Los expertos alertan: la peor plaga para los perros ha llegado a España antes de lo previsto
Alerta
Muchos propietarios de perros bajan la guardia en invierno porque asocian la amenaza de la oruga procesionaria a la primavera
María Vetican, veterinaria, explica cómo actuar si nuestro perro se come una oruga procesionaria: "No toques la zona afectada sin guantes y no frotes, ya que esparcirías los pelos tóxicos"

Oruga procesionaria, sobre una roca

La procesionaria del pino, considerada por muchos veterinarios como la plaga más peligrosa para los perros en entornos urbanos y forestales, ha adelantado su aparición en España este año. El Diario Veterinario asegura que su presencia ya se ha detectado en varias provincias del mediterráneo y que el fenómeno podría extenderse rápidamente a otras zonas. ¿El motivo? El adelanto del ciclo biológico del insecto, favorecido por temperaturas suaves y la falta de episodios prolongados de frío.
Según datos difundidos por el Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Alicante (ICOVAL), las clínicas de la provincia están registrando más casos de contacto con procesionaria de lo habitual para estas fechas. Los profesionales alertan de que muchos propietarios bajan la guardia en invierno porque asocian esta amenaza a la primavera, haciendo que el riesgo aumente durante los paseos con sus peludos.

Asimismo, la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) subraya que no se trata solo de un problema ambiental, sino también de salud pública. Su director general, Manuel García Howlett, explica que el verdadero peligro no es únicamente la oruga visible, sino sus pelos urticantes que se desprenden con facilidad. Cada oruga puede tener alrededor de 500.000 de estos pelos microscópicos, capaces de provocar reacciones intensas sin necesidad de contacto directo.
Según el estudio Envenenamiento por oruga procesionaria del pino Thaumetopoea pityocampa en 109 perros: un estudio retrospectivo, publicado en la revista Toxicon, el 86% de los perros que habían tenido contacto con estas orugas presentaron lesiones graves en la lengua tras la exposición a los pelos urticantes de la procesionaria. Dicho trabajo concluye que la reacción puede ser severa, por lo que requiere atención veterinaria urgente para evitar complicaciones serias.
¿Cómo afecta la oruga procesionaria a los humanos? ¿Y a los perros?
En humanos pueden causar urticarias, lesiones oculares y problemas dermatológicos, pero en perros el impacto puede ser mucho más grave. El contacto al olfatear o lamer la oruga puede desencadenar inflamación severa del hocico y la lengua, salivación excesiva, vómitos, dolor agudo e incluso dificultad respiratoria. Es por este motivo que los expertos recomiendan actuar con rapidez, puesto que puede producirse necrosis de tejidos, con pérdida parcial de lengua y riesgo vital.
Las zonas de mayor peligro son parques, jardines y áreas con presencia de pinos, especialmente cuando las orugas bajan del árbol en fila -las conocidas “procesiones”- para enterrarse. ANECPLA insiste en que la retirada de bolsones y el control de la plaga debe realizarse exclusivamente por profesionales de sanidad ambiental, con métodos específicos y seguros.
Consejos
Cómo proteger a tu perro de la procesionaria
La prevención durante los paseos es la medida más eficaz. Los expertos recomiendan evitar zonas con pinos cuando haya avisos de presencia de procesionaria y, si no es posible, llevar siempre al perro atado. Según ANECPLA, mantener el control del animal reduce mucho las probabilidades de que olfatee o toque las orugas por curiosidad.
También es importante observar el suelo y los troncos: los bolsones blancos en las copas y las filas de orugas son señales claras de riesgo. Desde el ámbito veterinario recuerdan que no deben tocarse ni las orugas ni sus nidos, y que conviene avisar a los servicios municipales o a empresas especializadas.
Si pese a las precauciones se produce el contacto, los veterinarios coinciden en la pauta: no aplicar remedios caseros ni frotar la zona. La recomendación principal es acudir de inmediato a un centro veterinario, ya que la rapidez de actuación marca la diferencia entre una reacción controlable y algo más grave.
