Infusión de té verde y tatami en el interior de una masía catalana
Riokan en Puigpinós
Núria Jou y Tessin Sano han inaugurado en Lleida un establecimiento que brinda la oportunidad de vivir la esencia de Japón sin tener que subir a una aeronave.

Ubicado en una construcción de 1131, en Timoneda, comarca del Solsonès. Al no haber ruidos en los alrededores, la calma es perfecta para desconectar.

Aquellas personas que lo han experimentado suelen comentar que hospedarse en un ryokan constituye una vivencia excepcional. No consiste solo en descansar, sino en sentir la minuciosa atención y gentileza japonesa, donde los visitantes pasan a ser invitados reales a los que atender. Alejados de los núcleos urbanos, suelen ser locales de escala pequeña, con un diseño muy sobrio y donde resaltan estancias con superficies de tatami y futones, y tanto las comidas matutinas como las nocturnas se fundamentan en preparaciones clásicas tradicionales. Lo cierto es que parece un trayecto extenso hasta la nación del Sol Naciente. Sin embargo, no siempre es preciso viajar a tal distancia.
Sucede que en Timoneda, en Lleida, hace ya cuatro temporadas, una catalana y un japonés concluyeron que Japón podía experimentarse igualmente aquí. De este modo se originó el ryokan pionero de España. Desde luego, con algunas modificaciones y ajustes.
Resulta que en Timoneda, una catalana y un japonés concluyeron que Japón podía experimentarse también en este lugar

El Hotel Japonès Puigpinós se encuentra envuelto por la naturaleza, zonas boscosas y una quietud que se siente al arribar. No se perciben estruendos ni viviendas cercanas, solo el entorno natural. La edificación es una masía de 1131 que siempre ha estado vinculada a los parientes de Núria Jou. Con su esposo, Tessin Sano, acordaron transformarla en un alojamiento rural de alta exclusividad, de apenas ocho estancias, donde la cultura catalana se combina con armonía.
Respetaron la base arquitectónica inicial, mas los elementos ornamentales son japoneses: gran presencia de madera, roca y los norem, aquellos visillos típicos que dividen ambientes con sutileza. La propuesta es austera, sin ornamentos superfluos, no obstante, está repleta de matices que propician el entorno idóneo para el relax y el retiro.

Cada estancia posee una personalidad única. Se diferencian unas de otras al igual que sus denominaciones: natsu (verano), aki (otoño), haru (primavera), mizu (agua), fuyu (invierno), tsuki (luna), kaze (viento) e ishi (piedra). Ciertas unidades disponen de tatami y futón, mientras que otras ofrecen cama sobre tarima baja, aunque todas mantienen el espíritu nipón. En su interior no falta el té, ni los yukatas (kimonos finos) para desplazarse con comodidad, ni los zooris, las sandalias tradicionales que se emplean al entrar en el hogar, por higiene y también por costumbre. Además, disponen de washlets, esos lavabos con tecnología japonesa que sorprenden a más de uno la primera vez.
Durante la época estival, la alberca al aire libre se transforma en un rincón de paz. El panorama es despejado, prácticamente ilimitado, y el espacio exterior anima a disfrutar del atardecer con calma. Al comenzar la jornada, disponen de un bufet catalán con bollería, frutas, jugos y café, o una opción nipona que incluye nigiris, sopa miso, tamagoyaki, ensalada con aliño gomadare o arroz inari, entre diversas propuestas. Las veladas nocturnas respetan la tradición de Japón: tiempos tranquilos, degustaciones preparadas con ingredientes de cercanía, cosechas propias y proveedores de la región, o incluso una propuesta omakase para asombrarse. Asimismo, ofrecen un sake producido en Tuxen, una bebida singular y de alto nivel, favorecida por la pureza hídrica del entorno.

Además, el alojamiento sugiere diversas dinámicas que se renuevan habitualmente. Escritura nipona, ikebana, alfarería, yoga compartido, masajes… Son vivencias sutiles que perfeccionan la visita y consiguen que, al retirarte, percibas que has recorrido una gran distancia, pese a que realmente permanezcas en Catalunya.