José Carlos Ruiz, arquitecto murciano: “En Murcia tenemos complejo de inferioridad; no existe otra ciudad en España con más de 10 iglesias barrocas como las nuestras”
Joyas arquitectónicas
“En Murcia no hay nada”, se suele decir. El arquitecto José Carlos Ruiz utiliza sus redes sociales para demostrar, precisamente, todo lo contrario

El arquitecto José Carlos Ruiz Castejón de @edificioscatalogados conversa con Guyana Guardian.

“Para mí, divulgar el patrimonio murciano es una pasión que vivo casi como una afición: lo hago porque me apetece y porque lo disfruto”, afirma el arquitecto y divulgador José Carlos Ruiz Castejón para Guyana Guardian. Bajo el nombre de “Edificios Catalogados” en redes sociales, el murciano acerca con orgullo el patrimonio de su región a todo tipo de públicos. “Me conformo con que los murcianos sepan que, pese a nuestro pasado más destructivo, aún conservamos un patrimonio valioso”, señala el arquitecto. Desde luego, nadie se atrevería a decir que “en Murcia no hay nada” después de ver sus videos.
Amante de la historia, del arte y de su tierra, este arquitecto entiende la divulgación como una herramienta poderosa para conservar. “Crecí en los años 90 y cada curso recibíamos en el colegio charlas sobre la sequía y la importancia de ahorrar agua. Hoy, mi generación está profundamente concienciada con su uso responsable”, recuerda. A partir de esa experiencia, plantea trasladar ese mismo modelo educativo a la protección del patrimonio. Es decir, inculcar desde la infancia el respeto por nuestra herencia cultural y nuestras tradiciones, y entender que el patrimonio no se limita a los edificios, sino que también abarca el entorno natural y el paisaje.

Conversamos con José Carlos Ruiz (@edificioscatalogados) sobre el papel del arquitecto en el siglo XXI y el poder de la divulgación como herramienta para conservar. Defensor de que “lo que no se conoce no se puede proteger”, Ruiz desmonta tópicos y reivindica un patrimonio que va mucho más allá de la Catedral.
Me conformo con que los murcianos sepan que aún conservamos un patrimonio valioso
¿Cree que el arquitecto del siglo XXI tiene también la responsabilidad de divulgar el conocimiento arquitectónico? ¿Cómo se impacta más en la gente?
Por supuesto. La divulgación, sea del tipo que sea, tiene la capacidad de abrir mentes porque es amena y entretenida, de tal manera que llega a un gran número de personas de forma fácil y ágil. Mostrar el interés que tienen determinados elementos arquitectónicos es, al mismo tiempo, reconocer nuestra historia e identidad como pueblo. Más allá de su carácter material o artístico, la arquitectura habla de nuestro pasado, de nuestra historia y de nuestra manera de habitar y utilizar la ciudad. Si la arquitectura no se divulga, no se conoce; y lo que no se conoce, no se puede valorar ni proteger.
Si la arquitectura no se divulga, no se conoce; y lo que no se conoce, no se puede valorar ni proteger
¿Por qué cree que la arquitectura murciana sigue siendo tan desconocida fuera —y a veces dentro— de la propia región?
Creo que los murcianos arrastramos cierto complejo de inferioridad respecto a otros lugares de España. Si nosotros mismos no terminamos de valorar nuestra arquitectura, ¿cómo van a hacerlo los demás? Nuestro pasado más reciente fue profundamente destructivo con el patrimonio edificado y borró del mapa una parte importante de nuestros ejemplos más representativos. Aun así, sigue existiendo un patrimonio rico y valioso que debemos reivindicar.
No existe otra ciudad en España con una colección de templos de estilo plenamente barroco como la nuestra. El siglo XVIII fue especialmente próspero en Murcia, y eso se traduce en más de diez iglesias de primer nivel. San Miguel, Santa Ana, Santa Clara, entre otras, nos sitúan en lo más alto del Barroco español. Sin embargo, dudo que muchos murcianos conozcan este dato y, con toda seguridad, también lo desconocen muchos españoles.

