Hablando de cónclaves, el expresident Carles Puigdemont emitió el lunes una filípica ante las huestes parlamentarias desplazadas a Waterloo de la que llama la atención este pasaje: “Algunos dicen que debe volver Convergència, pero lo que existe es la convergencia de fastidiar a Junts per Catalunya como sea”. ¿Fastidiar a Junts per Catalunya? ¡Si se fastidian solos!
He aquí la actualidad: Junts se abstuvo ayer de suscribir el Pacte per la Llengua, que inyectará una millonada para la defensa del catalán. ¡Incluso Òmnium ha estampado su aval de pureza si bien lamentan –otros que nunca están contentos– que la dotación de 256 millones en el primer año “no está a la altura”!
Puigdemont debe de ser el único en su partido que no añora Convergència
Me extraña que el mundo se haya unido para fastidiar a Junts per Catalunya y aún menos en forma de convergencia. Quizás estamos ante un juego de palabras de Puigdemont, que debe de ser el único en el partido y su afición que no añora los tiempos de Convergencia, cuando ganaban las elecciones y esto era un oasis. Hablando de juegos, ¿vota Junts en el Congreso, el Parlament o la Eurocámara siguiendo el manual de instrucciones de Juegos Reunidos Geyper? Y no es por fastidiar –sé de alguno imbatible–, es por desconcierto.
La soledad del exilio moderno debe de ser muy mala para quien la practica aunque no se crea que por aquí no nos pasamos el día pensando en chinchar a quien ya se chincha solo o en las urnas, evidencia objetiva de en quién confían y en quién no los catalanes. Ahí sí que podríamos hablar de una convergencia de sufragios contantes y sonantes adversa para Junts.
La distancia es el olvido, como dejó claro el espectacular retorno de Puigdemont en agosto, cuando no cabía ni un alma en el parterre del Arc de Triomf. Algo me dice que el expresident se ha desconectado de la realidad o vive rodeado de unos seguidores que ríete de la cuadrilla de Roca Rey. Porque aquí son muchos los que añoran Convergència y se lo dice uno que no solía votarles pero que tampoco es tan ciego como para no reconocerles ciertas virtudes que ni tiene ni tendrá nunca Junts, la contradicción en estado puro.
