Protagonistas

Elena Barraquer, una rebelde con causa (y quirófanos)

Solidaridad

Con más de cien misiones humanitarias a sus espaldas, la oftalmóloga defiende una medicina menos espectacular y más esencial, la que devuelve autonomía, dignidad y futuro a quienes no pueden ver 

Elena Barraquer, en el despacho de su consulta en Barcelona: “Me da esperanza el hecho de que la raza humana en general es buena gente”

Elena Barraquer, en el despacho de su consulta en Barcelona: “Me da esperanza el hecho de que la raza humana en general es buena gente”

Bèla Adler

En algunos hospitales, Elena Barraquer mide el éxito de una operacióncuando el paciente logra distinguir más que la luz de la sombra. En esos quirófanos improvisados en África, Asia o Sudamérica, donde la catarata es una condena, mejorar un 10 % la visión puede cambiar la vida entera. Después de más de cien campañas humanitarias, la oftalmóloga especializada en cirugía de catarata y trasplante de córnea ha aprendido que ver mejor supone recuperar autonomía, dignidad y futuro. Frente a una medicina cada vez más tecnificada y exigente, la fundación Elena Barraquer reivindica algo menos vistoso pero más radical: el sentido común como forma de progreso y la atención humana como la herramienta más precisa para luchar dontra la ceguera evitable.

Opera en lugares donde recuperar la vista lo cambia todo. ¿Qué le dicen sus pacientes?

En muchos casos no saben —o no pueden— expresar lo que sienten cuando tienen cataratas avanzadas y una agudeza visual limitada a distinguir la luz de la oscuridad. Mientras en Europa somos cada vez más exigentes —y con razón—, en África la prioridad es poder desplazarse sin ayuda. Operar a un abuelo o a una abuela libera también a los niños, que dejan de hacer de lazarillos y pueden volver al colegio y a la rutina familiar. Recuperar visión significa ganar autonomía: volver a trabajar, alimentar a los suyos. Con apenas un 10% más de visión, allí es posible llevar una vida normal. Aunque la intervención en niños —con cataratas congénitas o traumáticas— es crucial para que pueden leer y aprender

Una medicina de alto impacto...

Más cercana y más humana. Aquí, por suerte, la mayoría de mis pacientes son agradecidos y agradables, pero nos estamos volviendo excesivamente exigentes.

Una mirada a varias generaciones de su familia dedicadas a la medicina. La silla es un diseño de su abuelo Ignacio Barraquer Barraquer
Una mirada a varias generaciones de su familia dedicadas a la medicina. La silla es un diseño de su abuelo Ignacio Barraquer BarraquerBèla Adler

Hoy incluso hay personas que se operan para cambiar el color de los ojos.

Eso es una intervención tremendamente invasiva y peligrosa que puede provocar un glaucoma y dejarte ciego. No entiendo cómo a alguien se le puede ocurrir algo así. La medicina se está deshumanizando, y eso es algo que deberíamos replantearnos.

En un contexto de tanta necesidad, ¿cómo deciden qué es más urgente?

La convocatoria la hace el equipo local. Cuando llegamos, realizamos un segundo screening de los pacientes para comprobar si la catarata es el único problema ocular o, además, hay un desprendimiento de retina. En esos casos, operar no va a mejorar la visión y estaríamos malgastando recursos que podrían beneficiar a otra persona.

¿Cuántas campañas lleva ya?

Personalmente he participado en 109 campañas. La fundación ha hecho 31.600 cirugías, 42.810 consultas de oftalmología y ha entregado más de 20.000 gafas en más de 19 países. Contamos con una red amplia de oftalmólogos, anestesistas e instrumentistas que se han sumado al proyecto.

¿Ayudar engancha?

¿Dónde tiene más sentido estar que en el lugar donde más te necesitan? En esos sitios sabes que, si tú no vas, quizá nadie les ayude en uno, dos o incluso cinco años. Eso engancha. Y no solo por conciencia —aunque en mi caso también—, sino porque hay algo profundamente transformador en devolverle la visión a una persona. No se trata de endiosarse, pero hay que reconocer que produce un subidón emocional enorme.

“Mi despacho en la clínica es muy especial para mí, porque fue de mi abuelo y después de mi padre, que me lo legó”
“Mi despacho en la clínica es muy especial para mí, porque fue de mi abuelo y después de mi padre, que me lo legó”Bèla Adler

A su proyecto se ha sumado centenares de voluntarios...

Hay misiones a las que no voy, para dejar plazas a otros profesionales. Una de las fortalezas de la fundación es que podemos enviar equipos quirúrgicos a cualquier parte, ajustándonos a las necesidades reales. Hemos hecho campañas de 100 pacientes y otras de más de 2.000. Pero para eso es imprescindible que la información que recibimos antes de ir sea realista. Un solo cirujano experimentado puede operar entre 45 y 55 pacientes al día.