Cuando hablamos de conservar, solemos pensar en grandes edificios históricos. ¿Qué pasa con la arquitectura cotidiana, la que no está catalogada, pero define barrios y formas de vida?
En la práctica, la Administración solo puede proteger los edificios catalogados en el Plan General o amparados por la ley regional de Patrimonio Cultural, por lo que la supervivencia de las pequeñas arquitecturas depende de su inclusión en esos listados. Sin embargo, la educación y la divulgación son clave: si los propietarios comprenden su valor, entenderán la necesidad de conservarlas incluso sin protección normativa.
Las macetas que un vecino cuelga en su balcón, que una comunidad de propietarios acuerde unificar el color de los toldos o rehabilitar una antigua casa en la Huerta respetando su volumen original también construyen ciudad. Estos gestos trascienden la normativa y demuestran que la divulgación puede mejorar la arquitectura y la ciudad desde lo cotidiano.
¿Cuántos edificios se han perdido en Murcia no por falta de valor, sino por falta de relato sobre ese valor?
Tengo la sensación de que la principal causa de la desfiguración urbana de Murcia fue el afán desarrollista iniciado en los años 50 del siglo XX con la apertura de la Gran Vía. Aquella intervención supuso un profundo corte en el trazado urbano de origen islámico y marcó el comienzo de una dinámica que se prolongó durante décadas, con momentos especialmente críticos en los años 70 y 80.
El carácter emprendedor de los levantinos interpretó de forma equivocada ese supuesto “desarrollo”, que nunca debió ser incompatible con la protección del vasto patrimonio que poseíamos. En lugar de integrarlo, se consideró un obstáculo y se fue eliminando de manera sistemática, sin la sensibilidad necesaria hacia su valor histórico y cultural.
Hay quien piensa que conservar es impedir cualquier cambio. Para usted, ¿qué significa realmente conservar un edificio?
Nada más lejos de la realidad. Conservar un edificio no significa congelarlo en el tiempo, sino identificar qué valores lo hacen relevante y justifican su protección. De forma general, existen tres grados de protección. El primero es la protección integral o de grado 1, reservada a edificaciones de máximo valor, como la Catedral, el Real Casino o el Palacio Episcopal. Incluso en estos casos se permiten pequeñas adaptaciones siempre que no afecten a sus valores esenciales.
Conservar un edificio no significa congelarlo en el tiempo
El segundo nivel es la protección estructural o de grado 2, que admite intervenciones más significativas, siempre que se respeten la envolvente —volumen, fachada y cubiertas— y la estructura general del edificio. Por último, la protección parcial o de grado 3 se centra principalmente en preservar la fachada y la envolvente exterior, al considerarse que el interior no posee un valor patrimonial tan relevante.

Si tuviera que enseñar a alguien a “mirar” la arquitectura de Murcia por primera vez, ¿por dónde empezarías?
Para comprender Murcia es fundamental conocer el origen de la Huerta. La ciudad no existiría sin la Contraparada y las acequias mayores —Aljufía y Alquibla—, que articulan el sistema de regadío, ni sin la red de azarbes que permitió desecar y habitar el valle. Esta gran obra de ingeniería, impulsada por los musulmanes desde el siglo IX, marca el origen islámico de Murcia.
La segunda etapa clave es el siglo XVIII, cuando la ciudad vivió una revolución económica y demográfica que dejó una profunda huella barroca: el imafronte y la torre de la Catedral, el Palacio Episcopal, numerosas iglesias, el Puente Viejo o la canalización del Segura son fruto de ese momento de esplendor.
Para comprender Murcia es fundamental conocer el origen de la Huerta
Más allá de los edificios más conocidos, Murcia está llena de pequeñas joyas arquitectónicas que pasan completamente desapercibidas. ¿Cuáles le parecen más injustamente olvidadas?
Si hablamos de elementos injustamente olvidados, no señalaría un edificio concreto, sino un conjunto paisajístico completo: la Huerta de Murcia. Aún no somos plenamente conscientes de su enorme potencial paisajístico, medioambiental y cultural. Es un paisaje único en España, comparable en relevancia histórica únicamente con la Huerta de Valencia. Sin la huerta que la rodea, la ciudad de Murcia simplemente no existiría.
Sin la huerta que la rodea, la ciudad de Murcia simplemente no existiría
En ella conviven modos de vida y actividades económicas en vías de desaparición, un riquísimo folclore, el origen de nuestra gastronomía, ejemplos de arquitectura tradicional y una red de regadío que sigue en funcionamiento tras más de doce siglos de historia. La Huerta debería ser el eje de los esfuerzos de conservación patrimonial: es nuestra esencia, nuestra historia y también una oportunidad de futuro.

Si tuviera que hacer una ruta rápida por tres joyas de la arquitectura de Murcia, ¿cuáles serían y por qué merece la pena detenerse en ellas?
¡Qué difícil elegir! Pero si un visitante llega a Murcia y solo tiene un día, no debería marcharse sin conocer, en primer lugar, la Catedral de Santa María, el conjunto histórico-artístico más importante de la ciudad. Su imafronte barroco, la torre campanario o capillas como las de los Vélez y Junterón son auténticas joyas.
En segundo lugar, por su singularidad, recomendaría el monasterio y museo de Santa Clara, que para mí es el verdadero “libro de Historia” de Murcia. En un mismo recorrido se pueden contemplar los restos del Alcázar Menor junto a la colección de arte sacro de las monjas clarisas. Por último, es imprescindible entrar en el Real Casino de Murcia, probablemente el mejor ejemplo en España de arquitectura concebida como club social de las élites burguesas de los siglos XIX y XX.
