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Hidalgo, el México más auténtico y desconocido

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Charrería, haciendas coloniales, montañas para escalar y tradiciones como los Cornudos o el Xantolo hacen de este estado un lugar único donde todavía poder disfrutar de un sitio sin estar contaminado por el turismo

La charrería, hoy declarada bien inmaterial por la Unesco, nació en las haciendas

La charrería, hoy declarada bien inmaterial por la Unesco, nació en las haciendas

Oficina de turismo de Hidalgo

Más allá de los iconos turísticos y a menos de cien kilómetros de la frenética Ciudad de México, existe un Méxic o que nada tiene que ver con el que tenemos en nuestro imaginario: aire frío, neblina y bosque son las tres primeras cosas que llaman la atención a todo el que se adentra en el estado de Hidalgo.

Situado al norte del Estado de México, alterna montañas que rebasan los 2.200 metros con valles de transición que conforman la ruta natural hacia la Huasteca. Viajar por Hidalgo es pasar del verde denso de los bosques al semidesierto, de la piedra volcánica al adobe, del rumor de los pinos a los zapateados de los Cuernudos de Calnali (los grandes protagonistas del carnaval) o a la música del huapango.

A menos  100km de la frenética Ciudad de México, existe un país que nada tiene que ver con el que tenemos en nuestro imaginario

El viaje puede comenzar por el llamado Corredor de la Montaña en el que se alojan tres pueblos que se quedarán grabados en el corazón por su autenticidad, sus paisajes y su cultura. Fue precisamente Huasca de Ocampo la primera localidad reconocida como el primer Pueblo Mágico en 2001. Esta distinción no es un simple sello, sino una apuesta por preservar el patrimonio y promover un turismo donde los beneficios se quedan en la comunidad.  Prueba de ello es que las grandes cadenas hoteleras todavía no han hecho su aparición, ni se las espera, y abundan los hospedajes en edificios coloniales, como la Hacienda de San Miguel Regla o la Casa Azul.

Si hablamos de naturaleza, en las inmediaciones de Huasca se encuentran los Prismas Basálticos, todo un fenómeno geológico del que solo hay dos en el mundo (el otro se encuentra en Irlanda del Norte). Se trata de columnas de roca volcánica, en su mayoría hexagonales, que se levantan arquitectónicamente al lado del río y forman un barranco de líneas casi perfectas. La repetición de las formas, la humedad que se acumula sobre las piedras y el sonido del agua cayendo, convierte este paisaje en algo hipnótico, sobre todo si se disfruta de la vista desde el puente colgante que atraviesa el río o, por lo contrario, desde abajo, sentado en el césped que se extiende frente a los prismas.

Los Prismas Basálticos de Huasca son todo un fenómeno de la naturaleza a nivel geológico
Los Prismas Basálticos de Huasca son todo un fenómeno de la naturaleza a nivel geológicoOficina de turismo de Hidalgo

Si la naturaleza es uno de los grandes atractivos del estado, Mineral del Chico funciona como la puerta de entrada a los deportes de aventura. En el siglo XIX, los ingleses que llegaron para explotar las minas, trajeron también caminatas y escalada. Hoy, el parque nacional El Chico mantiene esa vocación: senderos entre oyameles, encinos y pinos, miradores donde la niebla entra y sale sin avisar, y puentes colgantes que atraviesan el bosque y que se iluminan al atardecer, dotan al paseo de una sensación fantasmagórica. Pero para los que buscan emociones fuertes, nada como la vía ferrata de más de 200 metros de altura que ofrece, además de mucha adrenalina con el salto estilo Tarzán como uno de los grandes atractivos, unas vistas panorámicas del parque nacional inolvidables.

En Real del Monte hay que ir bajo tierra, en concreto a la Mina La Dificultad, hoy convertida en Centro de Interpretación y Museo, para entender todo lo que supuso la minería en este pueblo en concreto y en el estado de Hidalgo en general. Aquí, la minería no es un relato remoto: es identidad. Tanto es así que la llegada de los ingleses para trabajar en los yacimientos trajo mucho más que mano de obra, empezando por el fútbol que los mineros comenzaron a jugar los días de descanso, o los pastes (del inglés pastry), unas empanadillas rellenas de patata y carne que hoy en día se han convertido en el tentempié hidalguense por excelencia, de esta manera Real del Monte cuenta con el Museo del Paste. La huella británica también se deja ver en el panteón inglés.

Desde la montaña, el itinerario puede descender hacia el valle del Mezquital, siendo Actopan de parada obligada para poder disfrutar del  ex convento de San Nicolás de Tolentino, una obra monumental de arte virreinal y pintura mural que el viajero no puede perderse. Igual que tampoco puede dejar de probar la famosa barbacoa elaborada bajo tierra desde tiempos prehispánicos, o el Ximbó, cocinado también de forma subterránea y que gracias a él, Actopan ha conseguido el título Pueblo con Sabor.

Siguiendo hacia la Huasteca hidalguense, el pueblo de Atlapexco suena a música, en concreto al huapango. Mucho más que un género musical es un modo de narrar la vida, de que la historia perviva en la memoria. Omegar Salazar es el máximo representante. Hace apenas seis meses se inauguró la Casa del Poeta Omega Salazar, en lo que fue su residencia y donde su familia convive, hoy en día, con un espacio cultural que nace con el fin de preservar y difundir el legado del hidalguense. Si hablamos de legados no podemos olvidar el Xantolo: la particular manera que tienen de celebrar el día de Muertos en Atlapexco, donde la gente, ataviada con máscaras y ropas humildes, baila durante la noche para celebrar la vida.

Cuernudos de Calnali hacen su aparición durante el carnaval.
Cuernudos de Calnali hacen su aparición durante el carnaval.Oficina de turismo de Hidalgo

La ruta termina en Huichapan, otro de los Pueblos Mágicos del estado, famoso por ser la cuna de la independencia. Fue desde el balcón conocido como Chapitel donde tuvo lugar el famoso grito de la Independencia. Pero además de esa referencia histórica, este pueblo cuenta con un conjunto religioso que data de los siglos XVI al XVIII, compuesto por la capilla de la Virgen de Guadalupe, la capilla de la Tercera Orden y la parroquia de San Mateo. Y si hablamos de tradiciones no nos podemos olvidar de la charrería: nacida en las haciendas, hoy es patrimonio cultural inmaterial  y todo un símbolo de identidad nacional.

En un momento en el que cada vez los destinos se parecen más debido a la gentrificación, Hidalgo juega en otra liga. En aquella en la que triunfa el ser reconocible, tener una voz propia y no dejarse influir por lo que pasa en el resto del mundo. Y sí, todavía se puede pasear por las calles empedradas de alguno de estos pueblos sin tener que luchar contra las masas. 

¿Hay mayor placer cuando viajas hoy en día que sentir que estás descubriendo un paraíso sin explotar? Para nosotros, no.