Neus Moya, especialista en salud podológica infantil: “La forma más fiable de saber si a un niño le va bien el zapato es poner el pie encima de la plantilla y comprobar que sobre 1 centímetro”
Salud de los pies
Según un experto, la medida exacta se basa en la evaluación precisa del calzado.

Neus Moya, podóloga infantil

Las extremidades de los menores se encuentran en fase de formación y experimentan variaciones veloces, primordialmente en la etapa inicial de vida, debido a los periodos de desarrollo. Tal como señala el Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos, el pie de los infantes aumenta de tamaño con prontitud —cerca de 8 mm cada tres meses—, fundamentalmente en edades precoces, lo que ocasiona que el calzado se vuelva insuficiente en poco tiempo.
En la infancia, es especialmente vulnerable a un calzado inadecuado. Para elegir bien la talla de los zapatos, se tienen que tener en cuenta varios factores: el ancho, el crecimiento acelerado y el espacio necesario para que el pie se mueva y se desarrolle de forma natural. Un error repetido en la talla puede traducirse en alteraciones de la pisada, dolores, deformidades o problemas posturales que acompañen al niño más allá de la infancia. En este contexto, la podóloga infantil, Neus Moya, advierte que si el zapato de tu hijo solo le dura 15 días, “no es porque el pie le crezca tan rápido”.

La experta explica que poner el dedo detrás del zapato es un gesto muy habitual que hacen padres y madres “con toda la buena intención, pero cuanto más pequeño es el niño, más suele ocurrir el fallo”. En su última publicación de Instagram, la podóloga detalla que muchos padres hacen esto pensando que han “dejado el margen suficiente” cuando colocan el dedo en la parte trasera del zapato y piensan: “Está bien, sobra un centímetro”, pero en realidad es un error.
Y es que, según cuenta, “el niño sin darse cuenta dobla los dedos para que entre tu dedo y eso te da una falsa sensación de espacio”, y crees que sobra espacio, y por tanto, la talla es la correcta. Sin embargo, Moya indica que la realidad es que estás comprando un zapato que le va justo. El problema que puede comportar este pequeño error de medida es que “en 15 días ese zapato ya no le vale y no es porque el pie le haya crecido tanto, sino porque nunca hubo ese margen real”, apunta. “Y precisamente por eso merece mucho la pena tener esto en cuenta antes de comprar un zapato”, sostiene.

Moya asegura que el método más certero para verificar si el calzado que el niño se prueba le ajusta correctamente consiste en extraer la plantilla, colocar el pie sobre ella y constatar que “sobren entre 0,80 y 1 centímetro” con el fin de evitar presión en los dedos” y se adapte a la anatomía natural del pie, considerando tanto la anchura como la elevación del empeine.