Viajes

Maravillas de los incas en Perú, más allá de Machu Picchu

Destino

Cuzco y el Valle Sagrado ofrecen tesoros todavía desconocidos por al turismo masivo

El yacimiento de Moray, uno de los más fascinantes y enigmáticos de la cultura inca

El yacimiento de Moray, uno de los más fascinantes y enigmáticos de la cultura inca

Armando Cerra

La monumental ciudad de Cuzco sería el principal destino de un país en casi cualquier rincón del globo. Sin embargo, cuando los viajeros se cruzan por las calles de la vieja capital del imperio inca y entablan conversación no tardan en aparecer estas preguntas: ¿Ya fuiste?, ¿Cuándo vas? Evidentemente se refieren a la visita a Machu Picchu, ya que Cuzco se ha convertido para el turismo de masas en el campo base desde el que alcanzar la enigmática ciudad andina.

Sin embargo, tras aterrizar en Cuzco no hay que apresurarse para contemplar una de las siete maravillas del mundo moderno. De hecho, cualquier cosa es mejor que acelerarse a 3.400 metros de altitud. El soroche o mal de altura aguarda al turista impaciente, así que se recomienda calma para gozar de la ciudad, su entorno y el vecino Valle Sagrado. En definitiva, pasar por aquí unos días de aclimatación e inmersión en los misterios incaicos.

La riqueza arqueológica del departamento de Cuzco es abrumadora
La riqueza arqueológica del departamento de Cuzco es abrumadoraArmando Cerra

Cuzco, o Cusco según los lugareños, es el prolegómeno ideal a una civilización tan brillante que ni el peso de lo colonial la ha opacado. Metáfora de ello es el Coricancha, el gran templo del Sol, tan venerado por el pueblo inca. Este edificio ha llegado muy parcialmente ya que sobre él se alzó un convento dominico en el siglo XVI y por supuesto se expolió su deslumbrante decoración en oro y plata. Pero ni los conquistadores ni los seísmos desmantelaron alguna de las portentosas estancias que acogieron ritos emblemáticos de la cultura inca.

Esa fusión entre lo autóctono y lo colonial se manifiesta en más rincones cuzqueños. También en la angosta calle Hatun Rumiyoc flanqueada en un lateral por un poderoso muro inca que sirve de asiento al palacio del Arzobispo. Ahí aparece la piedra de los 12 ángulos. Una enorme roca de diorita tallada con una docena de esquinas para encajarse con precisión milimétrica en el paredón. Es impactante tal minuciosidad entre tanta dureza, lo cual plasma a la perfección cómo es el arte de esta cultura.

El aspecto ciclópeo de la fortaleza de Sacsayhuamán a base de piedras gigantescas sobrecoge y da que pensar

Por cierto, no muy lejos está el museo de Arte Precolombino, ubicado en una casona colonial que ahora alberga cerámicas, orfebrería y un sinfín de objetos procedentes de la vasta colección del museo Larco de Lima. No hay que dudar en visitar esta exposición porque descubrir la finura de las piezas que exhiben sus vitrinas es clave para poder desvelar más secretos de la civilización incaica.

Esa exploración continúa fuera de Cuzco, si bien en la ciudad se contratan fácilmente las excursiones. Las cuales suelen comenzar muy temprano en la icónica plaza de Armas. En concreto, junto a la fuente del emperador Pachacútec. Es algo así como recibir su bendición antes de aventurarse en un mundo ya perdido, ya que este personaje del siglo XV fue uno de sus grandes artífices y promotor de iconos tan reconocibles como la mítica Machu Picchu.

El Coricancha fue el gran Templo del Sol, el dios Inti de los incas
El Coricancha fue el gran Templo del Sol, el dios Inti de los incasArmando Cerra

Pachacútec también impulsó la construcción de la fortaleza de Sacsayhuamán ubicada junto a Cuzco. Su aspecto ciclópeo a base de piedras gigantescas sobrecoge y da que pensar. ¿Cómo las trasladaron y colocaron aquí? ¡Sin apenas usar la rueda! Hay tantas dudas al respecto, que su presencia colosal da pie a explicaciones de todo tipo, incluidas las que hablan de intervenciones alienígenas.

