Paola Carolina, diseñadora de vestidos de novia: “Mi abuela me transmitió el amor por la profesión, ella cosió hasta los 80 años”
Piezas únicas
La diseñadora ha creado un estilo propio, original y atemporal dentro del mercado de los vestidos de novia inspirado en sus orígenes

Paola Carolina en su 'atelier'

Los vestidos de novia no solo existen para lucirse un día concreto, sino que también explican una historia. En un sector marcado por la rapidez y las tendencias efímeras, Paola Carolina crea vestidos que se detienen a escuchar. Piezas que no solo visten cuerpos, sino que sitúan la emoción, el origen y la intención en el centro. En su atelier de alta costura, el objetivo no es crear un objeto, sino dar forma a la idea íntima: aquella que cada novia ha imaginado con el corazón.
La historia de su fundadora, Paola Carolina Vázquez, empieza mucho antes de la marca, en un pequeño pueblo de México, con las manos expertas de su abuela paterna. “Era la modista de La Villita, un pueblecito en el Norte de México junto a Durango. De ella aprendí el oficio, ya que cuidaba de mí de pequeña. He hecho ya dos colecciones inspiradas en mi tierra, denominadas México y Origen, porque para mí es muy importante tener presente mi cultura, mis recuerdos y la memoria de donde vengo. Mi abuela me transmitió el amor por la profesión, ella cosió hasta los 80 años”, explica la diseñadora.

De aquel universo de artesanía, tradición y sensibilidad, Paola ha construido su propio refugio creativo en Barcelona, donde vive desde el 2011. “Aquí estudié vestuario de cine y teatro en IED. En México, me especialicé en Diseño y Marketing de Moda”, manifiesta. Una formación que ya apuntaba hacia lo que acabaría siendo su proyecto vital: “Que quería coser, lo sé desde que era pequeña, pero estar especializada en bodas lo descubrí cuando me casé. Es un momento muy emotivo y los vestidos de novia marcan tu historia. Yo misma me hice el mío”.
La fundación de 'l'atelier'
En el 2017, “después de trabajar en varias tiendas del sector nupcial y en una sastrería de Santa Eulàlia”, decidió dar el paso definitivo: crear Paola Carolina, una firma con identidad propia que si fuera una canción sería Love me tender de Elvis Presley. “Dio nombre a la segunda de mis colecciones y fue un punto de inflexión a mi carrera”, dice. El motor de este proyecto era claro: “Crear mi propia marca con mi estilo propio”.


No fue un camino de rosas. Emprender no es fácil. Empecé totalmente sola y trabajando cada día, pero cuando hay una cosa que te apasiona vale la pena”, asegura. Con el tiempo, el negocio creció y se sumaron nuevas complicidades al viaje. “Conecté mucho con Martina Matencio, que es mi fotógrafa de cabecera y desde entonces siempre me ha acompañado”, explica.
Con el paso del tiempo, también han llegado retos y experiencias especialmente significativas. “Una vez, una novia vino con una idea muy concreta y quería tejidos con los cuales no había trabajado nunca. Fue un proceso largo, pero precioso y el resultado nos gustó mucho en todos”, recuerda. O aquel otro encargo en que “otra clienta era artista y se pintó una parte del vestido y bordamos encima, fue un trabajo en equipo precioso”. También se ha encontrado con qué “lo que más me piden son vestidos transformables que después de la ceremonia puedan cambiar y sean más cómodas”.


Poco a poco, la firma se ha consolidado sin perder la esencia de los inicios. “Mi día a día es una mezcla entre hacer pruebas de nuevos vestidos, patrones y estar constantemente buscando inspiración en pequeños detalles”, comenta. De esta manera ha construido un lenguaje propio basado en vestidos a medida, atemporales, sostenibles y profundamente personal. “Me gusta mucho el contacto directo con las novias, escuchar sus historias y disfruto mucho cuando ha pasado la boda y se acuerdan de mí y ves que has formado parte de su historia”, expresa.
Por eso, cuando una novia entra en su taller, ocurre la prioridad absoluta. “Un vestido de novia es un ritual que requiere un proceso lento. Vienen varias veces con personas de confianza y todo el mundo tiene claro que mientras las novias están en el atelier el tiempo se para”, afirma. Esta manera de entender el oficio lo ha llevado a tomar una decisión clara: “Me he marcado un límite de vestidos al año y de esta manera puedo tener un trato más personalizado con las clientas”. Es precisamente eso lo que quizá hace que una novia escoja su firma: “Hago vestidos KM0 y eso me diferencia de las grandes marcas”.

Colecciones con alma y diseños únicos
Paola Carolina cuenta con varias colecciones, cada una de las cuales “tiene una esencia diferente y la inspiración me viene de muchos lugares”. Sin embargo, todas comparten un mismo hilo conductor: “Las clientas que vienen saben lo que hacemos, que es nuestra marca personal. Si buscan cosas muy diferentes ya no recurren a un tipo de marca como la nuestra”, apunta.
Lejos de preocuparse por la competencia en un sector con una gran oferta, la diseñadora lo tiene claro. “Hay mercado para todo el mundo. La gente se vuelve a casar, la mayoría son bodas civiles, pero los vestidos de novia siempre se mantienen”, comenta. Lo que sí que reivindica es “que se valore la profesión y la dedicación” que hay detrás de cada diseño.

8 años después de fundar su marca, la diseñadora sigue avanzando con la misma ilusión y convicción. “Espero seguir disfrutando de mi trabajo y tener un trato directo y próximo con las novias”, desea. En un mundo que corre, Paola Carolina defiende la lentitud, la artesanía y la escucha como forma de creación. Vestidos que no solo acompañan un día, sino que quedan cosidos a la memoria de quién los lleva.