Una quinta portuguesa de artista en Alentejo
Artesanos
El reconocido diseñador Mircea Anghel, creador de Cabana Studio, imagina muebles experimentales en su casa taller Herdade da Barrosinha

La casa y taller, aunque en un ambiente rural, se encuentra a menos de una hora de Lisboa
Su creciente interés por la madera y la carpintería le llevó hasta Herdade da Barrosinha, en el Alentejo portugués. “Conocí a Hélder Calminhas Mateus, uno de los pocos artesanos que quedan en la Serraçao Mecanica (aserradero vinculado a la propiedad), quien me enseñó los entresijos de la carpintería y la construcción naval. En el 2019 necesitaba un estudio más grande para trabajar y decidí trasladarlo de Lisboa a Alcácer do Sal”, explica a Magazine.
Con prestigio internacional en el circuito del diseño-arte, los excepcionales muebles de Mircea Anghel desde luego requieren espacio y no pasan desapercibidos. Por dimensión y por contundencia formal y matérica. Sus conocimientos matemáticos logran mantener del todo estables sus mesas escultóricas provocadoras de desafío gravitacional. Así las cosas, el nuevo estudio de Anghel trajo consigo mudarse con la familia a vivir en Herdade da Barrosinha, en una quinta portuguesa construida en los años cincuenta, junto al río Sado en un entorno de naturaleza.

Las singulares ventanas que jalonan la fachada, ornadas con encantadores marcos sinuosos de revoco gris, le confieren un aire algo fantasioso. Según Mircea, en el interior de la quinta “la característica más interesante es la perspectiva forzada de los arcos del pasillo, que da sensación de profundidad y de amplitud. Esto crea la ilusión de grandeza en espacios más modestos. Además, se aprecia un juego de repeticiones al observarla”.
Ha mantenido la mayoría de estancias de la casa tal como eran, preservando el espíritu de la época. Y mezclado el mobiliario y las lámparas encontrados allí con muebles que construyó hace ocho años en su estudio. Destacan los arrimaderos de azulejos historiados, con gran tradición en Portugal, revistiendo distintas dependencias. Producidos en la década de los cincuenta, provienen de la legendaria fábrica de cerámica Sant’Anna, fundada en 1741 en Lisboa. Del gran árbol que yace frente a su taller aclara: “Esta allí simplemente para ser admirado. Es un alcornoque de la zona. En el sector, se les quita la corteza exterior cada ocho o diez años para darle tiempo a que vuelva a crecer. Sin embargo, la especie está protegida y no se puede talar”. Este cayó de forma natural. Y liga con los inicios de Mircea Anghel creando con madera en sus ratos libres, mientras trabajaba en el mundo de las finanzas. Hasta que finalmente abrió su propio estudio de diseño, Cabana, y comenzó una segunda vida profesional.


Nacido en Bucarest en 1986, hijo de diplomático rumano, durante su adolescencia se mudó con la familia a Lisboa en el 2001. Mircea Anghel es un diseñador autodidacta que decidió dedicarse de pleno a la creación de muebles tras el nacimiento del segundo de sus tres hijos. Formado en Economía en la Universidad de Lisboa, abandonó definitivamente una carrera financiera que le recluía en largas jornadas de oficina y le sumía en el tedio.
Las monumentales piezas de Mircea adquieren cualidad unimatérica
Entre las últimas series de muebles que ha realizado se encuentran los de madera quemada o de cuero tintado. Los primeros exploran el poder transformador del fuego. Y en ese proceso expone un delicado equilibrio entre destrucción y creación, poniendo énfasis en conceptos como resiliencia y renovación. Mientras, en las mesas revestidas de piel evoca la aleta de los cetáceos y su rotundo movimiento. Las monumentales piezas de Mircea adquieren cualidad unimatérica o bien se presentan en binomios contrastados, como piedra y madera. Y si bien son fruto de una artesanía refinada, él vela para que no se desvanezca la naturaleza e intensidad intrínseca de cada material.


“El proceso es lo más importante para mí. Es lo que realmente me interesa, no tanto el resultado final, sino experimentar, probar cosas nuevas. Fallar, resolver…”, afirma. Frente a sus muebles que se expansionan con vehemencia y sin cortapisas, se capta que las paredes de una oficina, por muy amplia que fuese, pidieran ser traspasadas. Y la apertura de un idílico paisaje alentejano acompañe su inspiración.