Utrecht, la ciudad universitaria de cuento que podía enamorarte más que Amsterdam
Escapada
La localidad, situada a menos de medio centenar de kilómetros de la capital de Países Bajos, es una histórica urbe con una destacada vida social

Atardecer en el Oudegracht, el canal Viejo de Utrecht
Disfrutona, artística, universitaria y llena de flores. Así es Utrecht, una pequeña ciudad de los Países Bajos situada a menos de 50 kilómetros al sur de Amsterdam, todavía hoy una gran desconocida, a pesar de que aquí se firmó, en 1713, un acuerdo que afectó mucho a España: el tratado de Utrech, que dibujó nuevas fronteras para Europa y América tras dos siglos de guerras. El tratado se plasma en su emblema en forma de dos espadas cruzadas con sus hojas dobladas hasta formar un corazón, que se luce en banderolas y muros.
Cuenta con algo más de 300.000 vecinos, la cuarta parte de ellos estudiantes universitarios, por lo que sus muelles, canales y calles siempre están en ebullición. Así que es difícil no enamorarse de Utrecht, uno de los centros urbanos más antiguos de los Países Bajos y, durante siglos, su corazón religioso.
Los canales, únicos en el mundo.

La urbe más antigua del país presume de un núcleo medieval compacto que irradia vanguardia, con una brillante cultura de cafés y una abultada agenda de conciertos, entre edificios y mansiones históricas reconvertidas en hoteles boutique. Deliciosa y muy fácil de recorrer, sobre todo en bicicleta -aquí se construyó el primer carril bici de Holanda-, es abierta y le gusta disfrutar de la vida; una vida que gira en torno a sus peculiares canales, catalogados como los más bonitos de Europa por encima incluso de Venecia o Amsterdam.
Construidos con dos niveles, el de abajo, a ras del agua, está lleno de antiguos sótanos de ladrillo visto usados en el pasado como almacenes de grano y bodegas. Hoy, aglutinan cafés con terraza, preciosos restaurantes desde los que casi tocas el agua, coquetas tiendas e incluso viviendas. Y, en la altura superior, a pie de calle, también encontramos terrazas, asomadas a los canales, en las que a los utrechtenses les encanta tomar una cerveza o un café.

Los canales pueden navegarse a gusto del consumidor. Aquí no predominan las grandes barcazas como en Amsterdam. El canal Viejo -el Oudegracht-, el más grande, de dos kilómetros, se construyó en el siglo XII, y es toda una obra de ingeniería medieval que servía para drenar el agua del centro de la ciudad. Lo más recomendable es recorrerlos en kayak, en lanchas a pedales, en góndolas o en pequeños cruceros, ya que una de las mejores formas de ver la ciudad es desde el agua.
Referente arquitectónico y patrimonial
Utrecht fue una importante fortaleza romana y, posteriormente, un gran centro medieval productor de lana y exportador de ganado vacuno. Y eso ha dejado huella.
Visible desde toda la ciudad, en la plaza Domplein, luce la torre Dom, que, tras un huracán, quedó separada por una calle del ábside y del claustro de la catedral. Y las mejores vistas están en lo más alto, donde permanecen 13 campanas que pesan 8.000 kilos cada una y que suenan todas las horas. El único inconveniente a la hora de coronarla son sus 465 escalones.
Otro gran tesoro deUtrecht es la catedral de San Martín, fundada en el siglo VII, y modificada desde entonces hasta el estilo gótico actual. Tiene unas magníficas puertas de bronce decoradas con textos del evangelio y unos monumentos funerarios muy llamativos. Su claustro es muy visitado y en él los ciudadanos pasean o se sientan a leer un libro.

En el casco antiguo también encontramos el Ayuntamiento, remodelado por el arquitecto catalán Enric Miralles, y la Paushuize, la preciosa casa del Papa Adriano VI. A poca distancia, se alzan dos edificios magníficos: un antiguo templo metodista, que hoy es la sede del Instituto Cervantes -muy valorado por los holandeses-, y, casi enfrente, una “iglesia escondida”, San Willibrord. Antes llamaban así a las iglesias católicas que no se podían ver desde la calle porque su culto estaba prohibido por el oficialismo protestante. Y este templo oculto, neogótico y pintado de colorines, es el más coqueto y vistoso de Utrecht.
Un imprescindible al visitar la ciudad es el Centraal Museum, que alberga obras de arte desde la edad media hasta el siglo XX, con una selección de pintores de Utrecht. Lo mejor es la impresionante colección de muebles diseñados por Gerrit Rietveld, uno de los adalides del movimiento. Otro plato fuerte del centro es su colección permanente de pintura antigua, moda, arte moderno y diseño.

