El pasado cinéfilo de Barcelona como plató
Filmoteca
La gala de los premios Goya se celebra este año en la capital catalana, una ciudad con un pasado cinéfilo que se remonta a los tiempos de los mismísimos hermanos Lumière

Jack Nicholson y Maria Schneider en el rodaje de 'El reportero'

Barcelona siempre ha tenido alma de plató cinematográfico. Apenas unos meses después de dar a conocer su invención en París, los Lumière ya habían enviado a su camarógrafo Alexandre Promio a tomar unas históricas vistas del puerto, y distribuían sus películas en un primer cine estable al principio de la Rambla. Quizás no fue tan casual que, por esa misma época, a caballo entre dos siglos, la ciudad diera a luz un Barri Gòtic que tiene más bien poco de medieval y mucho de decorado.
En sus calles de gótico revival, bailaron Maurice Ronet y Anna Karina, la pareja de La vida es magnífica, una película, dirigida por el segundo en 1964, que reivindicaba la ligereza de Vacaciones en Roma, sólo que en Barcelona, y con guiño incluido a Audrey Hepburn: la protagonista deslizaba su mano en la boca de una iguana de piedra del Park Güell como si fuera la Boca de la Verdad. Originalmente titulada Le voleur du Tibidabo, la película de Ronet quizás no sea archiconocida, pero tiene valor de bisagra: una trama de robo de joyas le da un aroma noir que evoca todo ese cine negro que desnudó previamente las calles de la ciudad, mientras que la mujer de Jean-Luc Godard evoca esa nouvelle vague que inspiraría a la llamada Escuela de Barcelona.

El plató conocido como Barri Gòtic surgió cuando la Via Laietana cortó limpiamente en dos lo que había sido Barcelona hasta la caída de las murallas. Esa arteria de aire neoyorquino, con sus altos edificios que tapan lo antiguo, continúa presidida por la imponente comisaría que cobró especial protagonismo en Apartado de correos1001, la película que, en 1950, inauguró la era dorada del noir catalán, que se prolongó hasta clásicos como A tiro limpio, de 1963, célebre por su tiroteo con metralleta en la muy reconocible estación de metro de Lesseps.
Ignacio F. Iquino, productor de la primera, inauguró ese mismo año unos modernísimos estudios en el nº106 de la avenida Paral·lel. Entre ambas, surgieron otras muchas películas de culto como Muerte al amanecer, basada en una novela del misterioso editor Mario Lacruz, o Los atracadores, del mismo Francisco Rovira Beleta que llevaría a los gitanos del Somorrostro a la mismísima gala de los Oscars con la mítica Los Tarantos.

La escuela de Barcelona nació en las calles vacías de 'Fata Morgana'
Lógicamente, ya no queda nada del barrio de chabolas que vio crecer a Carmen Amaya, arrasado para poner un paseo marítimo, pero tampoco de los estudios de Iquino, ni de los de Esplugues City, donde se rodaron tantas películas de vaqueros. Barcelona es un plató, porque, ansiosa de novedad, siempre ha ido cambiando el decorado. Quizás por eso la Escuela de Barcelona nació en las calles vacías de Fata Morgana, donde prácticamente sólo quedaba la belleza de Teresa Gimpera y el enorme anuncio pop que la publicitaba.
O quizás fue porque la rodaron en la zona alta en fin de semana, cuando la burguesía catalana huye a la Costa Brava. Tampoco queda nada del mítico Boccaccio, inmortalizado en Tuset Street, local epicéntrico de la gauche divine que echó el cierre a mediados de los ochenta, cuando Barcelona había mutado a capital del diseño.

De aquella época queda la inmortal Gimpera, que sigue fotografiándonos desde las blancas paredes de la tortillería Flash Flash. La ciudad-Saturno cambia de piel a la que pasa una década. De Barcelona a la Costa Brava, concretamente del mismo aeropuerto del Prat a Tossa de Mar, volaron sucesivamente, con cruciales semanas de diferencia, Ava Gardner y Frank Sinatra. El cantante aterrizó demacrado y muerto de celos. Se había enterado por la prensa de que su novia había sucumbido a los encantos de Mario Cabré, torero, poeta y compañero de reparto. Sinatra salió disparado para Tossa, aunque le dio tiempo a dejar grabado un saludo a Barcelona.

1951
Pandora y el Holandés Herrante
Con ella llegó el escándalo
El paso de Ava Gardner no pudo ser más fugaz, pues aterrizó y voló a Tossa en coche, pero su romance con Mario Cabré ha quedado como una de las más deliciosas comidillas de la ciudad.

1963
Los Tarantos
El flamenco llegó a los Oscar
Francisco Rovira Beleta no se pudo llevar la estatuilla a casa, pero dos iconos como Carmen Amaya y Antonio Gades dejaron muy claro a los señores académicos que nuestro arte es universal.

1975
El reportero
Antonioni y la arquitectura
Una road movie protagonizada por un Jack Nicholson y María Schneider que hacía escala en la Barcelona modernista, donde visitaban la Pedrera y el Palau Güell, cerca de la Rambla.