Valentin Kretz, director de la agencia inmobiliaria famosa por Netflix: “Vendí un apartamento de 22 millones por Instagram Live, es una locura”
Emprendedores
La historia de la familia Kretz es la crónica de cómo rompieron las reglas de un sector hermético, transformando la vulnerabilidad en su mayor activo y las redes sociales en su agencia más rentable.

Valentin Kretz, director de ‘L’Agence’, la agencia inmobiliaria famosa por Netflix e Instagram
Todo empezó con una imagen de derrota. Corría el año 2007, la crisis de las subprime hacía temblar los cimientos del mundo y Olivier Kretz, tras ser despedido de su puesto como director comercial, decidía apostarlo todo a una pasión: el sector inmobiliario. Montó una agencia desde casa, pero durante dos largos años, el teléfono no sonó. Ni una sola venta. La presión era tan insoportable que su hijo Valentin, hoy una de las caras más visibles del imperio familiar, lo recuerda con una nitidez dolorosa.
“Recuerdo a mi padre subiendo a mi habitación a llorar, con toda una familia a su cargo, preguntándose qué debía hacer”, confesó recientemente en una conversación con el podcast Génération Do It Yourself. Aquel momento de extrema vulnerabilidad, lejos de ser el final, se convirtió en la piedra angular sobre la que los Kretz construirían, sin saberlo, un nuevo paradigma en el negocio del lujo.
El fracaso inicial de Olivier Kretz no era una anomalía, sino la norma para cualquier advenedizo en el ecosistema del lujo parisino. Un mercado que opera más como un club privado que como un campo de juego abierto. Sus códigos, forjados durante décadas, se basan en la discreción absoluta y en el poder de las agendas de contactos. En este entorno, un recién llegado sin pedigrí ni red de contactos, como era Kretz, se enfrentaba a un muro prácticamente infranqueable.
La solución al estancamiento no vino de una estrategia de mercado, sino de una decisión familiar radical. A medida que los hijos se incorporaban al negocio, las tensiones propias de cualquier agencia —quién se lleva la comisión por captar una propiedad, quién por cerrarla— amenazaron con dinamitar el proyecto.
Fue entonces cuando tomaron la decisión que definiría su ADN para siempre: crear un fondo común. Todas las comisiones irían a un único bote y se repartirían a partes iguales entre los miembros de la familia. “Decidimos de inmediato que lo compartiríamos todo. Así no habría más discusiones sobre dinero y podríamos concentrarnos en el futuro”, relata Valentin. Este pacto eliminó la competencia interna y transformó a la familia en un bloque cohesionado, un organismo único remando en la misma dirección.

Ese espíritu de riesgo colectivo fue el catalizador de su siguiente gran movimiento: la conquista de los medios. Hartos de la invisibilidad, contactaron proactivamente a una productora con la idea de un programa sobre una familia que vende casas de lujo, un formato inédito en Francia. Tras superar enormes dificultades para convencer a los discretos propietarios, nació L'Agence.
La serie, que Netflix catapultó a 180 países, no es su principal fuente de ingresos, sino su más formidable herramienta de marketing. La fama televisiva alimenta una comunidad de millones en redes sociales, que a su vez se convierte en un embudo de ventas de una eficacia asombrosa.
“Hoy en día, vendemos el 20% de nuestras propiedades a través de Instagram. Se ha vuelto delirante”, admite Valentin, quien narra como anécdota cumbre la venta de un apartamento de 22 millones de euros con vistas a la Torre Eiffel durante una retransmisión en Instagram Live.
El fenómeno Kretz trasciende lo puramente empresarial para convertirse en un síntoma cultural. En un país tradicionalmente reacio a la exhibición de la riqueza, han logrado hacer del lujo un espectáculo aspiracional y familiar. Su éxito no reside solo en las mansiones que muestran, sino en la narrativa que han construido en torno a sí mismos: la de una familia unida que triunfa con naturalidad y transparencia.