Sociedad

“Fue como una bofetada”: cuando el duelo por la muerte de un animal no encuentra comprensión

Duelo 

Aunque la sociedad avanza, en muchas ocasiones el duelo por la muerte de un animal de compañía sigue siendo un dolor incomprendido y aún socialmente desautorizado

Gato

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Cuando Balú murió, de forma súbita, Cristina estaba con su pareja y con sus padres. El perro, de apenas cuatro años, pegó una carrera y acto seguido se paró y se desplomó. A pesar de correr como nunca, no llegaron a tiempo de salvarlo. Cuando el veterinario les explicó las opciones, una de ellas, la más cara, era la incineración individual por lo que podrían tener las cenizas. Cristina ni se lo pensó y eligió esa alternativa pero al salir, su padre le afeó que se gastara ese dinero “solo por un perro”.

“Fue como una bofetada, me dejó k.o y no supe ni qué responderle”, explica Cristina, que prefiere no revelar su apellido. A día de hoy, no ha conseguido superar el duelo por Balú ni lograr que su familia entendiera y empatizara con su tristeza. “Para ellos no era más que un animal, pero para mí era mi familia y duele así, como si se hubiera muerto alguien de mi familia”, asegura.

Para Silvia Clavel, psicóloga especializada en duelo animal, las consecuencias que tiene no sentirse comprendido por el entorno pueden ser importantes. “Muchas de las incomprensiones suelen generar un aislamiento porque se siente como una culpa por seguir sufriendo y una sensación de que me pasa algo raro. Muchas personas reprimen el dolor o dejan de hablar del tema porque no les entienden y eso, lejos de ayudar, cronifica más el duelo y lo complica”, afirma la psicóloga.

Mientras que algunas personas superan el duelo por su animal de compañía de forma espontánea, otras necesitan ayuda.
Mientras que algunas personas superan el duelo por su animal de compañía de forma espontánea, otras necesitan ayuda.Pixabay

Tan doloroso como perder un familiar

Clavel insiste además en que este duelo, que no se supera sino que se transita y se integra, no tiene por qué diferir del que se sufre por un familiar. “Se ha demostrado que la intensidad del dolor es la misma porque lo que hace que un duelo sea más doloroso es la intensidad del vínculo, no la especie. Un vínculo se forma con el amor, la rutina, lo que tienes con ese animal en este caso. Entonces es el vínculo lo que lo hace más doloroso o menos”, afirma.

Así lo reconoce un estudio recientemente publicado por la Universidad de Maynooth (Irlanda) que, tras entrevistar a casi mil personas encontró que un 21% de quienes habían sufrido tanto la muerte de un animal de compañía como de una persona cercana reconocían encontrar más doloroso la muerte del animal. La investigación se centra en el trastorno del duelo prolongado (PGD por sus siglas en inglés) y concluye que, a pesar de que las guías excluyen explícitamente que este trastorno pueda ser causado por la muerte de una mascota, el porcentaje de quienes cumplían los criterios diagnósticos tras la pérdida de un animal (7,5%) era similar al de quienes habían sufrido la muerte de un amigo cercano (7,8%), de un familiar como un abuelo (8,3%) o de un hermano (8,9%).

“Cada vez hay más gente que puede entender el dolor por el que está pasando esa persona que ha perdido a su animal, pero en rasgos generales suele ser un duelo que no está bien aceptado en la sociedad. Digamos que es un duelo desautorizado”, explica Álvaro Narváez, veterinario y fundador de After Life Vets, un servicio encargado en proporcionar un espacio seguro y comprensivo a quienes pierden a sus animales de compañía. Porque, además, otra de las cuestiones que caracterizan este duelo es que carece de rituales habituales, lo que a su vez complica aún más el transitarlo.

Además, tampoco cuenta con un reconocimiento laboral; un trabajador ni siquiera puede faltar al trabajo porque sea necesario eutanasiar a su animal de compañía ni cuenta con un permiso laboral retribuido si este fallece, algo que muchos reclaman y que ya aparece en algunos convenios colectivos. “Esto ayudaría mucho a las personas que están pasando por este proceso tan duro y, aunque muchos no estarán de acuerdo, si se implantara también se vería que la sociedad está avanzando”, explica Narváez.

El peso de la culpa

En el caso de Cristina, la culpa aguijonea a veces. “Te preguntas qué hubiera pasado si le hubieras llevado atado, si le hubieras llevado al veterinario antes, si se te pasó algún síntoma”, reflexiona y añade: “Al fin y al cabo, es un ser vivo que depende de ti”. Clavel reconoce que ve eso en consulta habitualmente y que normalmente tiene una sesión específica solo para ese sentimiento de culpa. “Es la emoción más corrosiva del duelo. Es la que más nos cuesta trabajar, la que más nos cuesta quitar y es muy dura”, señala. Además añade una variable que puede complicarlo todo aún más, cuando se decide la eutanasia del animal. “Muchas veces tenemos que tomar esa decisión por ellos, lo hacemos siempre desde el amor, pero claro, muchas veces se piensa lo he decidido yo, yo lo he matado”, explica.

Mientras no cambia la ley laboral, algunas empresas ya ayudan a sus empleados a sobrellevar el duelo por sus mascotas. 
Mientras no cambia la ley laboral, algunas empresas ya ayudan a sus empleados a sobrellevar el duelo por sus mascotas. Getty Images/iStockphoto

En esos casos cuesta aún más ser consciente de que es la enfermedad la que mata y la decisión de acabar con el sufrimiento del animal obedece más a la compasión. Es precisamente eso lo que Clavel le pide a quienes se vean atravesados por la culpa, que sean más compasivos consigo mismos. Y para quienes están cerca de quien sufre el duelo el consejo es claro: “Lo que ayuda es escuchar sin juzgar. Lo más simple y lo más humano es decir cosas como “entiendo que estés así”, “tu vínculo era tan importante que es normal que estés así” o “estoy aquí si quieres hablar”. Cosas súper sencillas pero que no creas que son tan fáciles porque mucha gente opina o meten prisa para que estés mejor”, asegura la psicóloga que advierte contra quienes insisten en minimizar un duelo que es necesario visibilizar cada vez más.