Quim Luna, paseador de perros en Barcelona: “Este servicio se concentra en el Eixample, para extranjeros con alto poder adquisitivo”
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Cada vez hay más perros, más programas diseñados para ellos y también más personas que ven en este ámbito una oportunidad de trabajo

El servicio de pasear perros suele costar aproximadamente 15 euros la hora por cada perro y unos 20 euros si son dos.

Barcelona no deja de evolucionar. Y no solo en términos de población, construcción o turismo, sino también en cuanto a mascotas. La ciudad logró hace tiempo un hito: hay más perros registrados que niños menores de 12 años. Un dato que revela algo más que una simple inclinación por los animales. Cada vez hay más perros, más servicios diseñados para ellos —cafeterías pet-friendly, pastelerías caninas, spas para perros— y también más personas que ven en este mundo una oportunidad de empleo. Entre ellas, una figura que se expande en ciertos barrios de la ciudad: los paseadores de perros, un servicio cada vez más común en zonas de alto poder adquisitivo y entre comunidades extranjeras.
“Este tipo de servicio se concentra en el Eixample, especialmente en calles como València o Girona, donde viven muchos extranjeros con alto poder adquisitivo”, explica Quim Luna, paseador de perros en Barcelona. “Es un perfil que no tiene tiempo y delega el cuidado diario del perro”.

Estos nuevos residentes llevan un estilo de vida distinto: más activo, lujoso y, en muchos casos, más cómodo. Los perros se adaptan a ese entorno urbano y refinado, pero sus necesidades diarias no siempre encajan. Sacarlos a pasear, al menos tres veces al día, el tiempo necesario para que socialicen, hagan ejercicio y liberen energía, requiere dedicarles varias horas diarias.
Para muchas personas con agendas apretadas, jornadas laborales extensas o desplazamientos constantes, ese momento se vuelve un lujo difícil de conseguir. Y precisamente ahí intervienen los paseadores de perros, un servicio cada vez más común en ciertos barrios de Barcelona.
El Eixample
Según el Ayuntamiento, en la ciudad viven más de 180.000 perros registrados, mientras la población se reduce progresivamente. Una transformación demográfica que no solo modifica la vida diaria, sino también el empleo y los servicios públicos. Y este cambio es más evidente en ciertos barrios. “La mayoría de los perros que he paseado están en el Eixample, sobre todo en las calles València y Girona, cerca de Passeig de Gràcia. Son zonas donde vive gente con un alto poder adquisitivo, y casi todos mis clientes eran de fuera de España”, señala Quim.
Es un área que, desde hace unos años, ha experimentado una fuerte revalorización y que atrae cada vez más fortunas internacionales que llegan a Barcelona para pasar largas temporadas o adquirir una segunda vivienda. Pisos lujosos, espaciosos y contemporáneos, sumados a la peatonalización de numerosas calles, han transformado este eje en un imán para individuos con alto poder adquisitivo. Un modelo, además, particularmente atractivo para compradores que no residen todo el año en la ciudad, así como para jóvenes o adultos mayores sin hijos, que aprecian la posibilidad de desplazarse a pie, disfrutar del ocio, la gastronomía y los servicios urbanos.
La mayor parte de los perros que he llevado de paseo se encuentran en el Eixample, especialmente en las calles València y Girona, cerca del Passeig de Gràcia
“De momento no hay mucha competencia, o yo no la he sufrido. Es verdad que cada vez se ve a más paseadores de perros por Barcelona, por barrios como el Eixample, pero también por la Calle de Pau Claris, Passeig de Gràcia o Paseo Sant Joan. Esas son las zonas que más frecuentan, aunque también en Turó Park y Pedralbes”, explica.
Y aunque entró en ese mundo por azar, de forma completamente inesperada, y hoy ya no lo practica, halló una pasión. “Una mujer para la que trabajaba me preguntó si conocía a alguien que pudiera sacar a su perro, y como a mí me gustan mucho, me ofrecí”, explica. Pensaba que sería algo temporal, pero durante un tiempo se volvió una costumbre para Luna. “Siempre me han encantado los perros, y salir a la calle con ellos, creo que es el mejor animal del mundo. Vi la oportunidad y decidí ayudarle”, cuenta.

En cuanto a los precios, Quim explica que el servicio normalmente cuesta alrededor de 15 euros por hora por perro y unos 20 euros si son dos. Sin embargo, los ingresos pueden crecer cuando los dueños se van de viaje. En esos casos, el paseador debe quedarse en la casa de los propietarios o recibir a los perros en la suya, un servicio que puede llegar a valer hasta 70 euros diarios. Aun así, Quim admite que vivir únicamente de pasear perros no es sencillo. “Hace falta tener muchos clientes, dedicarle muchas horas y profesionalizarse al máximo”.
No se especifica ninguna formación necesaria para realizar este trabajo, no se exige ningún curso ni título para ser paseador de perros, aunque sí se valora la experiencia y el conocimiento de las razas y sus distintos temperamentos. “A mí, por ejemplo, me gustaban los perros. Siempre he disfrutado de su compañía y creo que es importante ser una persona en la que se puede confiar, ya que los tutores están confiando en ti para cuidar a un animal que para muchos es uno más de la familia”.
Se necesita contar con muchos clientes, invertirle muchas horas y profesionalizarse al máximo para poder vivir del paseo de perros
Y aunque pasear perros puede parecer una tarea sencilla, Quim insiste en que no todos los animales pueden compartir el paseo. “Es importante saber gestionar diferentes energías y comportamientos”, explica. En su caso, admite que la adaptación fue relativamente sencilla, pero no inmediata. Llegó a llevar hasta cuatro perros, algunos de clientes distintos. Tres de ellos podían ir juntos sin dificultad, pero había una perra que no toleraba compartir el grupo. “Era muy celosa y se ponía a ladrar mucho, así que la tenía que sacar ella sola”, cuenta. Con los demás, la convivencia funcionaba bien porque se llevaban bien, no se provocaban y podían jugar durante el paseo.
Según explica, este tipo de convivencia se identifica con rapidez. “Normalmente, lo ves el primer día o al segundo”, señala. Comprender estas dinámicas es fundamental para prevenir conflictos y asegurar entornos serenos. En su experiencia, manejar esto nunca le causó dificultades, pero deja claro que no todos los perros ni los paseadores logran hacerlo sin entrenamiento.

