El bienestar de los gatos callejeros
Colonias felinas
Trascender la apropiación emocional para construir una visión colectiva y ética en la gestión felina.

Colonias felinas

Atender comunidades felinas es una tarea de dedicación, perseverancia y cariño. No obstante, a veces, de forma inconsciente, ese afecto deriva en apego. Y esa unión, si no se maneja, termina siendo control. “Mis gatos”, “mi colonia”, “yo sé lo que necesitan”… son expresiones que no surgen de la arrogancia, sino de la estrecha relación establecida con los seres vivos.
No obstante, si no logramos observar con objetividad, dicha relación podría transformarse en un riesgo tanto para los felinos como para el entorno social. Ninguna agrupación de animales es de nuestra propiedad. Únicamente existen individuos que requieren de nuestro compromiso consciente y de las labores que hemos asumido con el fin de brindarles apoyo.
¿En qué lugar interviene el ego en la gestión felina?
La vanidad resulta discreta. No se manifiesta únicamente mediante la arrogancia, en ocasiones surge bajo la apariencia de un cuidado excesivo. No obstante, se percibe con nitidez al sentirnos éticamente superiores por integrar de forma altruista la directiva de una entidad de bienestar animal, o al “juzgamos a compañera” que no emplean el mismo sistema. Igualmente ocurre al establecer grupos restringidos donde únicamente operamos bajo nuestro propio criterio, rechazando el apoyo externo, y al rehusar cooperar o compartir datos por el temor a ceder el mando. Del mismo modo, esto acontece al comunicar primicias de manera ambigua, solo para evidenciar que poseemos vínculos más influyentes que el resto. Y, desde luego, al mantener disputas permanentes con cada actor involucrado en la gestión de colonias: otras asociaciones, gestoras y gestores, vecinos, instituciones, veterinarias, ayuntamientos, debido a que interpretamos cualquier situación como una ofensa individual.

