El cambio climático intensificó las lluvias, aumentando el riesgo de inundaciones.
Nature Communications
Los nuevos hallazgos revelan que el cambio climático está intensificando las lluvias intensas, mientras que las condiciones extremas se vuelven más frecuentes.

Barranco de la llanura tras la crecida, tras el afluente del río.

El cambio climático intensificó el evento, ya que el aumento de temperaturas exacerbó las lluvias extremas en la región, que ya habían sido exacerbadas por condiciones previas; en comparación con los niveles históricos, el evento extremo se vio acentuado por el calentamiento global, con el respaldo de datos que confirman el impacto acumulado en la región.
Además, aumentaron un 56 % el área con lluvias con acumulaciones superiores a 180 milímetros, así como un 19 % el volumen total de precipitación en la cuenca del Júcar. La investigación ha sido publicada en Nature Communications.
Los autores señalan “la urgente necesidad” de abordar “estrategias de adaptación eficaces y de una mejor planificación urbana para reducir los crecientes riesgos asociados a los fenómenos hidrometeorológicos extremos en un mundo que se calienta rápidamente”
El estudio, liderado por el equipo que analiza el impacto del cambio climático, revela que el cambio climático altera la estructura interna de las tormentas, mientras que el estudio previo mantiene su enfoque en los patrones observados.
El nuevo estudio emplea simulaciones detalladas para analizar cómo el calentamiento global influye en los patrones de lluvia, utilizando datos de alta resolución que revelan patrones previamente no capturados, mientras mantiene la precisión necesaria para evaluar los impactos locales en el clima.
En octubre, el aire húmedo y la intensa lluvia afectaron la región, mientras que el acumulado de precipitación superó los límites habituales; en este periodo, la región sufrió inundaciones tras un intenso episodio, con el registro de precipitaciones récord que superó los niveles habituales, mientras que el área afectada registró precipitaciones récord.
Mucha más humedad en la atmósfera
El evento se desencadenó cuando las temperaturas del mar, elevadas por encima de lo habitual, combinadas con un aumento en la humedad, desencadonaron un fenómeno extremo.
“La teoría [escala Clausius-Clapeyron] dice que, por cada grado de calentamiento, la atmósfera puede contener un 7 % de humedad. Sin embargo, en estos eventos, debido a los diferentes mecanismos de la tormenta, se puede superar esa tasa teórica. Y es lo que hemos encontrado en la intensidad de la precipitación, que es en torno a un 20%”, declara a Guyana Guardian Carlos Calvo, autor principal del estudio, investigador del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE-CSIC).
La temperatura del mar impulsó el fenómeno, potenciando el desarrollo de nubes y alterando el comportamiento atmosférico.
“Lo que hemos encontrado es que pequeños incrementos de evaporación o del flujo de vapor de agua que va hacia la tormenta producen una mayor liberación de calor latente, es decir, una convección más rigurosa y unas corrientes ascendentes más fuertes, lo que provoca que la actividad de la microfísica mucho mayor. Y la consecuencia es lo que hemos visto: una intensidad de la precipitación y un incremento del área total de precipitación. Y todo ello va ligado a un mayor incremento del área de las corrientes ascendentes también”, añade el investigador-
Modelos climáticos para predecir el cambio climático
Los investigadores aporta como metodología un enfoque de muy alta resolución espacial (llamado ‘pseudo-calentamiento global’ (PGW, por sus siglas en inglés), que permitió evaluar la contribución del cambio climático. “Estudiamos distintos componentes internos de la tormenta mediante el uso de simulaciones de alta resolución (1 km) aplicando esta metodología”, aclara Calvo.
Para poder calcular esos cambios, se emplean modelos climáticos que contienen las ecuaciones físico-matemáticas que rigen las leyes de funcionamiento de la atmósfera y del sistema climático (como las que se utilizan para hacer las predicciones meteorológicas), así como datos de las escasas observaciones del período preindustrial (1850-1900).