Sacsayhuamán no es el único yacimiento del extrarradio cuzqueño. También destaca Tambomachay o los “baños del inca” por ser un sitio donde las viejas piedras mantienen un singular diálogo con el agua de fuentes y canales. Al igual que es interesante acercarse al laberinto casi subterráneo de Qenqo para descubrir el culto a la Pachamama, adorada milenaria de los Andes.

Esa veneración a la madre tierra es comprensible al alejarse por fin de la urbe para adentrarse en el Valle Sagrado. Más aún si se alcanza la legendaria laguna Piuray desbordante de belleza al rodearse de montañas sagradas como la de Salkantay, a más de 6.000 metros de altura. Contemplando el panorama es realmente fácil creer en el poder de la Pachamama y en la necesidad de respetarla para que otorgue todo lo necesario.

A escasa distancia de la laguna, se halla Chinchero, que cuenta con restos de palacios incas que fueron el paradisiaco refugio del soberano Tupac Yupanqui. Aunque más allá de vestigios arqueológicos, Chinchero es conocido como el pueblo Arco Iris, porque mantiene vivos los talleres textiles que emplean las técnicas artesanales, colores y formas que estuvieron de moda a finales del siglo XV y comienzos del XVI, en pleno apogeo incaico.

Muro inca en pleno centro de Cuzco que aloja la Piedra de los 12 Ángulos
Muro inca en pleno centro de Cuzco que aloja la Piedra de los 12 ÁngulosArmando Cerra

La ruta por el Valle Sagrado continúa hacia las salinas de Maras. Ya eran explotadas antes de que los incas fueran amos y señores de la región, pero ellos las llevaron a su máximo esplendor. Tanto que no solo usaban esta rica sal rosa para comerciar y conservar, también la introdujeron en sus ceremonias religiosas y hasta la aplicaron para embalsamar a sus momias.

Y a solo unos kilómetros aparece otro lugar sorprendente. Se trata de Moray. En medio del paisaje surgen unas construcciones, o más bien excavaciones circulares y concéntricas que recuerdan a anfiteatros. Pero no tiene nada que ver con eso. En realidad, son laboratorios agrícolas, donde los ingenieros agrónomos de hace 500 años investigaron las condiciones idóneas para diversos cultivos, ya que esos peculiares hoyos les servían para valorar cómo incidía el sol, el viento o la temperatura en el desarrollo de cada planta. Está claro que la actual riqueza agrícola del Perú no es fruto de la casualidad.

Mujeres tejiendo y tiñendo tal y como lo hacían los incas hace 500 años
Mujeres tejiendo y tiñendo tal y como lo hacían los incas hace 500 añosArmando Cerra

Hablando de cultivos, el itinerario por el Valle Sagrado concluye en Ollantaytambo, el primer sitio donde se sembró el choclo, o sea maíz, alimento clave en Perú y en el continente. Ollantaytambo invita a la inmersión inca final, ya que sus habitantes viven donde moraron sus ancestros. Es el pueblo inca viviente. De ahí que sea la última estación de esta enriquecedora aproximación al destino soñado: Machu Picchu. Desde aquí parte el tren que llega a los pies de las fabulosas ruinas. Aunque si hay tiempo, dinero y forma física, lo más inspirador es llegar allí recorriendo durante cuatro días el camino del Inca. Una senda empedrada por los propios incas y que camina sobre los misterios de esta civilización perdida.

Un hotel monumental

JW Marriott El Convento Cusco

Rastrear el pasado de Cuzco va más allá de los yacimientos y viejos templos. Además, es posible alojarse en un hotel levantado sobre restos incas y preincas. Es el JW Marriott El Convento Cusco, cuyo nombre alude a que el solar se transformó en convento agustino en el siglo XVI. Un pedazo de historia cuzqueña al que se hacen visitas guiadas y teatralizadas todas las tardes.
​​No obstante, lo mejor es darse el homenaje de hospedarse en alguna de sus 153 habitaciones, distribuidas alrededor del hermoso claustro conventual. Y es que la restauración del inmueble quiso ser respetuosa con la dilatada historia del edificio para transmitir al mismo tiempo la atmósfera del pasado y los mejores sabores del presente, incluyendo la reputada gastronomía peruana de vanguardia que se sirve en el Qespi Restaurant, ubicado en un lateral del patio y abierto a huéspedes y visitantes.