Desde una perspectiva ética, el ego no es algo que deba eliminarse, sino observarlo. Comprenderlo. Y orientarlo. Y considera esto: “Estar vivo es un milagro. Estar en paz con quienes nos rodean es el arte supremo de vivir”. El desafío consiste en identificar cuándo el apego se vuelve barrera, y convertirlo en un empuje compartido. Porque, si un día ya no estás (y nadie te garantiza que eso no ocurra en muy poco tiempo), ¿quién tomará el relevo? Si nadie conoce lo que haces, si no dejas espacio, si no tejes redes… tu labor se desvanecerá junto contigo. Y eso no es amor auténtico. Eso es fomentar dependencia. Suponer que eres superior a otros y que tu presencia es infinita e inmejorable.
La psicología del vínculo en el activismo por los animales
Varios estudios en psicología y bienestar profesional han detectado que quienes laboran intensamente con animales (veterinarios, asociaciones y gestoras/es) enfrentan niveles elevados de fatiga por compasión y agotamiento, consecuencia de las presiones emocionales cotidianas. Estas investigaciones indican que el apoyo social, los recursos personales y las estructuras de colaboración comunitaria pueden reducir el impacto de la sobrecarga emocional y fomentar una práctica más sostenible.
Resulta esencial, por lo tanto, abandonar la idea de posesión para adoptar una visión comunitaria: “nuestra colonia”, “nuestra estrategia municipal”, “nuestro equipo”, “nuestro propósito”. Con este fin, es necesario expresarse, desprenderse de lo propio, eliminar los sesgos personales y dejar de percibir adversarios por doquier. Permitir que tu pensamiento recorra senderos difíciles donde TU no ocupas el centro no significa humillarse; al contrario, implica crecer, expandir el saber y colaborar colectivamente con los demás. De no cambiar esta mentalidad, permanecerás atrapada en el bucle del egocentrismo y la sensación de que el entorno te ataca. Puesto que tú misma originas tus motivos y situaciones, sin elementos externos: generas ámbitos limitados, grupos de preferencia, ocultismos pusilánimes y agendas ocultas… una inercia que no te otorga poder, sino que te separa de la comunidad y del bienestar de multitud de animales por los que afirmas combatir, cuando en el fondo únicamente te importan esas gatas de la colonia que te son más cercanas.
Debido a que el bienestar de los animales no se alcanza forzando un esquema, sino mediante el intercambio de conocimientos, sistemas, propuestas, vínculos, archivos y normativas. No consiste en “lo que yo consigo y cuando pueda/quiera os lo cuento”, sino en aquello que logramos edificar colectivamente al repartir datos, medios y lugares sin rivalizar por el prestigio.
Lamentablemente, en muchos municipios, el rol de “presidenta/e” se ha distorsionado como un título de poder que concede privilegios, cuando en verdad debería ser una manifestación de responsabilidad y servicio. Hemos observado cómo algunas juntas acumulan recursos dentro de sus círculos, favorecen “sus gatos y sus colonias”, y solo trabajan con quienes les apoyan o comparten su postura. En lugar de compartir los avances —como una atención veterinaria, un nuevo método para recaudar fondos, o un protocolo renovado con el ayuntamiento que resultará útil—, los convierten en instrumentos de negociación o medios para imponer su estilo de gestión.
Este comportamiento fragmenta redes, mantiene un asistencialismo jerárquico y, lo más grave, expone a los animales más frágiles, que no distinguen entre quién administra la colonia ni quién brinda apoyo. La comunidad se teje desde la horizontalidad, donde una gestora solitaria que lleva años en silencio vale tanto como quien dirige una asociación visible. Aquí no pensamos que un cargo de presidencia te convierta en mejor cuidadora, sino que cuidar con honestidad y generosidad te hace la mejor aliada/o de TODOS los gatos de TODAS las colonias del municipio y de TODAS/OS las/os gestoras/es de esas colonias.
Ser red es precisamente eso: respaldar sin demandas. Ofrecer sin aguardar nada. Ceder tareas sin el temor de no ser ya necesaria. Pues si los éxitos se comparten entre todas, los gatos siempre salen ganando.
Motivación basada en vivencias auténticas
Nueva York – Neighborhood Cats. En esta ciudad con miles de gatos ferales, un grupo de cuidadoras estableció un sistema coordinado basado en confianza recíproca, formación constante y aprovechamiento de la tecnología. ¿El resultado? Capturas más eficaces, datos confiables, rotación de responsabilidades y mejor bienestar animal. No lo lograron mediante imposición, sino a través de la red: cada colonia pertenece a quien la cuida, pero se integra en un conjunto más amplio.
España – Mishilovers. En Mishilovers, una red estatal de gestoras y gestores de colonias felinas, sabemos que el verdadero progreso surge de la cooperación, no del enfrentamiento. Construimos un discurso fundado en el respeto recíproco, la escucha atenta y la creación compartida de respuestas, pues reconocemos que ninguna organización puede solucionar por sí misma realidades tan complejas como la gestión de colonias felinas. Por eso, cuando el ego domina la palabra —cuando una presidenta declara no deber explicaciones a nadie, o cuando se difaman a otras entidades para “hacerlo mejor”— no solo se interrumpe el diálogo: se erosiona la confianza, se desacredita la red y se desgasta la causa colectiva.

¿Cómo suelto sin desaparecer?
Soltar no es renunciar. Soltar es confiar. Reflexionad que el sufrimiento surge del apego. Pensad que todo está interconectado: la ropa que llevas fue cosida por alguien, la comida que llega a tu plato, la veterinaria que cuida a los animales… No es posible cuidar sola; siempre necesitas el apoyo de otro. Nadie debería cargar sola. Por eso, soltar no implica perder. Significa abrirse.
Aquí tienes algunas acciones específicas para fomentar el desapego consciente y avanzar en comunidad:
- Comparte tus conteos y diagnósticos con los demás miembros del grupo de gestoras del municipio.
- Escribe y difunde tus protocolos: si algo funciona, compártelo. Es tu legado.
- Acompaña sin imponer: ayuda a las gestoras con cariño, no desde la jerarquía.
- Difunde tus enlaces locales e incentiva a más gente a involucrarse en procesos y resoluciones: evitando individualismos, partiendo del interés colectivo.
- Habla con franqueza sobre el agotamiento: solicita ayuda antes de llegar al límite. Delegar también es una forma de cuidarte.
Recuerda por qué comenzaste. No comenzaste para tener razón, sino para aliviar el sufrimiento. No comenzaste para dominar, sino para proteger. No comenzaste para salvarlos a todos por tu cuenta, sino porque viste que nadie más lo hacía. Y hoy, ya no estás sola. Los amas. Los cuidas. Pero no son tuyos. Pertenecen a toda tu comunidad. Si los amas sin poseerlos, si aceptas ver la comunidad que te rodea, estarás verdaderamente al servicio de su libertad.

