IA

El fundador de Twitter, Jack Dorsey, expresa su rechazo hacia los algoritmos y encabeza un proyecto 'Libre de IA' que fomenta la autenticidad en los entornos virtuales.

IA en las redes

Las plataformas digitales de interacción han transferido su administración a complejos algorítmicos e instrumentos de inteligencia artificial que determinan qué contenidos se visualizan y cuáles quedan excluidos. Ante este control imperceptible surge gradualmente una tendencia alternativa que defiende el valor del ingenio humano.

He dado de baja mi abono en Spotify para adquirir un dispositivo MP3, y ese hecho ha transformado por completo mi vínculo con la música.

La IA ha impregnado las redes sociales en exceso, para muchos usuarios.

La IA ha impregnado las redes sociales en exceso, para muchos usuarios.

Diseño: Selu Manzano

“De 2013 a 2017, Vine fue mágico. Seis segundos de creatividad humana pura y sin filtros. Sin algoritmos que decidieran lo que veías. Sin IA que generara contenido. Solo gente real siendo creativa, divertida, peculiar y maravillosamente humana”.

Estas palabras corresponden a diVine, un portal que intenta restablecer la red social de nombre similar que perdió su vigencia hace diez años, donde el público publicaba grabaciones de apenas seis segundos. Aparte de actuar como un refugio para el recuerdo, este texto constituye igualmente un manifiesto ideológico. No se refiere únicamente a la historia de un servicio extinto, sino a una percepción cada vez más extendida vinculada a que la futura exigencia colectiva en la red no consistirá en mayor novedad, sino en una reducción del control algorítmico.

De este modo, un distintivo nítido y perceptible se establecerá progresivamente en el material que visualicen los internautas durante su navegación continua: Libre de IA. O, por lo menos, esa es la convicción y la meta que aparentemente persigue Jack Dorsey, máximo patrocinador de diVine.

El concepto fundamental resulta sumamente sencillo. Tal como detallan en su sección dedicada a la veracidad, su meta consiste en rescatar la vivencia inicial de Vine: grabaciones cortas producidas por individuos de verdad, carentes de material elaborado mediante inteligencia artificial o perfeccionado por procesos algorítmicos, prescindiendo de mecanismos automatizados que determinen en nuestro lugar aquello que debe visualizarse. “La creatividad humana no necesita ser amplificada por máquinas”, sostiene el escrito. “Necesita espacio, límites claros y una comunidad que valore lo real por encima de lo eficiente”.

Jack Dorsey tiene claro que la IA y los algoritmos intoxican las redes sociales.
Jack Dorsey tiene la certeza de que la inteligencia artificial y los algoritmos degradan las plataformas sociales.Terceros

Dorsey lo ha manifestado de forma todavía más nítida en sus intervenciones ante el público. Durante la charla otorgada a TechCrunch debido a la reapertura del catálogo de Vine y el respaldo financiero para diVine, el creador de Twitter recalca que el inconveniente no radica en la tecnología, sino en la cultura. “Hemos confundido crecimiento con valor”, indica. “Los algoritmos y la IA han optimizado la atención, pero han empobrecido la experiencia. Quiero volver a plataformas donde las personas se encuentren sin intermediarios invisibles”. Posteriormente agrega: “No me interesa construir algo más grande. Me interesa construir algo más honesto”.

Los sistemas algorítmicos y la IA han perfeccionado la asistencia, no obstante, han deteriorado la vivencia.

Jack Dorsey

Fundador de Twitter y de diVine

Dicha integridad consiste, en diVine, en rechazar de forma abierta el sometimiento a la inteligencia artificial que actualmente caracteriza a la mayoría de las plataformas sociales y a diversos canales informativos. Este vínculo entre los recientes mass media y el sistema algorítmico, de acuerdo con el mismo Dorsey, resulta muy perjudicial y tiene que eludirse, ya que “cuando la IA empieza a crear por nosotros, deja de ser una herramienta y se convierte en un sustituto. Y ahí perdemos algo esencial”.

