
Russ & Daughters

Desde siempre me han apasionado los alimentos ahumados. Me encantan en cualquiera de sus formas… pescado, embutido, mantequilla... Holanda, Dinamarca, Noruega, Islandia, Suecia, Finlandia, Alemania y Francia son paraísos gastronómicos para mí. Pero ninguna oferta supera la de un pequeño restaurante en el 127 de Orchard St., en el Lower East Side de Manhattan, en Nueva York.
Russ & Daughters, efectivamente, es un paraíso para los amantes de los productos ahumados y la antorcha de la comida judía en Estados Unidos. Y no solo lo es el restaurante, también lógicamente lo es su tienda original de appetizers en el 179 E de Houston St., fundada en 1914, y que está al lado del icónico Katz’s Deli.

La denominación de Russ & Daughters representó la primera vez que un negocio de EE.UU. Introducía en su denominación comercial y mercantil la palabra hijas, en lugar de las más habituales hijos (sons ) o hermanos (brothers). Fue una decisión sabia y feminista y avanzada en el tiempo del fundador del negocio, Joel Russ, un judío polaco que decidió dar ese paso al comprobar que sus hijas Hattie, Ida y Anne eran dignas seguidoras de su negocio y que con su esfuerzo justificaban el apodo de Reinas del Esturión.
Proveedor incansable de pescado ahumado, bagels, caviar y pepinillos, Russ & Daughters es una institución neoyorquina. La empresa forma parte, además, del uno por ciento de las compañías estadounidenses que se mantienen firmes en su cuarta generación, un logro increíble que puede enorgullecer a quienes lo alcanzan o superan.
Nueva York vive hoy estremecida; si alguien conoce a Donald Trump, son los neoyorquinos
La clientela del Russ & Daughters es un reflejo de la ciudad más colosal y multicultural del planeta. Esta tierra de raíces indias lenapes y tronco holandés, ha visto crecer sus ramas y hojas a lo largo de cuatro siglos gracias a millones de personas procedentes de los dos hemisferios.
Nueva York vive hoy estremecida. Si alguien conoce a Donald Trump, son ellos, los neoyorquinos, gente amante del progreso y el bienestar, pero alejados de las filosofías de este peligroso presidente.
El choque emocional en la Gran Manzana con el segundo mandato del magnate hotelero es palpable en todas las conversaciones. Trump es una pesadilla y causa miedo a miles de personas que no sienten aquel abrazo del Nuevo Mundo que sí recibieron los millones de Joel Russ que llegaron a Nueva York para formar su hogar y contribuir a que esa ciudad se convirtiera en la gran urbe de la Tierra.
