Casa

Jaime Salvá, arquitecto: “Un piso de 50 m2 que elimina pasillos innecesarios puede sentirse más lujoso que una casa de 200 m2”

Interiorismo

La calidad de una vivienda no está en sus metros cuadrados ni en su presupuesto. El arquitecto Jaime Salvá reflexiona sobre qué significa realmente el lujo en la arquitectura del siglo XXI

El arquitecto Jaime Salvá cree que la clave para tener una vivienda de lujo está en invertir en lo que realmente mejora la calidad de vida.

El arquitecto Jaime Salvá cree que la clave para tener una vivienda de lujo está en invertir en lo que realmente mejora la calidad de vida.

Cedida

Hay quien asocia el lujo a una casa de 300 metros cuadrados, un jardín con piscina o a una lámpara de cuatro cifras presidiendo el salón. Sin embargo, cuando el foco se pone únicamente en esos elementos y no en cómo se vive realmente una vivienda en el día a día, es precisamente cuando el exceso termina eclipsando lo esencial.

“El lujo en arquitectura no empieza en los materiales ni en el presupuesto. Empieza en que el proyecto esté correctamente resuelto”, explica el arquitecto Jaime Salvá, del estudio JAIME SALVÁ Arquitectura & Interiorsimo, en declaraciones para Guyana Guardian. Orientación, proporciones, clima, ventilación cruzada, confort térmico y acústico, privacidad y control de la luz natural: cuando esa base técnica está bien planteada, la vivienda funciona con naturalidad.

Proyecto IVORY en Cap Cala Falcó, Mallorca, de Jaime Salvá.
Proyecto IVORY en Cap Cala Falcó, Mallorca, de Jaime Salvá.RICARD LOPEZ

Entonces, ¿qué es realmente el lujo? ¿Es tan maravillosa como parece la casa de tu futbolista favorito? ¿O estamos confundiendo tamaño y espectacularidad con calidad de vida? Conversamos con el arquitecto mallorquín sobre esa arquitectura que se siente más de lo que se explica y que pone el confort cotidiano por encima de la ostentación.

¿Se puede hablar de lujo en un piso de 50 metros cuadrados?

Por supuesto. El lujo no depende de los metros cuadrados, sino de la calidad del espacio. En un piso de 50 metros cuadrados, el margen de error es mínimo, así que cada decisión debe estar bien pensada y tener sentido. Una distribución eficiente, sin pasillos innecesarios, con almacenaje integrado en la propia arquitectura, una buena proporción entre las estancias y una orientación adecuada que aproveche la luz natural pueden generar una experiencia de vivienda de alto nivel. En este contexto, el lujo es precisión y coherencia.

En espacios pequeños, ¿qué decisiones arquitectónicas marcan la diferencia entre una casa justa y una casa que se vive con calidad?

En pisos pequeños, la diferencia entre una vivienda justa y una que se vive con calidad está en las decisiones de base. La proporción es fundamental: no se trata tanto del tamaño como del equilibrio entre ancho, largo y altura. Cuando las dimensiones están bien compensadas, el espacio respira mejor.

También son determinantes aspectos como un buen aislamiento acústico, una ventilación natural eficaz y una protección solar adecuada. A eso se suma la integración del mobiliario fijo desde el propio proyecto, pensándolo como parte de la arquitectura y no como un añadido posterior. Cuando los recorridos son claros, el almacenaje está bien resuelto y la luz está controlada, el espacio se percibe más amplio, más ordenado y, sobre todo, más confortable, independientemente de los metros cuadrados.

Cuando el almacenaje está bien resuelto y la luz está controlada, el espacio se percibe más amplio

Jaime Salvá, arquitecto

¿Qué errores ha visto en casas grandes que, pese a su tamaño o presupuesto, eliminan por completo la sensación de lujo?

El error más habitual es priorizar la imagen por encima del uso real. Se diseñan espacios sobredimensionados que no responden a ninguna función concreta, con recorridos largos e innecesarios, una acumulación de materiales sin un criterio común o instalaciones que generan ruido y restan confort.

También es frecuente confundir tamaño con calidad espacial. Un espacio puede ser grande y, aun así, resultar incómodo si no está bien proporcionado o si no responde al clima y a la forma en que se vive en él. La verdadera calidad no tiene que ver con la escala, sino con cómo funciona el espacio en el día a día.

Proyecto IVORY en Cap Cala Falcó, Mallorca, de Jaime Salvá.
Proyecto IVORY en Cap Cala Falcó, Mallorca, de Jaime Salvá.RICARD LOPEZ

¿Diría que muchas viviendas amplias fracasan por no haber pensado bien cómo se viven en el día a día?

Sí. Muchas viviendas amplias fallan precisamente porque no se ha pensado con rigor cómo se viven en el día a día. La arquitectura residencial debería partir de hábitos reales: cómo se circula por la casa, cómo se ventila, cómo se garantiza la privacidad, dónde se almacena lo cotidiano o cómo se protege del sol.

Cuando estas cuestiones no se resuelven desde el proyecto, aparecen pequeñas fricciones constantes que terminan afectando al confort. El tamaño, por sí solo, no compensa una mala planificación. El verdadero lujo es que la vivienda facilite la vida y funcione con naturalidad, sin exigir un esfuerzo adicional a quien la habita.

Muchas viviendas grandes fallan precisamente porque no se ha pensado cómo se viven en el día a día

Jaime Salvá, arquitecto

¿Es posible construir lujo gastando menos?

Es posible siempre que el presupuesto se organice con criterio. La clave está en invertir en lo que realmente mejora la calidad de vida: una buena envolvente térmica, carpinterías de calidad, aislamiento acústico, una protección solar eficaz y una iluminación bien diseñada. 

En cambio, se puede ajustar en elementos decorativos o en materiales que no aportan rendimiento técnico ni durabilidad. El lujo no consiste en gastar más, sino en distribuir bien los recursos y priorizar aquello que aporta confort real a largo plazo.

Proyecto IVORY en Cap Cala Falcó, Mallorca, de Jaime Salvá.
Proyecto IVORY en Cap Cala Falcó, Mallorca, de Jaime Salvá.RICARD LOPEZ

¿Dónde cree que merece la pena invertir y dónde, en cambio, suele gastarse dinero que no aporta calidad real de vida?

Merece la pena invertir en todo aquello que impacta de forma directa en el confort diario: un buen aislamiento, estanqueidad, control solar, sistemas silenciosos, ventilación eficaz y detalles bien pensados para el uso cotidiano. Ahí es donde realmente se percibe la calidad. En cambio, a menudo se desperdicia presupuesto en metros que no se utilizan, en tecnología compleja que termina resultando incómoda o en acabados llamativos que no mejoran la experiencia real de la vivienda.

A menudo se desperdicia presupuesto en metros que no se utilizan

Jaime Salvá, arquitecto

En arquitectura, el lujo no tiene que ver con la acumulación ni con la exhibición. Es una base técnica sólida, una proporción adecuada y decisiones coherentes con el lugar y con la forma de vida de quien habita el espacio. Cuando el proyecto está bien resuelto, el confort se vuelve constante y discreto. Y esa continuidad en el bienestar es, en esencia, el verdadero lujo.