Viajes

2026, el año para viajar con propósito

Serendipias

En su archiconocido ensayo sobre los libros El infinito en un junco, Irene Vallejo nos habla de la necesidad milenaria de crear listas, desde el catálogo de Calímaco hasta las mejores películas de la historia. Según la autora, las enumeraciones nos ayudan a encontrar en el orden el ansiolítico para neutralizar la expansión del caos.

Y precisamente en estos días, proliferan cientos de estas listas: los 10 destinos que no puedes perderte el próximo año, manifestaciones o, claro, la lista de propósitos para el 2026.

Y precisamente en estos días, proliferan cientos de estas listas: los 10 destinos que no puedes perderte el próximo año

En mi caso, podría escribir en una hoja “no fumar”, “no beber alcohol”, “regar mejor mis plantas” o “apuntarme a talleres de cerámica”. Pero al llegar a los deseos viajeros, algo se ha perdido entre los números para recordarme posibles, incluso futuras, coordenadas.

Un primer propósito sería tratar de habitar mejor el mundo: aprender a navegar por islas remotas basándome tan solo en la sensibilidad de las olas, como hacían los antiguos polinesios; o dibujar astros celestes en mitad de la selva. Saber hacia dónde ir en función de la brisa o las luciérnagas. Quitarme el vestido hasta que el cuerpo sea mapa.

Munduk, un paraíso en Bali
Munduk, un paraíso en BaliAP

Dicen que el mundo vuelve a “reencantarse” como forma de encontrar sentido en medio del ruido hipertecnológico. A abrazar los códigos ancestrales entre hombre y naturaleza para sumergirse en sueños dignos de un cuadro de Rousseau.

Pero antes de llegar a esa mágica -incluso utópica- forma de moverse, quizás sea necesario empezar a viajar con propósito. 

En la pared tengo colgada la foto de una playa de la isla de Nusa Penida, en Bali, donde la construcción de un enorme ascensor ha sido paralizada por el gobierno de Indonesia en las últimas semanas. Podría anotar el segundo propósito de hacer más fotos de lugares contaminados, tristes, llenos de sargazo o basura, huyendo de la foto perfecta que condena tantos destinos a través de las redes sociales.

Ya lo dice La Cierva Verde en su newsletter al recordarnos la expresión colombiana “volverse paisaje”, o cómo todos esos agentes y conductas nocivas que afectan al entorno, de tanto verlos sin actuar, se integran para siempre en el paisaje. El de fuera y el de dentro.

Ver más el cielo, apreciar lo cotidiano, escuchar el relato ajeno, abrigar a un árbol con un sarong, como hacen en Munduk

Quizás buscar nuevos azules como tercer propósito, en los lagos de Chile o los pueblos de Sicilia. En la puerta de un taller alfarero que ya nadie mira. Quedarme más tiempo entre dos puntos sin necesidad de hacer tantas cosas. Escribirte postales desde Okinawa o Guatemala en lugar de enviarnos emojis rápidos. Hasta que nos alcancemos.

La lista, entonces, se desborda sobre el papel: viajar con mi padre a Atenas y otros lugares que anota en una libreta de deseos. Ver más el cielo, apreciar lo cotidiano, escuchar el relato ajeno, abrigar a un árbol con un sarong, como hacen en Munduk. Que los propósitos apunten a lo comunitario.

Con suerte, también dormir contigo junto al mar cuando recibas esa postal. Habitarnos tú, yo y el mundo.

Y eso sí neutraliza la expansión de cualquier caos. 

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