Protagonistas
Manuel Vilas

Manuel Vilas

“Hola, soy Sissi, ¿te gusta mi palacio?”

La belleza de los días

El hotel Áurea Ana Palace de Budapest era una fiesta. Era una fiesta porque antes fue un palacio neoclásico, un palacio que danzaba al unísono con la gran capital húngara. El Áurea Palace fue testigo del olvidado siglo XIX y del inolvidable siglo XX, y por aquí pasó el nazismo y también el comunismo. Y finalmente he venido yo, a celebrar la belleza del edificio y la entrada en el año 26. Crucé el puente de la Cadenas al anochecer del día 31 de diciembre y vi morir sobre el Danubio al año 25. Hace tiempo que no lograba dormir tan profundamente. Fue esa cama gigantesca de mi habitación, la 323, la que me condujo al sueño de la felicidad y al olvido del tiempo. Apúntala, me dije, para que no la olvide nunca. Es la 323. 

Ah, las escaleras, las enormes escaleras del Áurea Palace. Me desperté una mañana de año nuevo en la cama de mi habitación 323, ese número mágico. Había un orden de belleza radical en mi habitación: ventanales decimonónicos sobre la calle Akademia. No había nadie en la calle. Descendían ángeles de la profundidad del techo, de la profundidad del tiempo. El hotel celebra en sus estancias y en su magnífico comedor la memoria de la emperatriz Isabel de Baviera, la famosa Sissi de las películas. Retratos de Sissi te persiguen dentro del hotel. 

 
 Zelei Péter

En todas las estancias se alza la presencia de la mujer más famosa y más bella del imperio austrohúngaro. Sin embargo, el hotel se llama Ana. Se llama Ana en memoria de la archiduquesa de la casa de los Habsburgo. Dos mujeres dominan este hotel. Dos mujeres te observan en este hotel. Quería que Sissi me hablase. Quería que Sissi volviera a este mundo. En el hotel Áurea Palace de Budapest se produjo el milagro de Año Nuevo. “Hola, soy Sissi, ¿te gusta mi palacio?”.

Este hotel está encantado y los ángeles te hablan. Los ángeles te cuidan. Había churros con sabor a canela en el desayuno de Año Nuevo. Es el año 26, acaba de llegar, y yo estoy en Budapest, en un palacio. Paseo por los pasillos del hotel y me encuentro con duques, archiduquesas, príncipes y emperatrices. “Viste usted de una forma muy extraña”, me dice Francisco José I. “Buenos días, emperador”, saludo. Los pasillos son tan anchos como el Danubio. Y las pinturas de los techos son originales del siglo XIX. Todo el hotel es un pasadizo en el tiempo, que conecta pasado, presente y futuro. Le pido a la emperatriz Sissi que me dé asilo político allí donde reina, en el corazón de la belleza. Ella fue la mujer más hermosa de su tiempo y la más libre. Solo la belleza salva el mundo. Solo ella. Sissi, sálvame. Sissi, que el año 26 sea hermoso, por favor.

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