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¿Por qué mi perrita de un año sigue haciendo pipí en casa? Comprender su ritmo, su aprendizaje y sus necesidades

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Sandra Portals, veterinaria etóloga, explica que cada caso puede necesitar ajustes específicos según el perro y su entorno

Sandra Portals, veterinaria etóloga, explica las

Sandra Portals, veterinaria etóloga, explica las

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“Una duda muy frecuente entre tutores primerizos es saber si su perra, al ya tener un año, debería no pedir salir o tener controlada su higiene, pero conviene empezar por una idea fundamental: la maduración el aprendizaje no avanzan igual en todos los perros”, explica Sandra Portals, veterinaria etóloga. Cada animal tiene su propio ritmo, su manera de procesar el entorno y sus experiencias. Además, cada familia, cada casa y cada rutina son distintas. Por eso, “no podemos comparar a nuestro perro con otros perros, aunque tengan la misma edad. Lo que uno aprende rápido, a otro puede costarle un poco más, y ambas situaciones pueden ser perfectamente normales”. 

Es muy importante individualizar, y aunque aquí repasemos las causas más comunes y las orientaciones generales que suelen ayudar, “cada caso puede necesitar ajustes específicos según el perro y su entorno”, apunta. 

Cachorro. 
Cachorro. Unplash

Según la etóloga, alrededor del año de edad las causas más frecuentes de eliminación inadecuada están relacionadas con un aprendizaje incompleto, ya que el hábito de eliminar fuera no está del todo consolidado. En otros casos, el perro tiene dificultad para orinar en la calle porque está pendiente de estímulos, asustado, distraído o sobreexcitado y, al no conseguir relajarse, espera a llegar a casa. También influyen rutinas o salidas que no encajan con sus necesidades actuales, como necesitar más salidas, horarios distintos o paseos más tranquilos. A ello se suman las preferencias de sustrato, ya que zonas donde orinaba de cachorro —por ejemplo, donde había empapadores— pueden seguir resultando atractivas si el aprendizaje exterior no se ha reforzado lo suficiente. Además, pueden intervenir factores emocionales como la excitación, la ansiedad, el estrés, el miedo o la frustración. Por último, es importante descartar causas médicas, como cistitis, aumento de la ingesta de agua —y, por tanto, de la cantidad de orina— o problemas que cursen con incontinencia urinaria.

Pedir salir: no es innato, se aprende

“Muchos tutores creen que, al hacerse adultos, los perros 'deberían' pedir salir, pero no es un comportamiento automático. Es algo que se aprende y depende de que el perro tenga claro dónde debe eliminar, sepa cómo comunicarse con su tutor y se sienta seguro haciéndolo”, apunta. Además, explica, que algunos perros dan señales evidentes, pero otros muestran gestos muy sutiles —deambular, olfatear más, inquietarse unos segundos— que a menudo pasan desapercibidos. “Si no se reconocen ni se refuerzan, es normal que no evolucionen hacia una señal más clara”. Por eso es totalmente razonable que un perro joven aún no sepa “pedirlo” de forma explícita.

Según la etóloga, existen pautas generales que suelen ayudar en la mayoría de los casos. Ajustar la frecuencia y la calidad de las salidas es clave, ya que no se trata solo de cuántos paseos hay, sino de cómo son: algunos perros necesitan salidas más tranquilas, zonas menos estimulantes o más tiempo para relajarse y poder orinar. También puede ser útil volver temporalmente al refuerzo positivo, premiando siempre que el perro orine fuera para fortalecer la asociación correcta, sin que ello cree dependencia.

La supervisión dentro de casa permite saber en todo momento dónde está el perro, redirigirlo si es necesario y evitar que consolide zonas no deseadas. La limpieza debe hacerse con productos enzimáticos o con oxígeno activo, ya que la lejía y el amoníaco pueden potenciar el olor y favorecer que el perro vuelva a orinar en el mismo lugar. Además, conviene revisar el nivel de actividad y el estado emocional, ya que algunos perros necesitan más enriquecimiento, olfateo, rutinas de calma o ejercicios de autocontrol para regular mejor sus emociones y, con ello, la eliminación.

Por último, el castigo debe evitarse absolutamente, ya que no enseña cuál es la conducta adecuada y puede empeorar el problema, aumentando el miedo, la inseguridad y dañando el vínculo. La educación amable no consiste en dejar que el perro haga lo que quiera, sino en guiarle, ofrecer alternativas correctas, reforzar los comportamientos deseados, acompañarle y crear un entorno que facilite el éxito.

“Para entender qué está pasando realmente, conviene anotar: a qué horas hace pis en casa, en qué zonas, qué estaba haciendo justo antes, ver si coincide con momentos de estrés, miedo o sobreexcitación, o si por ejemplo ocurre solo cuando la familia no está. Esto ayuda a determinar si se trata de un problema de aprendizaje, de rutinas, emocional o de salud”, explica. 

La veterinaria Sandra Portals explica que una perrita joven haga pipí en casa puede deberse a un proceso de aprendizaje aún no del todo consolidado.
La veterinaria Sandra Portals explica que una perrita joven haga pipí en casa puede deberse a un proceso de aprendizaje aún no del todo consolidado.

En resumen, la veterinaria Sandra Portals explica que una perrita joven haga pipí en casa puede deberse a un proceso de aprendizaje aún no del todo consolidado o a que alguno de los factores comentados esté influyendo en su rutina. “Por eso es útil aplicar las pautas propuestas en el artículo: revisar salidas, observar patrones, reforzar cuando lo hace fuera y evitar cualquier forma de castigo, entre otras”. Prestar atención a esos puntos suele ayudar a identificar qué necesita realmente cada perro para avanzar. Y, sobre todo, “recordemos que cada individuo es único, con su propio ritmo y circunstancias”. Lo ideal es valorar cada caso de manera individual para poder ajustar las pautas a sus necesidades concretas.

“Para esta respuesta se ha consultado con profesionales veterinarios y especialistas de la red de Pets & Vets. La información proporcionada se basa en criterios generales y recomendaciones orientativas. En ningún caso sustituye una consulta veterinaria personalizada, necesaria para valorar cada caso de forma individual, integral y clínica.