Isabel Luño Muniesa, veterinaria: “Que un perro se coma sus heces no siempre es un problema físico, a veces hay aprendizaje o experiencias negativas detrás”
Cuidados
Un comportamiento con múltiples causas —emocionales, nutricionales y médicas— que puede ser puntual o alertar de un problema de salud si se mantiene en el tiempo

Isabel Luño, veterinaria y Diplomada Europea en Medicina del Comportamiento por el ECAWBM.

Para muchos cuidadores es una de esas conductas que generan rechazo inmediato y hasta vergüenza ajena: ver a su perro comer heces. La reacción suele ser automática —“esto está mal”— y casi siempre va acompañada de enfado, correcciones o intentos desesperados por impedirlo. Sin embargo, detrás de este comportamiento tan desagradable a nuestros ojos puede haber mucho más que una simple “mala costumbre”.
La coprofagia no es un problema único ni tiene una sola causa. A veces es transitoria, otras tiene un origen emocional y, en no pocos casos, es la primera señal de que algo no va bien a nivel físico. Isabel Luño Muniesa, doctora en Veterinaria, diplomada europea en Medicina del Comportamiento y etóloga, explica que entender por qué ocurre, cuándo es esperable y cuándo debería encender las alarmas es clave para abordarla de forma adecuada, proteger la salud del perro y evitar errores que, sin querer, pueden empeorar la situación.

Muchos cuidadores lo viven como algo desagradable: ¿comer heces es siempre un problema de conducta?
No necesariamente. La coprofagia puede tener un origen conductual, pero también puede estar relacionada con problemas médicos. Por eso, antes de considerarlo una “mala conducta”, es fundamental descartar causas físicas, entre las que se incluyen las digestivas. En muchos casos, el comportamiento es la manifestación de un problema subyacente que requiere valoración veterinaria.
¿En qué casos puede ser un comportamiento normal, sobre todo en cachorros?
El único caso considerado fisiológicamente normal es el de las perras que ingieren las heces de sus cachorros durante las primeras semanas de vida para mantener el nido limpio. En cachorros, además, puede aparecer como una conducta transitoria ligada a la exploración oral del entorno, pero debería desaparecer con la madurez y un adecuado entorno para el aprendizaje.
¿Qué factores físicos pueden estar detrás de la coprofagia? (Digestivos, mala absorción, parásitos…)
A veces detrás de la coprofagia hay motivos físicos. Por ejemplo, problemas digestivos que hacen que el perro no absorba bien los nutrientes, como la insuficiencia pancreática, trastornos de malabsorción o parásitos intestinales. Cuando esto pasa, el organismo “deja pasar” nutrientes sin aprovecharlos del todo y el perro puede acabar comiendo heces para compensar. También deberse a enfermedades que incrementen el apetito hasta hacerlo menos “selectivo”, como la diabetes o ciertos desequilibrios hormonales.
A veces detrás de la coprofagia hay motivos físicos. Por ejemplo, problemas digestivos que hacen que el perro no absorba bien los nutrientes, como la insuficiencia pancreática, trastornos de malabsorción o parásitos
¿Puede estar relacionada con déficits nutricionales?
Sí. Puede ocurrir cuando el perro no digiere bien y tiene problemas para absorber los nutrientes, o cuando tiene una dieta poco equilibrada. Eso puede generar déficits reales y una sensación constante de hambre, lo que favorece que coma heces. Aun así, suele ser solo una parte de un cuadro más amplio que conviene evaluar en conjunto.
¿Y con ansiedad, estrés o falta de estimulación mental?
También puede estar relacionada con el estrés, la ansiedad o el aburrimiento. Cambios en el entorno, falta de ejercicio, escasa estimulación mental o rutinas monótonas pueden favorecer que el perro adopte este comportamiento. En algunos casos, además, se mantiene porque provoca una reacción intensa por parte del cuidador.
¿Qué diferencia hay entre un perro que come sus propias heces y uno que come las de otros animales?
Cuando el perro consume sus propias heces y no hay una causa física, suele estar más relacionado con un problema de aprendizaje, con experiencias negativas previas o con refuerzos involuntarios. En cambio, comer heces de otros animales puede tener un origen más de tipo exploratorio o alimentario, ya que algunas resultan especialmente atractivas por su olor, textura o restos de alimento no digerido.
¿Castigar este comportamiento lo empeora? ¿Por qué?
Sí, el castigo puede empeorarlo. Las técnicas basadas en intimidar o corregir de forma aversiva aumentan el estrés y la ansiedad, y pueden reforzar la conducta si el perro intenta “eliminar pruebas” o evitar consecuencias negativas. Además, no abordan la causa real del problema y pueden dañar el vínculo entre el animal y su cuidador.
Las técnicas basadas en intimidar o corregir de forma aversiva aumentan el estrés y la ansiedad, y pueden reforzar la conducta si el perro
¿Cuándo debería un cuidador consultar sí o sí con el veterinario?
Siempre que el comportamiento aparezca de forma relativamente repentina en un perro adulto, se intensifique o vaya acompañado de otros signos como pérdida de peso, cambios en las heces o aumento del apetito. También cuando persiste pese a seguir las recomendaciones adecuadas o existe riesgo sanitario por el tipo de heces ingeridas.
¿Puede esconder una patología digestiva que no da otros síntomas evidentes?
Sí. Algunas patologías digestivas o de malabsorción pueden manifestarse inicialmente solo a través de la coprofagia, sin otros signos claros. Por eso es importante no infravalorar el comportamiento y realizar pruebas básicas, como análisis de heces, cuando exista sospecha clínica.
¿Hay errores comunes que cometen los cuidadores al intentar corregirlo?
Un error muy común es regañar o castigar al perro cuando lo ven hacerlo; lejos de ayudar, suele aumentar el estrés y puede hacer que lo haga a escondidas. También es habitual que se deje el acceso a las heces por descuido, lo que facilita que el comportamiento se repita, o que se dé por hecho que es “solo conducta” sin descartar antes alguna causa médica. Todo esto termina alargando el problema en lugar de resolverlo.
Si un cuidador te dice “mi perro come caca”, ¿qué es lo primero que se debería revisar?
Lo primero sería asegurarse de que no haya un problema de salud de fondo, así que una revisión veterinaria es clave. Después conviene mirar la dieta, cómo son las heces y qué está pasando alrededor del perro: si su necesidades emocionales y conductuales están cubiertas, si presenta otros problemas de conducta, cómo son sus rutinas y si ha tenido experiencias negativas relacionadas con hacer sus necesidades.
¿Qué papel juega la educación frente a la salud en este problema?
La parte de salud va primero, porque hay causas médicas que pueden estar detrás y hay que tratarlas antes de cualquier otra cosa. Si todo está bien, entonces entra en juego la educación y el manejo del día a día: supervisar, reforzar lo que queremos que haga y establecer buenas rutinas, algo especialmente importante en los cachorros para que el comportamiento no se consolide.

