día. Y claro, con el agobio de querer llegar a todo, acabas sin hacer nada.
Guyana Guardian habla con May Morón, (@maymotoncoach en Instagram), experta en nutrición y hábitos saludables, que bien conoce los propósitos de Año Nuevo de primera mano. La experta nos habla de la importancia de que los hábitos que nos proponemos a nosotras mismas sean sostenibles y, sobre todo, saludables. Pero para ello, debemos parar y pensar en diversas cosas: qué estilo de vida tenemos, qué queremos conseguir, cuáles son nuestras motivaciones, ganas e ilusión. Porque, realmente, cuando la motivación inicial flaquea, los hábitos se acaban abandonando. Y, en consecuencia, aparece la sensación de frustración y cansancio, o los pensamientos de “estoy fallando otra vez”.

Por eso, en ocasiones, conviene recordar que la motivación no basta para cambiar hábitos: hay errores que van más allá y que acaban haciendo que dejemos de lado esas promesas que nos hicimos. Hacer ejercicio físico, empezar a meditar, reducir los ultraprocesados o comer más saludable son algunos de los hábitos más comunes que muchos se plantean. Y aunque pueda parecer sencillo, sostenerlos en el día a día resulta complicado, ya que intentar abarcarlo todo a veces va más allá de nuestras posibilidades. Según May Morón, el problema no está en la falta de motivación ni en la fuerza de voluntad.
“El error más común es intentar cambiar hábitos desde la exigencia, sin un propósito claro, sin un para qué potente que te mueva de verdad”, explica. Cuando el cambio nace del “tengo que”, del control o de la presión, cualquier contratiempo se convierte en la excusa perfecta para abandonar. “Si no tienes claro tu para qué haces lo que haces, cualquier día complicado te hará tirar la toalla”, señala.
Durante años se ha insistido en que la clave estaba en estar motivado y tener fuerza de voluntad. Sin embargo, este enfoque suele generar el efecto contrario: presión, culpa y abandono. “La motivación fluctúa, sube y baja. Y la fuerza de voluntad es finita. No puede ser la base de un cambio que pretenda durar a largo plazo”, apunta Morón.
El error más común, plantearse propósitos que no encajan con la vida real
Morón lo tiene claro; uno de los grandes errores es intentar sostener hábitos que no encajan con el ritmo vital de cada uno, con la rutina o incluso los horarios. Se falla en el proceso porque se intentan cambios pensados para una vida que no existe. “No necesitas una rutina perfecta, necesitas una rutina posible”, afirma la experta. Cuando un hábito no encaja en tu contexto, con tu estilo de vida, tus horarios o tu etapa vital, acaba generando fricción y se abandona.
Además, a esto se suma un error muy frecuente y que por lo general, no se tiene en cuenta: añadir hábitos nuevos sin revisar las costumbres antiguas. Esto quiere decir que debemos reflexionar sobre las rutinas actuales antes de pensar en las nuevas, es decir, detectar lo que ya no es útil para poder avanzar. “Nuestra vida está llena de hábitos automáticos que restan y obstaculizan la adherencia de los nuevos”, explica Morón.
Se trata de conductas que en algún momento fueron útiles, pero que hoy consumen tiempo, energía y atención. La experta recuerda que intentar cuidarte sin revisar esos “malos” hábitos, es como intentar sembrar algo nuevo sobre un terreno lleno de malas hierbas. “Si no limpias antes, cualquier hábito nuevo acaba chocando con lo que ya está instalado”, señala.

¿Qué ocurre si las cosas no salen como quieres?
May Morón recuerda que en muchas ocasiones nos preparamos para empezar los hábitos pero no para hacer frente a los días difíciles. Esto significa que cuando llegan, hay que tener una estrategia para superarlos o un “plan B”, que nos ayude a sobrevivir. “Nadie tiene la misma energía, tiempo y buen ánimo todos los días. El problema es no tener una estrategia para esos días regulinchis”, explica Morón. Cuando ese hábito nuevo no tiene un plan B o una estrategia de contención, es muy fácil que ante cualquier contratiempo se rompa. Y ahí, es donde aparece la culpa, el todo o nada y el abandono. “No es falta de disciplina, es falta de estrategia”, aclara. Castigarte por fallar solo añade más tensión y estrés, y hace que el hábito se caiga antes de consolidarse.
“La clave no está en hacerlo perfecto, sino posible, con mínimos viables. Aprender a sostenerte cuando no puedes hacerlo todo. Hacer una lista de los obstáculos que te pueden llevar a abandonar y crear un plan de anticipación para ellos es fundamental”, recuerda. Morón insiste en que los hábitos no consisten solamente en hacer cosas nuevas, sino en empezar a tratarte con cariño y hacer cosas para que te hagan bien. “Cuidarte no es una meta ni un examen que aprobar, es un proceso continuo, y el camino no es lineal”, concluye.


