Cadaqués en invierno: un itinerario para conocer el pueblo entre los locales
Escapada
En temporada baja es posible descubrir otra versión de este destino: mañanas lentas y paseos que suelen quedar en segundo plano durante el verano

Cadaqués, en invierno, tiene un atractivo especial
Cadaqués late distinto en invierno. Este pueblo de casi tres mil habitantes es uno de los destinos más atrayentes de la Costa Brava, y su población llega a multiplicarse por diez en la temporada de verano. Por eso, tras la vorágine propia de la temporada alta, su latido vuelve a acompasarse al ritmo de los que siempre están: los locales y el mediterráneo.
Quienes lo visitan probablemente no buscan solo el azul de sus playas. También llegarán aquí para recorrer el centro histórico y sus casitas coquetas, o transitar la parte del camino de ronda que pasa por el pueblo, o visitar la mítica casa-museo de Salvador Dalí. Y en esto nos centraremos: sacando la playa de la ecuación, tenemos el itinerario para tu próxima escapada invernal.
Casa-museo de Dalí

Este es, sin dudas, el sitio más popular de Cadaqués. Salvador Dalí encontró inspiración en el paisaje de este pueblo, y vivió aquí durante 50 años, junto a su mujer Gala. En 1930 compró una pequeña casa de pescadores en Portlligat. Durante las siguientes décadas, fue adquiriendo otras construcciones vecinas y remodelando todo hasta convertirlo en una gran casa-estudio repleta de pasillos. Así la definía él mismo: “Una verdadera estructura biológica […]. A cada nuevo impulso de nuestra vida le correspondía una nueva célula, una cámara»
Una biblioteca, la sala de pintura de Dalí - donde se pueden ver incluso manuscritos con su caligrafía-, un cuarto que usaba para inspirarse, otro que funcionaba como espacio de descanso de Gala, las habitaciones de cada uno y un patio con una fantástica piscina inspirada en los jardines de la Alhambra de Granada.
El artista catalán vivió allí hasta la muerte de su esposa, en 1982. La casa funciona desde 1997 como una casa-museo abierta al público. Pertenece a la Fundació Gala‑Salvador Dalí, que gestiona además otros dos museos relacionados con el artista: el teatre‑museu Dalí en Figueres y el castillo de Púbol.
Durante el verano, las entradas deben reservarse con antelación, ya que suelen agotarse. Por eso, aquí otra de las ventajas de la temporada baja: la disponibilidad de plazas es mayor y normalmente se puede reservar el día anterior. El recorrido por la casa suele durar una hora; primero hay una visita guiada que dura treinta minutos y luego otra parte libre.
El bar del pueblo

Si hubiera que elegir un lugar como síntesis de un pueblo de la Costa Brava podría ser este: el bar del pueblo, ubicado justo a orillas del mediterráneo. Es un sitio atemporal que no pierde su encanto con el cambio de las estaciones; allí se mezclan turistas y locales, solo que la proporción de estos grupos varía de acuerdo a las temporadas.
Este bar cuenta una historia de más de 150 años. Si bien no se sabe con exactitud el año de su fundación, se cree que fue en 1870, bajo el nombre de Sociedad de la Amistad. Se trataba de una organización que fue creada por un grupo de jóvenes trabajadores oriundos de Cadaqués, cuyo fin era ayudar económicamente a sus socios.
El invierno vuelve a regalarle al pueblo sus mañanas lentas, ideales para recorrer las callecitas pintorescas del casco histórico
En invierno, su uso queda casi exclusivamente ligado a los residentes. Por lo que es una posibilidad para inmiscuirse y ser parte del ritmo natural del pueblo, ya sea durante el café de la mañana o en la hora del almuerzo.
Casco histórico
Sin las multitudes ni el bullicio propio de la época más concurrida, el invierno vuelve a regalarle al pueblo sus mañanas lentas, ideales para recorrer las callecitas pintorescas del casco histórico, paseo obligatorio sin importar la época del año. Pero, el plus, al hacerlo en invierno, es encontrar esos rincones prácticamente vacíos, con la única intervención de los locales.

Calles empedradas, casas blancas, ventanales y puertas de colores. El plan ideal es caminar sin rumbo, pero asegúrate de pasar por el carrer d’Es Call, el de Santa Maria y el de Doctor Callís.
Un dato curioso es que, hace siglos, Cadaqués era un pueblo medieval que estaba rodeado por una muralla, de la cual hoy sólo queda un baluarte que está integrado al ayuntamiento. Otro vestigio de esa época es el antiguo pavimento del pueblo, llamado rastell; está hecho a mano con piedras que fueron moldeadas por las olas.

Además, hay un edificio particularmente protagonista en el centro del pueblo: casa Blaua, una construcción modernista de principios del siglo XX, cuya fachada decorada con cerámicos celestes no pasa desapercibida.
Camino de ronda
En la Costa Brava todo parece venerar al mar. Y eso sucede con el camino de ronda: un sendero que sigue el litoral desde Blanes hasta Portbou. Es un camino histórico que se usaba para conectar las playas de los distintos pueblos de la costa; servía para orientar a los marineros hacia el pueblo más cercano si su barca naufragaba.
Hay un tramo de este sendero que atraviesa Cadaqués, y recorrerlo es un plan ideal para hacer bajo el sol de invierno. Atraviesa el parque natural del Cap de Creus, lo que permite tener panorámicas del mar y de la sierra.

La primera parte se recorre atravesando distintas calles hasta Portlligat. En total son 13,4 kilómetros ida y vuelta, y desde el sendero también se puede ver el del faro del cabo de Creus.
La iglesia
La iglesia de Santa María se encuentra en el punto más alto del casco antiguo, por lo que puede verse desde cualquier punto del pueblo. Es un icono de estilo gótico que se aprecia en las típicas fotos de Cadaqués. Esta iglesia suele pasar desapercibida en verano por no estar ubicada sobre la primera línea de playa, pero es un paseo perfecto para hacer en invierno.
A tan solo un par de minutos caminando desde la costa se llega a la iglesia, que data de mediados del siglo XVI. Cuenta la historia que la primera estructura fue destruida en 1543 por piratas que asaltaron el pueblo. Tras aquel hecho, se construyó un nuevo templo gracias a los aportes de los pescadores.
Desde allí se puede tener una panorámica de Cadaqués y en invierno una no tan comúnmente vista: el pueblo pseudovacío, habitado exclusivamente por los que siempre están, los locales y el mediterráneo.