¿Cómo se financian las misiones?

Con mucho esfuerzo y, afortunadamente, con una base de donantes bastante sólida. No diría óptima, porque si tuviéramos más recursos podríamos ayudar a más personas, pero sí es una base correcta y muy valiosa. Por eso estamos profundamente agradecidas. Digo “agradecidas” porque, curiosamente, todas las personas que trabajamos en la fundación somos mujeres. A lo largo de los años hemos contado con apoyos muy importantes. Algunos, lamentablemente, ya no están, como Isak Andic, cuya pérdida fue enorme. Pero su legado continúa. También tuvimos el apoyo de Mario Vargas Llosa, siempre que le pedíamos que asistiera o que nos apoyara, respondía.

¿Qué le inquieta ante una campaña?

No soy asustadiza, aunque viajar en coche en ciertos países me inquieta bastante. Pero lo que más nos preocupa es que llegue todo el material y que no haya problemas en la aduana. Si nos retienen las maletas, empezamos bajo mínimos o directamente no podemos operar. Me enfada porque dejamos nuestro trabajo, nuestras familias, soportamos viajes largos e incómodos… y llegar allí para que te pongan trabas resulta desesperante.

En África, la burocracia mantiene a muchos países estancados”

La burocracia...

Es uno de los peores enemigos de la humanidad. En África, la burocracia mantiene a muchos países estancados.

¿África avanza?

África no está mejorando tanto como debería. Hay mejoras puntuales, pero no un progreso global en el nivel económico. Algunos países incluso empeoran: por ejemplo, Níger, que dobla su población cada 20 años y sigue hundiéndose más en la miseria. El problema es que les falta, desde el punto de vista médico, no solo recursos económicos, sino también humanos. La formación médica y la disposición de la gente son grandes, pero la falta de mantenimiento lo lastra todo. Hemos dejado equipos allí y al año ya no funcionan. Para mí, la burocracia y la falta de mantenimiento son los peores enemigos de África, porque la gente es buena, cordial y hospitalaria.

“El mundo es ancho y amplio y ayudar a los demás nos ayuda a nosotros mismos”, asegura Elena Barraquer
“El mundo es ancho y amplio y ayudar a los demás nos ayuda a nosotros mismos”, asegura Elena BarraquerFundación Elena Barraquer

¿Se enfada mucho?

La felicidad me dura todo el día; los enfados, apenas unos segundos. Exploto, suelto lo que tenga que soltar y sigo adelante. Esa explosividad a veces me ha sacado de apuros, sobre todo en África.

¿Qué se dice a sí misma cuando vienen malos momentos?

Intento superarlos o directamente olvidarlos. Tengo facilidad para quedarme con lo bueno y creo en el karma; si alguien hace algo mal, el karma se encargará.

Hemos perdido por completo el sentido común, me gustaría recordar que, si ayudamos a los demás, el mundo será mejor y nuestra propia vida, también”

Elena Barraquer

¿Qué otro tipo de “vista” le gustaría devolvernos?

El sentido común. Lo hemos perdido por completo. Me gustaría recordar que, si ayudamos a los demás, el mundo será mejor y, en consecuencia, nuestra propia vida, también, pero a veces parece que vamos con orejeras, como los caballos, sin querer ver más allá de lo que tenemos justo delante.

¿Alguna experiencia le ha cambiado la forma de ver la vida?

Una cambió una creencia muy arraigada sobre cómo trabajábamos. Yo siempre decía que cuantas más personas operábamos, mejor, y es cierto. Pero en 2017 viajamos al norte de Kenia. Allí llegó un hombre con cataratas muy avanzadas en ambos ojos; no veía nada y llegó borracho. Le operamos un ojo y, al día siguiente, volvió para retirar el parche, otra vez borracho, y le operamos el segundo ojo. Cuando regresó para destapar el segundo ojo, ya sobrio y con visión, nos dijo: “Ahora voy a poder encontrar trabajo”. Aquello me sacudió. Pensé: ¿quién no daría una semana de su vida para devolvérsela a un chico de 32 años?

La fundación Elena Barraquer ha repartido más de 20.000 gafas
La fundación Elena Barraquer ha repartido más de 20.000 gafasFEB

¿Qué pesa más, la excelencia médica o el impacto humano de su trabajo?

Para mí, sin duda, el impacto humano. La excelencia es importante porque te da herramientas, rigor, calidad; mi padre siempre decía que hay que seguir el camino de la superación, y eso lo tengo muy arraigado. Ahora bien, la parte asistencial para mí es mucho más importante. Y no solo en África, también en mi consulta de Barcelona. Creo que la dimensión humana de la medicina es fundamental.

A veces uno se encuentra médicos con poca sensibilidad...

