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Safranbolu, el imperio otomano 'congelado' en azafrán

Mundo insólito

Un viaje sensorial a una ciudad de caravanas, casas otomanas y tradiciones teñidas de naranja 

Safranbolu conserva las casa tradicionales típicas del imperio otomano

Safranbolu conserva las casa tradicionales típicas del imperio otomano

pxhere.com / Dominio público

Cuando en Safranbolu se pide un té o un café, el brebaje viene aromatizado con un perfume muy reconocible y teñido de un notorio color naranja. Es porque le añaden unas hebras de azafrán. El viajero que reciba ese impacto visual y gustativo por primera vez deberá preparar sus sentidos para que los mágicos estigmas de la planta Crocus sativus entren a formar parte de su dieta al menos durante todo el periodo de tiempo que se aloje en la hermosa ciudad Anatolia. La agregan a todas las comidas y bebidas.

Safranbolu (el nombre no admite equívocos, significa “la ciudad del azafrán”) quedó bajo el dominio del imperio otomano en el siglo XIV. Pero ya desde mucho antes había sido un enclave privilegiado de las rutas caravaneras que unían China con el puerto de Estambul. En lo que ahora es la gran metrópolis turca se embarcaban las preciadas especias, sedas, papel, pólvora, lanas y muchas otras joyas comerciales hacia la Europa occidental.

Safranbolu parece haber quedado congelada por el azafrán en esos tiempos. Si se realiza la recomendable ascensión al mirador Hidirlik de la ciudad se obtiene una visión que es muy parecida a la de siete siglos antes: casas tradicionales turcas de teja anaranjada, viviendas de planta cuadrada de poca altura, minaretes de mezquita pinchando el cielo. Apenas unos pocos edificios modernos y unas antenas en el telón de fondo enturbian la magia.

Al bajar al casco histórico, la sensación de haber viajado hacia atrás en el calendario se refuerza. El bazar viejo se mueve al son de la música que marca el repiqueteo de los artesanos del cobre y el latón. Por callejones estrechos y plazas que siempre tienden a medidas modestas se puede uno a sentar a tomar el té perfumado con azafrán y ver cómo todavía hay caballerizas que cargan fardos de lana camino de los talleres de alfombras, cómo se secan algunas telas de seda que han sido teñidas en oscuros obradores.

En la casa museo Kaymakamlar Gezi Evi se tiene la oportunidad de pasear por los crujientes parqués de la vivienda de uno de los comerciantes que se enriqueció en el siglo XIX con las mercancías provenientes de Oriente. Pero, sobre todo, con las hebras del azafrán que se cultivan todavía hoy en los campos –se pueden recorrer– al norte de la ciudad de Safranbolu. Kaymakamlar Gezi Evi está lleno de cómodas estancias calefactadas con braseros, repletas de kilims y alfombras, con comodidades particulares como su propio hammam y estancias anacrónicas como el harén, que nos hablan de hasta cuán recientemente se mantuvieron algunos usos y costumbres en la sociedad otomana.

Para no abandonar la inmersión en el pasado, justo en la plaza central del casco viejo se hallan dos edificios ineludibles. Por un lado, los baños Cinci, donde se vive la experiencia de ser sometido a una paliza… pagando. Es la que proporcionan amorosamente los empleados de los baños turcos, que proponen al cliente un vigoroso fregado de músculos con abundante jabón para luego dejarlo aturdido disfrutando de los mármoles calientes en los que tumbarse a reposar cuanto tiempo desee.

Calles del casco antiguo de Safranbolu
Calles del casco antiguo de SafranboluTurker Minaz/Getty Images

Y, después, para tomar otro fragante té sintiéndose uno de los camelleros que venían de la lejana China, disfrutar del caravasar Cinci, una posada medieval para caravaneros reformada como lugar de ocio. Marcharse de Safranbolu es un ejercicio de voluntad. ¿Quién quiere irse de un lugar donde las pegajosas delicias turcas se aromatizan, además de con agua de rosas, con azafrán?

La región del mar Negro es la predilecta de muchos urbanitas turcos para sus vacaciones, aunque todavía está relativamente por descubrir por la mayoría de extranjeros. 

Cómo llegar

Safranbolu se halla a dos horas y media en automóvil de la capital, Ankara (148 kilómetros), y a cinco de Estambul (312 kilómetros), utilizando las bien preparadas carreteras turcas. El transporte público –autocares– es frecuente y eficiente.