Opinión

Catalufos y cristianos

The Yoga Gallery tomará la isla del Llatzeret durante la primera semana de junio

The Yoga Gallery tomará la isla del Llatzeret durante la primera semana de junio

REDACCIÓN / Otras Fuentes

Hace unos años el anuncio supuestamente escrito en catalán de una cafetería se llevó el récord de faltas ortográficas en el menor espacio posible. Decía “pren-te un i emporta’t un altre gratis. Oferte fins esgotar existéncies” pisoteando los correctos pren-te’n, emporta-te’n, oferta, fins a y existències. Cinco errores en tres tristes frases. Un desastre, que se sepa, todavía imbatido. La Generalitat Valenciana también firmó su momentazo con un legendario cartel a todo color anunciando “la nueva prueva de acceso a la universidad” a miles de estudiantes de 2.º de bachillerato a punto de ir a examen, mientras que en un CAP catalán dieron igualmente la nota con su consejo escrito: “Veu 2 litres d’aigua al día. Estem en temps de sequia” (por “beu”, “dia” y “sequera”).

The Yoga Gallery tomará la isla del Llatzeret durante la primera semana de junio
The Yoga Gallery tomará la isla del Llatzeret durante la primera semana de junioThe Yoga Gallery

Fallan todos. Viejos y jóvenes. Boomers y adolescentes. Doctorados y licenciados. Hasta elegidos, como la profesora universitaria Digna Couso –que el Departament d’Educació de Pere Aragonès puso en el grupo de expertos que debían mejorar el aprendizaje en Catalunya tras los desastrosos resultados de las pruebas PISA– son capaces de meteduras de pata magistrales. Ella publicó “devatir” en X. Imperdonable esa v. La confusión es imposible. Debatir en catalán es “debatre”. Las intentonas para frenar el desgaste se suceden.

Pero el lío crece y crece. A medida que se escribe más y se habla menos, ahora que ya ni llamamos, sino que redactamos (o lo que sea) por teléfono, pasamos más que nunca de la norma. Y parece que la gramática solo preocupa (temporalmente) a los estudiantes que en la próxima EBAU no podrán permitirse más de dos faltas en cualquier asignatura y una sola en lengua. Les queda nada, meses, pero la duda es si para entonces serán capaces de reconocer en qué lengua se están dirigiendo a ellos. La falta de comprensión, y ya no solo lectora, es global. Se materializa donde menos se la espera.

El otro día presencié, más bien me tragué, como un joven interrumpía la cómoda incomodidad de una práctica de yoga con su “basta de catalufo. A mí me hablas en cristiano”. Dejó pasmado al maestro de ashtanga (ocho sendas significa) que como doctorado en Lengua (en lenguas) se ha hartado de explicar que esa expresión, la de hablar en cristiano, surgió en la edad media para diferenciar a los hispanohablantes, los “cristianos”, de quienes usaban árabe o hebreo.

 ¿Se puede confundir el catalán, el catalufo, con el sánscrito? El maestro entró por la vía rápida, decía, en savasana (sava es cadáver y asana, postura). Se quedó muerto. Como nuestras lenguas. Todas víctimas del nuevo lenguaje del absurdo y otras montoyadas de turno.