Ivan Zhao, el fotógrafo que creó el portal Notion, valorado en 10.000 millones: “El software puede y debe ser hermoso”
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Tras despedir a toda su plantilla y sobrevivir a base de fideos instantáneos, Ivan Zhao ha convertido Notion en un gigante de internet sin ceder el control a Silicon Valley
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Ivan Zhao, fundador de Notion
Esta es una historia de éxito, de aquellas que ejemplifican el trabajo y el esfuerzo —y también la desinversión— como pilares para la reconstrucción de un proyecto agonizante. Nadie apostaba lo más mínimo por Ivan Zhao y su socio Simon Last, cofundadores de la plataforma de software de organización Notion, una de las más usadas en el presente, que estuvo a punto de desaparecer entre la inmensidad de startups tecnológicas fracasadas.
Era 2016 y el sueño de Zhao se desmoronaba en San Francisco. La primera versión de su software había sido un fiasco técnico y comercial, la caja de la empresa se vaciaba y la moral estaba por los suelos. Ante la perspectiva de quiebra, Zhao y Last tomaron una decisión: despidieron a todos los empleados, subarrendaron su oficina para recuperar algo de capital y se mudaron a Kioto, Japón, buscando un entorno monástico y barato donde repensar su existencia.
En un apartamento minúsculo, donde según relatan “apenas cabían los dos en la cocina”, pasaron meses programando dieciocho horas al día, vestidos en ropa interior y alimentándose de comida precocinada. Aquel periodo, conocido en la historia de la compañía como la “carrera loca de Kioto”, no solo salvó el código, sino que forjó el alma de una empresa que hoy desafía a Microsoft y Google: “Éramos solo código, código, código… parábamos a comer y seguíamos”, recordaría más tarde Last sobre aquel encierro creativo.
La obsesión de Zhao nunca fue crear un simple negocio, sino resolver un problema filosófico heredado de los pioneros de la informática de los años sesenta. Nacido en China y criado en Vancouver, Zhao siempre se sintió atrapado entre dos mundos: la estética de las Bellas Artes y la lógica de las Ciencias Cognitivas. Su epifanía surgió al leer un ensayo de 1962 de Douglas Engelbart, comprendiendo que los ordenadores actuales habían traicionado su promesa original: en lugar de ser lienzos creativos, se habían convertido en máquinas de escribir glorificadas.

Su misión se volvió espiritual: democratizar la creación de herramientas digitales. Como suele explicar el propio Zhao al recordar ese momento de revelación: “Esto es lo que voy a hacer con mi vida: usar mis habilidades para que la gente común pueda personalizar su experiencia informática más allá de los límites de Word o Excel”.
Zhao ha logrado lo imposible en el mundo de las startups: levantar miles de millones en financiación manteniendo a los inversores fuera de la junta directiva, priorizando la estética y la «artesanía» del software sobre el crecimiento desmedido
Para lograr que el gran público aceptara una herramienta tan potente, Zhao tuvo que aplicar una estrategia de diseño que él mismo denomina “recubrir el brócoli con azúcar”. Aprendieron a la fuerza que los usuarios no se despiertan queriendo construir software, sino queriendo solucionar tareas diarias.
La complejidad técnica de las bases de datos relacionales —el “brócoli”— debía quedar oculta bajo una interfaz minimalista y amena —el “azúcar”— que recordara a un folio en blanco. Esta obsesión por la artesanía digital y la belleza, donde el software se trata como una obra de arte y no como un producto industrial, fue la clave del renacimiento. “Tuvimos que esconder la capacidad de programar”, admite Zhao sobre el rediseño que transformó un producto obtuso en el estándar de oro de la productividad moderna.
Y el resto es historia. El crecimiento posterior desafió todas las leyes de gravedad corporativa. Sin un equipo de ventas agresivo, Notion comenzó a expandirse de manera viral gracias a una comunidad de fanáticos que compartían sus plantillas en redes sociales.
El punto de inflexión cultural llegó en 2020, cuando la Generación Z adoptó la herramienta en masa, provocando que “unos vídeos virales en TikTok titulados “How I use Notion” generaran una avalancha de nuevos usuarios tan grande que los servidores colapsaron”. Esta tracción orgánica validó la tesis de Zhao: si el producto es lo suficientemente flexible —como un LEGO digital—, los usuarios encontrarán formas de usarlo que ni siquiera sus creadores habían imaginado.
Lo que distingue verdaderamente a Ivan Zhao en el ecosistema tecnológico es su férrea defensa de la independencia frente al capital de riesgo. A diferencia de otros fundadores que diluyen su poder a cambio de crecimiento rápido, Zhao mantuvo al equipo increíblemente pequeño durante años bajo el mantra de “perseguir clientes, no rondas de financiación”.
Esta disciplina financiera le otorgó una ventaja negociadora sin precedentes cuando los inversores finalmente llamaron a su puerta. Logró levantar capital valorando la empresa en 10.000 millones de dólares bajo condiciones históricas: Zhao negoció estas rondas sin ceder asientos en el directorio; ningún inversor tiene puesto en el consejo de Notion, lo que confirmó que el control creativo sigue residiendo exclusivamente en los fundadores.
Hoy, con la mirada puesta en la Inteligencia Artificial y una posible salida a bolsa hacia 2026, la visión de Zhao ha evolucionado de la organización de documentos a la colaboración con máquinas pensantes. Fue uno de los primeros en integrar modelos de lenguaje, lanzando su asistente virtual “dos semanas antes de ChatGPT” y demostrando una agilidad impropia de una empresa de su envergadura.
Para Zhao, la tecnología no es un fin, sino un medio para construir una “catedral” perdurable. Su filosofía sigue intacta: en un mundo de herramientas rígidas, la belleza y la flexibilidad son las únicas ventajas competitivas reales, porque, en sus propias palabras: “El software puede y debe ser hermoso”.

