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Un estudio realizado con más de 3.600 personas demuestra que el calor intenso acelera el envejecimiento: el impacto de la temperatura en la edad biológica

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Una reciente investigación en Estados Unidos vincula la exposición continuada a días de calor con un envejecimiento biológico más rápido

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Una mujer se protege del sol en el centro de Barcelona

Una mujer se protege del sol en el centro de Barcelona

Enric Fontcuberta / EFE

El calor extremo no sólo agota y dispara la factura de la luz. También puede dejar huella dentro del cuerpo. Un reciente estudio realizado en Estados Unidos apunta que vivir en barrios donde se acumulan muchos días de calor intenso puede acelerar el envejecimiento biológico de las personas mayores hasta el punto de que sus células “marquen” más años de los que indica el carné de identidad.

La investigación ha analizado datos de 3.686 personas de 56 o más años en un amplio estudio sobre envejecimiento en el ámbito de todo el país. Los investigadores cruzaron los resultados de sus análisis de sangre con los registros meteorológicos de los barrios en los que vivían, no sólo el día de la extracción, sino hasta seis años atrás. El patrón está claro: cuanto más días de calor intenso, mayor es la edad biológica de las personas.

El calor acelera el envejecimiento
El calor acelera el envejecimientoFreepik

Cuando el calor queda registrado en las células

Para su medición, los científicos utilizaron relojes epigenéticos, herramientas que estiman el estado real de desgaste del organismo a partir de pequeñas marcas químicas en el ADN, las metilaciones. Estos relojes ya se emplean para predecir el riesgo de sufrir enfermedades o una mortalidad prematura. En términos sencillos, funcionan como un contador interno: si avanza más rápido de lo que tocaría, aumenta la probabilidad de problemas de salud como infartos, cáncer o deterioro físico.

El efecto del calor, día a día y año tras año

El estudio no sólo se fijó en la temperatura, sino en el índice de calor, que combina grados y humedad para reflejar mejor la sensación real sobre el cuerpo. Lo que aquí llamamos la sensación de bochorno. A partir de ahí, los días se clasificaron según los niveles de alerta meteorológica, desde precaución, a partir de unos 26 o 27 grados de sensación térmica, hasta precaución extrema, por encima de los 32.

Los investigadores contaron cuántos días así acumulaba cada barrio en distintos períodos: desde el mismo día del análisis hasta la semana anterior, el último mes, el último año o un intervalo de seis años. Esto les permitió distinguir entre golpes puntuales de calor y una exposición crónica a veranos cada vez más asfixiantes.

Los resultados son preocupantes. En el corto plazo, una semana con calor constante se asoció con un incremento de algo más de un año de edad biológica en uno de los principales relojes. En períodos más largos, el efecto se acentúa: vivir un año con muchos días de calor intenso se relaciona con hasta dos años y medio más de edad biológica, y una exposición sostenida durante seis años con un ritmo de envejecimiento fisiológico aproximadamente un 5% más rápido.

El calor intensifica el envejecimiento
El calor intensifica el envejecimientoFreepik

Un riesgo silencioso en un mundo que se calienta

La investigación se centra en personas mayores, un colectivo especialmente vulnerable al calor porque regula peor la temperatura corporal y con frecuencia toma varios medicamentos. Sin embargo, no se encontraron grandes diferencias biológicas según edad, género o nivel educativo. Lo que sí quedó claro es que no todo el mundo está igualmente expuesto: las personas con menos recursos y algunas comunidades racializadas viven, de media, en barrios más calurosos.

Así, el calor no sólo provoca incomodidad o noches sin dormir, sino que puede dejar una impronta acumulativa en el reloj biológico, sobre todo cuando las olas de calor se repiten verano tras verano. En un contexto de cambio climático y envejecimiento de la población, esto añade un riesgo discreto pero constante, especialmente en las ciudades dominadas por el asfalto y la falta de sombra.

La necesidad de un ambiente más confortable

Sin embargo, los autores recuerdan que se trata de un estudio observacional. No puede afirmarse que cada día de calor añada automáticamente meses de envejecimiento a cada persona. Tampoco se midió el tiempo real de exposición ni factores como tener aire acondicionado o poder asumir su coste. Sin embargo, el patrón se mantiene incluso teniendo en cuenta hábitos como fumar, la actividad física o la contaminación.

En la práctica, estos resultados refuerzan una idea clave: las políticas contra el calor no son sólo cuestión de confort. Más árboles, sombra, viviendas mejor aisladas, alertas tempranas y refugios climáticos accesibles pueden marcar la diferencia en la salud de las personas mayores mucho antes de que los golpes de calor aparezcan en las estadísticas.

Este artículo fue publicado originalmente en RAC1.

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