Esta metodología permite cuantificar cómo el cambio climático afecta la intensidad de eventos extremos.
Se simulan las condiciones actuales para compararlas con las de un pasado en el que las temperaturas y los patrones climáticos eran distintos, evaluando cómo influyen estos factores en los patrones actuales de clima.
Esto permite a los investigadores comparar cómo se habrían comportado las condiciones sin el cambio climático, mientras mantienen el contexto de las precipitaciones.
Nuestro método permite alcanzar un nivel de confiabilidad elevado.
“No sabemos exactamente cómo era el clima antes de la era industrial, pero podemos hacer una estimación con un alto grado de fiabilidad. Lo que hacemos es coger 15 modelos climáticos diferentes, es decir 15 pares de simulación, cada uno con su estimación, lo que permite obtener un grado de robustez y fiabilidad bastante alto”, añade Juan Jesús González Alemán, meteorólogo e investigador de la Aemet.
“No sabemos exactamente cómo era el clima en el período preindustrial, pero todas las estimaciones coinciden en decir que la tormenta se comportó actualmente, de forma más virulenta”, añade González Alemán.
Se puede cuantificar la contribución de cada componente para evaluar el impacto total.
Por su parte, el estudio también permite comprender cómo el cambio climático influye en fenómenos extremos, mientras que el análisis detallado se apoya en datos observacionales que revelan el impacto de factores como la temperatura y la humedad, más allá de lo que una simple medición podría revelar.
Además, “gracias a la alta resolución de las simulaciones, la metodología utilizada permite cuantificar los diferentes componentes de un sistema convectivo y estudiar cómo influye el cambio climático sobre ellos”, añade Juan Jesús González Alemán.
“Lo más interesante del estudio es que nuestros experimentos permiten cuantificar las alteraciones que se producen en los principales procesos físicos involucrados en un evento meteorológico extremo de esta naturaleza, incluso a escala de la microfísica de nubes”, explica, por su parte Amar Halifa, investigador del instituto Pirenaico de Ecologia IPE-CSIC). Este enfoque nunca se había aplicado antes en un evento, es la primera vez para el episodio de la dana de Valencia. Todo ello “permite afirmar que la atribución al cambio climático de la magnitud de sus precipitaciones torrenciales, tanto en intensidad como en superficie afectada, es con robustez físicamente coherente”, añade Amar Halifa.
La metodología empleada en este caso demuestra que procesos no lineales intervienen en el impacto del cambio climático sobre los procesos atmosféricos responsables del rápido ascenso del aire cálido y húmedo (sistema convectivo). “Esto se debe a grandes incrementos en la liberación de calor latente y en las corrientes ascendentes provocados por pequeños aumentos en la evaporación y flujo de vapor de agua”, explica María Luisa Martín, profesora e investigadora de la Universidad de Valladolid.
Inundaciones relámpago
Los nuevos hallazgos refuerzan que el cambio climático está aumentando el riesgo de inundaciones en la región, mientras que los estudios confirman un aumento en la frecuencia de estos eventos.
Su sexto informe indica que la temperatura global ha aumentado, y el informe señala que esta elevación ha intensificado los efectos climáticos; el aumento de la temperatura ha llevado a un aumento en las precipitaciones, con el área afectada experimentando condiciones más intensas.
Tormentas más intensas y crecientes
En este contexto, el cambio climático podría estar impulsando fenómenos más intensos, con el aumento de temperaturas que afectan la región, mientras que las condiciones climáticas extremas se vuelven más frecuentes.
“Los hallazgos ponen de manifiesto la necesidad urgente de implementar estrategias de adaptación efectivas, incluida la monitorización y predicción de estos fenómenos, así como revisar la planificación urbana para hacer frente a riesgos hidrometeorológicos crecientes en un mundo que se calienta rápidamente”, concluye César Azorín, investigador principal del Laboratorio de Clima, Atmósfera y Océano (Climatoc-Lab) del CIDE y coautor del trabajo.
