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El rascacielos de Norman Foster más criticado por los arquitectos: “Derribar un edificio para levantar otro más alto nos genera rechazo”

Arquitectos opinan

La demolición del antiguo rascacielos para levantar la nueva sede de JPMorgan Chase sitúa a Norman Foster en el centro del debate arquitectónico y ambiental

270 Park Avenue es la nueva sede de JPMorgan Chase.

270 Park Avenue es la nueva sede de JPMorgan Chase.

Nigel Young / Foster + Partners

La nueva sede de JPMorgan Chase ya se posiciona con fuerza en el skyline de Nueva York. El rascacielos, de 60 plantas y diseñado por Foster + Partners, aspira a inscribirse en la historia arquitectónica de la ciudad. Frente a otros proyectos recientes —como las estilizadas torres de Central Park, conocidas como los “lápices” por su silueta fina y afilada—, este edificio busca una identidad propia.

Aun así, no todo han sido elogios para la obra de Foster. El edificio ha generado controversia desde sus primeras fases. Para levantar la nueva torre fue necesario demoler el Union Carbide Building, un rascacielos de 52 plantas y 215 metros de altura inaugurado en 1960 y considerado uno de los ejemplos más refinados del modernismo corporativo de posguerra en Park Avenue. La demolición supuso la pérdida de una gran cantidad de energía incorporada que ya estaba amortizada tras décadas de uso y una rehabilitación reciente.

El antiguo edificio Union Carbide Building antes de su demolición.
El antiguo edificio Union Carbide Building antes de su demolición.Henson Architecture

“Derribar un rascacielos completo para levantar otro el doble de alto es, en términos ambientales, una operación de enorme impacto, y es lógico que genere rechazo”, señala el arquitecto Xavier Rodríguez Hurtado, del estudio JLBD 2005 Arquitectura, para Guyana Guardian. Sin embargo, reducir el debate únicamente a este impacto inicial simplificaría una cuestión más compleja.

El antiguo edificio no era una ruina ni presentaba problemas estructurales inviables; era un edificio funcional, con cierto valor histórico dentro del modernismo corporativo, y además había sido renovado recientemente. Según Rodríguez, su demolición no respondió a una necesidad técnica urgente, sino más bien a una decisión estratégica.

La demolición no fue una necesidad técnica, sino una decisión estratégica

Xavier Rodríguez Hurtado, arquitecto

Ahora bien, para entender la operación —matiza— es imprescindible situarla en su contexto urbano. En 2017, el Ayuntamiento de Nueva York aprobó una rezonificación del East Midtown, el área donde se ubica el edificio y uno de los ejes clave de Park Avenue. El objetivo era actualizar un parque inmobiliario envejecido —con torres que superaban en muchos casos los 75 años— y reforzar la competitividad global de la ciudad. El nuevo marco normativo ofrecía mayor edificabilidad a cambio de inversiones y mejoras públicas, incentivando así la renovación del distrito financiero.

“En este sentido, el 270 Park Avenue no debería interpretarse únicamente como un gesto corporativo aislado, sino como uno de los primeros ejemplos de esa nueva política urbana deliberada”, declara el arquitecto. Más que un simple capricho empresarial, representa la materialización de un cambio normativo que buscaba reposicionar a Nueva York en el escenario internacional.

Entrada del nuevo 270 Park Avenue.
Entrada del nuevo 270 Park Avenue.Fosters + Partners

Rodríguez subraya que el nuevo 270 Park Avenue ha sido proyectado con estándares energéticos y tecnológicos muy superiores a los del edificio anterior, y con la intención explícita de prolongar su vida útil de forma más eficiente. “Si realmente logra mantener un alto rendimiento durante 70, 80 o incluso 100 años, el impacto ambiental inicial debería analizarse en una escala temporal mucho más amplia y no solo en el momento de su construcción”, declara.

Aunque se recicló el 97% de los materiales, esto no equivale a neutralidad de carbono. La reutilización del acero, por ejemplo, sigue requiriendo energía, transporte y recursos industriales. Por eso, el arquitecto sostiene que un derribo de estas dimensiones siempre implica un impacto considerable. “Hoy en día, la arquitectura debería trabajar más desde la transformación y la rehabilitación que desde la sustitución total”, asegura Rodríguez.

Hoy en día, la arquitectura debería trabajar más desde la transformación y la rehabilitación

Xavier Rodríguez Hurtado, arquitecto

Es evidente que un edificio de 423 metros en Park Avenue no es un gesto neutro: busca ser visible, singular y reconocible en una ciudad donde destacar resulta cada vez más difícil. La arquitectura, en este caso, también actúa como símbolo. Aun así, construir a esta escala implica necesariamente una huella ambiental considerable. 

Norman Foster ha defendido la torre como un referente en sostenibilidad operativa: será completamente eléctrica, estará alimentada con energía hidroeléctrica, contará con estándares de ventilación superiores a los habituales y ha obtenido certificaciones como LEED Platinum y WELL. En fase de uso, su rendimiento será muy superior al de generaciones anteriores de rascacielos corporativos.

La nueva sede de JPMorgan Chase albergará a 10.000 empleados y miles de visitantes diarios
La nueva sede de JPMorgan Chase albergará a 10.000 empleados y miles de visitantes diariosFosters + Partners

Sin embargo —señala el arquitecto—, la sostenibilidad contemporánea ya no puede evaluarse únicamente en términos de eficiencia operativa. El mayor impacto ambiental de un edificio de esta magnitud se concentra en su construcción. Por eso, la cuestión no es si será eficiente, que previsiblemente lo será, sino si esa eficiencia logrará compensar una huella inicial tan elevada.

Desde una lógica estrictamente ambiental, la opción más coherente sería no levantar nuevos rascacielos, sino intervenir sobre los existentes: rehabilitarlos, actualizarlos y adaptarlos a los estándares actuales. Nueva York ofrece un claro ejemplo en uno de sus grandes iconos, el Empire State Building. Con más de 90 años de historia y una altura comparable a muchas torres contemporáneas, fue objeto de una profunda remodelación energética que permitió reducir su consumo anual hasta en un 38%, logro que le valió la certificación LEED y lo convirtió en referencia de eficiencia en edificios históricos.

A pesar de ello, el debate no es del todo sencillo. En ciudades densas como Nueva York —y en muchas otras que lo serán en un futuro inmediato— la verticalidad también responde a dinámicas reales: optimización del suelo, concentración de actividad y reducción de desplazamientos. “Por eso, si se construyen nuevas torres, deben hacerlo con criterios mucho más exigentes desde el inicio y con una vida útil larga y adaptable”, comenta el arquitecto.

El edificio 270 Park Avenue ofrece 2,5 veces más espacio exterior en la planta baja de las avenidas Park y Madison que el anterior
El edificio 270 Park Avenue ofrece 2,5 veces más espacio exterior en la planta baja de las avenidas Park y Madison que el anteriorFosters + Partners

No es la altura en sí misma la que determina la sostenibilidad de un edificio, sino la forma en que se construye, los materiales empleados, su vida útil prevista y su capacidad de adaptación a lo largo del tiempo. Más allá de la controversia ecológica, la torre aspira a inscribirse en la tradición histórica del rascacielos neoyorquino, donde innovación técnica, ambición formal y simbolismo urbano han caminado siempre juntos. “Puede que no concite una admiración unánime, pero reúne los atributos formales y representativos que, con el paso de los años, dan lugar a un edificio en referencia”, concluye el arquitecto.