Es verdad. La vocación es clave para aguantar una carrera tan exigente y tantos años de formación. Pero también hay que entender que, en algunos casos, las circunstancias influyen. Puede que alguien estudiara Medicina con vocación y luego no encontrara la especialidad que deseaba, ni el trabajo que esperaba, o ni siquiera la retribución que imaginaba. Son factores que no deberían condicionar la manera de tratar a los pacientes, pero somos humanos y, a veces, influyen.

¿Ha tenido que hacer renuncias personales para dedicarse a su vocación?

La verdad es que no. Cuando regresé a Barcelona desde Italia en el 2002, mis hijos —que ahora tienen 32 y 34 años— ya eran lo bastante mayores como para quedarse con su abuela si yo me iba de expedición. No he tenido que renunciar a nada importante. Además, tengo mucha energía, así que aunque vuelva cansada de los viajes, me recupero rápido.

“Yo nunca pierdo la esperanza. Me da esperanza el hecho de que la raza humana, en general, es buena”
“Yo nunca pierdo la esperanza. Me da esperanza el hecho de que la raza humana, en general, es buena”FEB

¿Cómo se mantiene en forma?

Caminando mucho, sobre todo con Nena, mi perra. Paseamos todos los días. Me gusta caminar por la montaña y el campo; ahí es donde realmente me recargo.

¿Tiene algún objeto o amuleto que le acompañe siempre?

No soy muy apegada a los objetos… salvo a mi iPad, que me acompaña a todas partes y me permite desconectar. Y conservo el tablero de ajedrez de mi abuela, donde aprendí a jugar

¿Con qué pieza se identifica?

Con la reina.

¿Qué música le da marcha?

Soy muy rockera, aunque también me gusta la música clásica y voy al Liceu. En quirófano pongo rock, me da energía. Me encanta el rock sinfónico —Pink Floyd, Supertramp, Emerson, Lake & Palmer, Genesis— y también rock más duro como Rolling Stones o The Who. Mi hijo compone música electrónica hardcore y últimamente se ha enganchado a la cumbia argentina; es divertida para bailar, aunque muy repetitiva para escuchar todo el día.

¿Alguna lectura reciente que le haya gustado especialmente?

Soy muy lectora, pero no fan de un solo autor. Leo de manera bastante ecléctica en inglés, francés, castellano y, a veces, en italiano. Cambio de idioma para que las historias no se me mezclen en la cabeza. Últimamente me ha gustado mucho La vida invisible, de Addie LaRue. Al principio me pareció extraña, pero acabó enganchándome por completo. Ahora estoy leyendo El círculo de mujeres de la doctora Tan, de Lisa See. De la misma autora, La isla de las mujeres del mar me parece fantástica. También me encantó este verano Los perros duros no bailan, de Arturo Pérez-Reverte; me gustan mucho los libros sobre perros. Y soy muy fan de Joël Dicker.

¿Tiene algún rincón especial en África especial?

Lo que más me fascina es el cielo africano; tener ese cielo encima es impresionante.

Mis favoritos

1

Un aroma
El jazmín, fresco y embriagador

2

Un plato
Tortilla de patata, huevos fritos, caviar en todas sus formas, sesos a la romana, cocochas… Me gustan las texturas cremosas

3

Una prenda
Hago un acopio práctico dos veces al año, invierno y verano. No soy compradora compulsiva. Los joggers son cómodos y prácticos

4

Un color
Me encanta el turquesa

5

Un consejo básico de salud visual
Usar gafas de sol. Protegen frente a la luz solar y la luz azul, previniendo alteraciones en la superficie del ojo, aunque no evitan completamente la catarata.

¿Quién le ha dado el mejor consejo?

Probablemente, sin darse cuenta, mi padre. Él siempre decía que había que seguir el camino de la superación, y ese lema lo he intentado aplicar tanto en la clínica como en la fundación. Pero no soy de recibir muchos consejos, la verdad. Una de mis grandes fortalezas es seguir mi intuición. Tomo decisiones por instinto y, aunque las cosas salgan mal, no culpo a nadie ni me lamento demasiado.

¿Qué le hubiera gustado aprender aparte de la medicina?

Me hubiera gustado ser más constante y aprender a tocar el piano. Hice un año de clases cuando tenía 11 o 12 años, pero la hora de piano coincidía con el recreo, y yo prefería jugar con mis amigas.

Si pudiera viajar en el tiempo, ¿iría al pasado o al futuro?

Al futuro. El pasado ya lo conozco, el futuro es lo que aún no se ha escrito. Vivo en el presente, pero si pienso en el futuro próximo, espero que en los próximos años reduzca un poco mi carga asistencial en la clínica para poder dedicar más tiempo a la fundación: divulgación, captación de donantes y otras actividades que permitan ayudar a más gente.

Begoña Corzo Suarez

Begoña Corzo Suarez

Redactora

Ver más artículos
Etiquetas