Una ciudad universitaria y disfrutona
La Universidad de Utrecht es la más grande de los Países Bajos y una de las más prestigiosas de Europa. Por ella han pasado Descartes, y también varios premios Nobel, desde su fundación en 1636. Aunque parte del campus se trasladó al barrio De Uithof -el centro todavía conserva algunos edificios-, el espíritu de descubrimiento, de aprendizaje, y de ocio, impregna la ciudad.
Quizá por ello han surgido espacios creativos donde diseñadores, arquitectos, cocineros, artistas, fotógrafos o joyeros exponen sus trabajos en lo que eran antiguas fábricas. También hay bodegas donde se escucha música, pubs, y un sinfín de cafés que por la tarde sirven cervezas artesanales. No en vano, en este sentido, gastrónomos y noctámbulos sitúan a Utrecht en su top ten de ciudades europeas.
Un toque vanguardista sorprendente

En una ciudad medieval con el encanto de lo auténtico, surgió el movimiento De Stijl-el estilo-, una vanguardista tendencia artística que cambió la historia del arte, del interiorismo e incluso de la moda. Y de ella nació la casa Schröder, que el arquitecto Rietveld construyó en 1924, y que la Unesco la ha incluido en su lista de patrimonio de la humanidad. Es el icono de una casa funcional, por lo que la visitan todos los estudiantes de arquitectura del mundo. También son destacables el macizo edificio de Correos, de 1924, y el Ayuntamiento.
El paraíso de las flores donde reina el tulipán
Utrecht es el paraíso no solo de los tulipanes, si no de todas las flores que uno se pueda imaginar. Se encuentran en cualquier puesto callejero y son muy asequibles.
Pero la mejor recomendación es recorrer el mercado al aire libre de flores de Janskerkhof los sábados, con más de dos siglos de historia. Se encuentra cerca de la iglesia de Jan y presidido por una estatua de Ana Frank. El mercado es un paraíso terrenal de flores, donde comprar todo tipo de ramos y, desde luego, bulbos para plantar en casa a la vuelta. Además de flores, también se pueden adquirir productos locales únicos, como artesanías y delicias tradicionales holandesas.
Y más que recomendable es hacer shopping por Lapjesmarkt, el mercado textil que, activo ininterrumpidamente desde 1597, es toda una experiencia. Cada sábado, en la calle Breedstraat se pueden encontrar las telas y todo tipo de ropa, desde las ocho de la mañana a la una del mediodía.
Trajectum Lumen

Utrecht no para, y por la noche la actividad continúa con el Trajectum Lumen, una ruta a pie por enclaves del centro transformados en obras artísticas gracias a minuciosos juegos de luces. El recorrido empieza en la sala de conciertos Tivoli Vredenburg y acaba en Mariaplaats. Y, entre medias, pasa por la plaza de la Catedral, el túnel de Ganzenmarkt, el Ayuntamiento, y un buen puñado de puentes, iglesias y canales.
La recomedación
Un agradable paseo en bicicleta nos lleva bordeando las orillas del río Vecht al castillo de Zuylen, a siete kilómetros de Utrecht. Es una visita curiosa que nos servirá de primicia de lo que Gerrit Rietveld, integrante también del movimiento De Stijl, diseñó para la noble familia del castillo. Es un importante monumento cultural que permite experimentar la vida aristocrática neerlandesa y la historia del río Vecht. El castillo alberga un sinfín de objetos antiguos, muebles, una gran biblioteca y porcelana china. Algunos cuadros y libros recuerdan que aquí nació, en 1740, Belle de Charrière, una de las precursoras del feminismo.
Dónde dormir
Gran Hotel Karel V. En pleno centro, ocupa un antiguo monasterio del siglo XIV rodeado de jardines. Cada habitación cuenta una historia.
Mother Goose. Hotel boutique situado en el bullicioso Ganzenmarkt, en pleno centro histórico. Está rodeado de restaurantes, cafeterías y tiendas, y casi pegado al canal Vecht y a la torre Dom.
Eye Hotel. Ubicado en una zona tranquila del centro. Este hotel boutique ocupa un antiguo hospital oftalmológico. Dispone de habitaciones familiares.
Dónde comer
La cocina de Utrecht se basa en el producto local de temporada y tiene una materia prima humilde pero excelente. Sus lácteos con los quesos artesanos a la cabeza, sus mantequillas y sus cremas son riquísimas, así como sus carnes de ternera, cerdo y aves de granja, muy presentes en guisos. Y como no, los pescados del mar del Norte, con el arenque a la cabeza. El haring, arenque crudo, es el bocado más icónico. Se sirve ligeramente curado, muy fresco, con cebolla picada y pepinillo, y nada mejor que tomarlo en un puesto callejero como hacen los locales. Las bitterballen, por su parte, son pequeñas croquetas de ragú de carne, doradas y crujientes, que definen el abierto carácter neerlandés.
RESTAURANTES:
Water Tower Urban Kitchen. Ubicado en una antigua torre de agua y con unas vistas panorámicas de la ciudad, ofrece platos que combinan lo clásico con toques modernos. Sobresalen el salmón y los mejillones ahumados.
The Seafood Bar. Es un negocio familiar muy valorado por los habitantes de Utrecht que sirve mariscos y pescados frescos. La sopa de langosta y los postres son especialmente destacables.
Sarban. De comida afgana, sus platos son muy ricos en especias, texturas y colores. Tiene un ambiente muy animado y es ideal para cenar tras pasear por el centro histórico.