Esta postura no representa un acto solitario, sino que concuerda con el camino actual de Dorsey como un perfil progresivamente crítico en el entorno del capitalismo tecnológico sin apartarse de este. Siendo cofundador y habiendo ejercido por mucho tiempo como CEO de Twitter, presenció de primera mano —y propició parcialmente— la evolución de una plataforma originalmente libre hacia un sistema centralizado, regido por los intereses comerciales, el afán por lo viral y la falta de transparencia en la gestión.

Su partida de la firma, en consecuencia, no resultó meramente corporativa, sino de carácter ideológico. Después de dejar Twitter, Dorsey promovió Bluesky, una iniciativa diseñada como un estándar abierto y distribuido para plataformas sociales. Pese a que Bluesky ha experimentado una evolución inconstante, su esencia original descartaba el establecimiento de un sistema cerrado para priorizar la vinculación global donde la autoridad no recaiga en una única entidad.

No obstante, Dorsey igualmente se marchó desencantado de dicha empresa en 2024 y regresó, aun con sus reproches al manejo de Elon Musk, a su cuenta de Twitter, ahora X. Su mensaje anclado manifiesta su descontento anarcocapitalista, un aspecto que parece nimio, pero es sumamente relevante y dice lo siguiente: “Rechazamos: reyes, presidentes y votaciones. Creemos en: consenso aproximado y código en funcionamiento”.

Esta sentencia, vinculada a David Clark en 1992, condensa los valores iniciales de internet: un entramado sin mandos centrales, regido no por entes de poder, sino por grupos de especialistas y pactos de ejecución. Que un antiguo máximo responsable de una de las firmas tecnológicas más grandes del planeta sostenga ese lema como su principal credencial, de nuevo, no es algo trivial. Constituye una firme postura ideológica.

Bajo este enfoque, el compromiso con plataformas exentas de IA no constituye una oposición tecnofóbica, sino una tentativa de reformular el esquema legal y cultural del entorno digital. En este punto se vincula estrechamente con las ideas de Lawrence Lessig, experto legal y académico que ha sostenido durante mucho tiempo que “el código es ley” (Code and Other Laws of Cyberspace, 1999). En otras palabras: la estructura técnica de la red establece, de hecho, nuestros derechos y restricciones. Cuando el código privilegia el control, la eficiencia y los procesos automáticos, esa será la realidad que percibamos como habitual. Sin embargo, si la programación se orienta hacia la transparencia, la autonomía y la participación de las personas, la consecuencia podría ser radicalmente diferente.

El algoritmo decide por ti las publicaciones que verás en las redes sociales.
El algoritmo decide por ti las publicaciones que verás en las redes sociales.Getty Images

Lessig ha sostenido que el porvenir de la red no se basa únicamente en normativas externas, sino en sistemas abiertos, claros y verificables. Iniciativas como diVine o Bluesky se orientan, con distintos niveles de logro y variada incertidumbre ética, hacia ese camino. Si bien están lejos de representar un edén tecnológico, al menos plantean una opción frente al fatalismo de los algoritmos que actualmente luce ineludible.

Bajo esa perspectiva, no es ilógico pensar que, de igual forma que solicitamos distintivos de libre de azúcar o gluten free en los productos comestibles, comencemos a solicitar entornos virtuales debidamente identificados como “libres de IA”. Sitios en los que tengamos la certeza de que el contenido proviene de una persona y no de un objeto; en los cuales el interés no resulte aprovechado por algoritmos de predicción; donde la singularidad, los fallos y los defectos, o sea, la esencia humana, recuperen su importancia dentro de plataformas presuntamente sociales.

Docente de Filosofía, columnista, autor teatral, creador de guiones y un extenso etcétera. Al consultar el significado de intruso profesional, se muestra mi imagen.

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