¿Evocas Twitter? No se encontraba en la quiebra: ha servido como el recurso ideal para las maniobras financieras de Elon Musk, mediante las cuales ha logrado recuperar su fortuna a través de XAI.
Redes sociales
Lo que aparentaba ser un desastre ante los medios y una caída de prestigio sin igual disimulaba de hecho un plan estratégico de gran calado: transformar la «red social» en un enorme almacén de datos destinado a potenciar XAI, la pieza fundamental en el conglomerado del multimillonario.
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Elon Musk, en una imagen reciente. (AP Photo/Evan Vucci, File)
Cuando —según cuenta el relato popular— Elon Musk llegó a las instalaciones de San Francisco portando un lavamanos y un concepto de autonomía absoluta, escasas personas sospechaban que la plataforma del ave celeste tenía los días contados, no debido a la bancarrota, sino a causa de una asimilación. El cambio de Twitter a X no representó una simple ocurrencia visual, sino el avance inicial de un proyecto que superaba el intercambio entre personas para enfocarse en la convergencia digital.
Musk, sumergido en aquel tiempo en una transformación radical que recortó la nómina al cincuenta por ciento y fijó un entorno laboral muy exigente, ya avisaba que su propósito último era muy distinto a coordinar un simple panel de noticias internacional: “X no es solo una red social, es el acelerador para crear la Everything App, la aplicación para todo”, declaraba Musk al explicar la desaparición de la marca corporativa previa ante las dudas de los primeros accionistas.
No obstante, el avance rumbo a dicho panorama digital experimentó una sequía económica que puso en riesgo la estabilidad de la empresa a lo largo de 2023. El rigor en el control de contenidos y la inestabilidad directiva causaron la huida de patrocinadores tradicionales como Disney o Sony, preocupados por asociar su marca a un espacio progresivamente dividido y carente de restricciones.
Las crónicas financieras de esa época resultaron devastadoras, indicando un divorcio absoluto entre los indicadores superficiales mostrados por la compañía y su situación financiera real. Tal como reconocería el mismo propietario del servicio: “Hemos sufrido una caída de los ingresos publicitarios en Estados Unidos de hasta el 60%”, un dato que demostraba que el esquema comercial convencional basado en la atención se encontraba agonizante durante su gestión.

En lugar de buscar recobrar la aprobación de Madison Avenue a toda costa, el enfoque se desplazó hacia un activo de mayor relevancia en la época digital: el big data procesado al instante. Tras la creación de XAI, la firma de inteligencia artificial de Musk, establecida en 2023, y el debut de Grok, la plataforma dejó de considerarse un objetivo final para transformarse en el componente fundamental, el recurso básico requerido para instruir sistemas lingüísticos aptos para rivalizar con OpenAI y Google.
El argumento de Musk para combinar las dos arquitecturas se basó exclusivamente en aspectos técnicos y operativos, priorizando el entrenamiento algorítmico sobre el contacto entre personas: “Usaremos los tuits públicos para entrenar nuestros modelos de inteligencia artificial y crear un círculo de retroalimentación virtuoso”, señaló al describir de qué manera la rapidez de X proporcionaría a su IA un beneficio estratégico de “veracidad” frente a sus competidores.
Esta transición enfocada en la obtención de información supuso un perjuicio directo para la claridad informativa y el sector académico, que presenció la creación de barreras tecnológicas en torno al debate social. Tras clausurar la entrada libre a la API e implantar cuotas excesivas que llegaban a los 42.000 dólares cada mes, la empresa obstaculizó intencionadamente a los analistas independientes dedicados a vigilar las noticias falsas.
La plataforma X, depreciada por la salida de publicistas, pasó a ser el recurso clave para XAI, facilitando que Elon Musk edifique una potencia tecnológica tasada en montos históricos a través de una astuta integración de recursos.
En el entorno académico, se produjo una reacción colectiva de inquietud por la desaparición de un recurso clave para la integridad democrática: “Se ha eliminado el acceso académico gratuito, lo que suspende de facto decenas de estudios independientes sobre el discurso de odio y la manipulación”, señalaban diversos expertos tras el bloqueo de datos que impedía examinar lo que pasaba de verdad en la caja negra del algoritmo.
El punto máximo de esta estrategia empresarial se alcanzó en 2025, a través de una unión que modificó la estimación de los recursos. Al incorporar X en XAI por medio de un intercambio de títulos, Musk realizó una táctica de valoración excepcional: si bien la red social había caído hasta los 33.000 millones de dólares —muy por debajo de los 44.000 millones invertidos—, actuó como catalizador para que el área de inteligencia artificial escalara hasta los 80.000 millones.
El empresario, que actualmente domina cerca del 60 % de la reciente firma fusionada, describió el razonamiento comercial de dicha maniobra como un paso evolutivo forzoso: “Los futuros de X y xAI están entrelazados; combinaremos datos, potencia de cálculo y talento en una sola unidad”, sostuvo para dar seguridad a los mercados y argumentar que la plataforma social constituía ahora, fundamentalmente, una sección de una potencia de IA.
Sin embargo, la rápida expansión y la carencia de controles éticos en herramientas como Grok-3 han colisionado directamente contra los marcos normativos, particularmente en Europa. La facultad de la IA de crear visuales sin limitaciones desencadenó un problema de imagen instantáneo al llenarse internet de deepfakes sin consentimiento, forzando a los organismos oficiales a actuar mediante advertencias de multas de miles de millones.
Europa le para los pies
La contestación de Bruselas resultó contundente, estableciendo la frontera entre el progreso tecnológico y el quebrantamiento de las garantías básicas: “Se trata de contenido ilegalísimo que exige medidas de conservación y retirada inmediata”, alertó la Comisión Europea, indicando que los beneficios del reciente holding no debían fundamentarse en la falta de control legal en la red.
El interrogante que prevalece tras concluir esta transformación no radica en si la compañía perdurará, sino en si esta tasación exorbitante —respaldada por ciclos de inversión de 20.000 millones— resulta viable fuera del auge presente de la inteligencia artificial.
X ha dejado de ser una plataforma social para transformarse en una pieza de un sistema mucho más vasto, entregando su esencia de foro abierto en beneficio del “aprendizaje profundo”. ¿Representa la unificación completa de nuestra información de chat el coste forzoso del avance digital, o nos encontramos frente a la maniobra de inversión técnica más grande de estos diez años? Únicamente el transcurso de los días confirmará si Colossus, el superordenador que actualmente comanda el rumbo de la previa Twitter, constituye una fuente de sabiduría certera o una estructura sumamente frágil.


