Unos arquitectos transforman una pocilga en una casa familiar en Burgos: “Es una de las vías más interesantes para afrontar la actual crisis de la vivienda”
Reformas
La saturación de las grandes ciudades y la crisis habitacional promueven la recuperación y la revitalización de las antiguas edificaciones de la España vaciada

Rehabilitación de una antigua edificación agrícola en el casco histórico de Sasamón (Burgos).

En el casco histórico de Sasamón (Burgos), un antiguo establo de cerdos y gallinas se redefine para convertirse en una vivienda unifamiliar contemporánea. El proyecto, firmado por MADE.V Arquitectos, pretende conservar su arquitectura popular, anónima pero persistente, mediante una intervención contenida que actúa exclusivamente en el interior. El objetivo es claro: mantener las fachadas preexistentes y restaurar con la delicadeza que exige un paisaje patrimonial tan sensible como el de Sasamón.
“Cualquier infraestructura abandonada o infrautilizada puede convertirse en un soporte muy interesante precisamente por ofrecer espacialidades no asociadas a la domesticidad, y ahí aparece la oportunidad de producir vivienda de gran calidad”, declara el arquitecto Álvaro Moral para Guyana Guardian. La premisa de la reforma se centra en conservar la memoria material del lugar y su condición topológica, al tiempo que se construye un nuevo espacio de habitar.

“Nuestra cultura habitacional está muy vinculada al modelo del piso convencional, y cuesta imaginar que la vida cotidiana pueda desarrollarse en otros tipos de espacio. Sin embargo, cuando se acepta esa diferencia, aparecen nuevas posibilidades de habitar: mayor flexibilidad, una relación más directa con el entorno y una forma de vida menos estandarizada”, afirma el arquitecto del proyecto.
La reforma, dirigida por Álvaro Moral y Daniel González, parte de un vaciado integral del interior de la cochiquera. Se decidió conservar solo los muros perimetrales que actúan como huella física de su pasado agrícola. Bautizada como “Casa dentro de una casa”, la vivienda introduce una nueva estructura doméstica: una caja de madera laminada que se adosa parcialmente al perímetro existente. De este modo, se establece un diálogo claro entre lo antiguo y lo contemporáneo, haciendo legible el paso del tiempo sin arrebatarle su pasado.

¿Qué cambia en la forma de proyectar cuando el punto de partida no es una casa, sino una infraestructura pensada para animales y trabajo?
En realidad, no cambia tanto nuestra manera de proyectar. No partimos del uso anterior, sino del espacio. Atendemos, por supuesto, a la preexistencia, pero la leemos en términos espaciales y culturales —proporciones, luz, materialidad, escala, continuidad— más que como un programa cerrado que deba corregirse. En este caso, además, ha sido clave el valor sentimental que los clientes otorgan a lo que ellos denominan su barrio dentro del pueblo: un conjunto de casas de pequeña escala con un ensanchamiento de la calle frente a ellas.
Ha sido importante el valor sentimental que los clientes otorgan a su barrio dentro del pueblo
Por otro lado, los estándares de vida contemporáneos ya no son tan rígidos como hace unas décadas. Hoy habitar implica apropiación, adaptación y ciertos grados de indeterminación que el arquitecto debe asumir con naturalidad. En ese sentido, estos espacios heredados exigen cierta abstracción y también un acompañamiento por parte del arquitecto: no tanto imponer un modo de vida como ayudar a que los usuarios puedan colonizar el espacio progresivamente y hacerlo suyo.

Esta “caja” contemporánea ocupa aproximadamente la mitad del volumen disponible, tanto en planta como en altura, y se apoya de forma controlada en el edificio existente. Su posición genera intersticios que favorecen la entrada de luz. El acceso a las distintas estancias se resuelve mediante grandes puertas abatibles y correderas, realizadas en el mismo material, que funcionan como cerramientos móviles y aportan flexibilidad tanto espacial como visual.
La caja de madera no se integra, se posa. ¿Qué les interesaba preservar manteniendo esa distancia con los muros originales?
Nos interesaba que el espacio permitiera leer con claridad qué pertenece al cascarón original y qué corresponde a nuestra intervención. La distancia entre ambos no es un gesto formal, sino una forma de hacer visible el pase del tiempo en la arquitectura.
Esa diferencia se expresa también en la materialidad. La caja es ligera, reversible y doméstica, tanto por su escala como por su construcción; en cambio, el contenedor existente es rugoso, áspero y resistente. Uno protege, el otro se habita. El edificio antiguo actúa como envolvente, casi como un paisaje interior, y la intervención introduce, de forma clara, la condición de hogar.

A nivel técnico, el proyecto busca una buena eficiencia energética mediante un aislamiento continuo en toda la envolvente interior, que reduce las pérdidas de calor y mejora el confort. El uso del mismo acabado en el interior y el exterior refuerza la continuidad material y permite que la intervención se perciba como una evolución natural del edificio original.
En el proyecto se habla de sostenibilidad como “ética de la escasez”. ¿Qué significa eso en la práctica?
Para nosotros, la sostenibilidad no es tanto una suma de dispositivos técnicos como una forma de posicionarse ante lo existente. Hablar de una ética de la escasez significa trabajar desde lo que ya hay y asumir que tanto el proyecto como su construcción y su uso posterior deben consumir lo mínimo posible.
En la práctica, gran parte de los recursos se han destinado a restaurar la envolvente heredada, aprovechando su inercia térmica y estabilizando los sistemas constructivos tradicionales en lugar de sustituirlos. El propio proyecto ya es sostenible al evitar la demolición y, además, se apoya en industrias y oficios de proximidad durante su ejecución. Más que añadir capas tecnológicas, se trata de intensificar las cualidades que el edificio ya poseía.
El propio proyecto ya es sostenible al evitar la demolición

La intervención reduce los materiales a lo esencial: madera estructural vista, mortero continuo en paredes y un pavimento de resina aplicado directamente sobre la solera del suelo radiante. Una elección que responde a la voluntad de sinceridad constructiva, sin ocultar el origen rural del edificio. La nueva caja de madera reinterpreta el carácter funcional y austero de las construcciones tradicionales, aportando al conjunto una atmósfera más cálida, ligera y doméstica.

¿Estamos preparados culturalmente para habitar espacios que no encajan en la idea tradicional de casa?
Más que una alternativa, para nosotros ya es una realidad, y probablemente una de las vías más interesantes para afrontar la actual crisis de la vivienda. Lo que ocurre es que estos proyectos nos obligan a revisar la idea heredada de casa. No parten de un modelo doméstico preconcebido, sino que permiten investigar nuevas espacialidades y, con ellas, nuevas formas de habitar.
Estos proyectos nos obligan a revisar la idea heredada de casa
También transforman nuestra relación con los edificios en desuso: dejan de ser restos del pasado para convertirse en soporte de vida contemporánea. La pregunta no es tanto si estamos preparados, sino si somos capaces de imaginar que la domesticidad puede adoptar otras formas.
