
Confesiones, sinsabores y santísimas elecciones
Cuadernos del Sur
“Si caminas de espaldas a la meta nunca llegarás a alcanzarla” reza un viejo adagio que subraya –no siempre con éxito– que es poco inteligente apartarse mucho del camino si uno quiere llegar a algún sitio. El presidente de Andalucía, que dentro de ocho meses se presenta por segunda vez a la reelección, presume de haber abierto un sendero propio: la vía andaluza. Pero su problema es que, tras la crisis política desatada hace más de un mes por el grave deterioro sanitario, el terreno tiene baches y empieza a llenarse de guijarros.
Moreno Bonilla, que a la vuelta del pasado verano ya tenía diseñada una estricta hoja de ruta electoral –con una llamativa bajada de impuestos para los contribuyentes que vayan al gimnasio y posean mascotas, además de muchas sonrisas y parabienes universales–, ha descubierto que la realidad no respeta los anhelos humanos.
Justo cuando surgían dudas demoscópicas sobre si podrá conservar la mayoría absoluta (o caer de nuevo en las garras de Vox), se ha encontrado con una desconfianza social mayúscula con respeto a su gestión sanitaria.

Desde entonces se mira en los altos espejos del Quirinale y no se reconoce. Todo le parecen sinsabores. Esta semana, acaso para conjurar tanta incertidumbre, decidió que era hora de proseguir con el protocolo del optimismo y, aunque semanas antes había ordenado suspender actos públicos, se atrevió a presentar su primer un libro/testimonio/masaje, que, como ya explicamos en estos Cuadernos del Sur, tiene el creativo título de Manual de Convivencia (Espasa).
Igual que la Biblia, la obra inspirada por el inquilino de San Telmo tiene diversas autorías. Cuatro son los evangelistas. El presidente eligió presentarla en sociedad en la antigua Fábrica de Artillería de Sevilla –en cuya fundición se moldearon los leones del Congreso de los Diputados–, en vez de en Madrid, que era donde estaba previsto.
La coyuntura no aconsejaba exponerse a la trituradora política de la Villa y Corte a pesar de que el libreto y la música habían sido compuestos para amplificar su imagen en la capital de España. Moreno llenó: 300 invitados. La cosa no tiene mérito alguno cuando administras un presupuesto de 51.597 millones de euros.

Sonreía mucho pero se le notaba frustrado –fueron sus palabras– porque los hechos han alterado el cuento en el que habita desde diciembre de 2018, cuando sucedió la Grande Carambola y un PP con el peor resultado de su historia en el Sur de España desalojó al PSOE del poder.
Por supuesto, debió ser una satisfacción para el presidente ver entre los asistentes al exministro Zoido –que el día del eclipse planetario tuvo que volver a Sevilla a mitad de trayecto, sin llegar a Génova, donde iba a exigir una gestora para quitarle– o al alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, designado candidato por decisión unilateral de Pablo Casado –sin su plácet– y la alternativa para sustituirle.
¿Ironías del destino o favores del azar? Ambas cosas.
Pero se le notaba perplejo por la vía de agua abierta en el casco de su carabela. Sin duda, debido a la falta de costumbre. El Quirinale lleva siete largos años dentro en un sueño y acaba de descubrir que el pacto ficcional merced al cual detenta al poder, gracias a la suspensión de la incredulidad de los soberanos electores, ya no rige.
Al modo de San Agustín, Moreno confesó que tras el escándalo, que esta semana se ha cobrado tres nuevas destituciones de directivos médicos, se sintió “superado e impotente”. No sólo por los fallos médicos, sino por la manipulación que la oposición hace del affaire.

El ruido social le ha inquietado siempre, desde el principio, lo que no deja de ser un hecho tan asombroso como que un marinero se ponga nervioso porque haya olas, marejadas y tempestades en el océano abierto. Pero así es la subjetividad: libérrima y caprichosa.
El líder del PP andaluz había imaginado su debut editorial como un recordatorio (sobre todo destinado a sí mismo) de que, en política, lo que en un momento dado parece imposible puede llegar ocurrir.
Cosa lógica, porque así ha sido su historia. Pero lo asombroso es que crea que la rueda de la fortuna, esa noria que un día te lleva a la cumbre y otro te devuelve al suelo sin darte mayores explicaciones, tenga que dejar de girar cuando tu cabina se encuentra en la cima.
El presidente niega que su éxito sea una casualidad. Quiere pensar que fue el resultado de una hábil estrategia política. También los niños creen en los Reyes Magos de Oriente. Aunque, por suerte para todos, son los padres, cuya dedicación hacia sus vástagos es mucho más constante y verosímil que estos inauditos relatos infantiles.
La conquista de San Telmo se debió a la confluencia de todas las derechas, aunque Moreno, como el narrador del Quijote, no quiera acordarse. Su libro es hijo de su memoria, no un relato histórico. No basta con llegar el primero una vez para perdurar para siempre.
De idéntica manera que el PP desalojó al PSOE del Quirinale, la pérdida de la mayoría absoluta de la derecha meridional no es una hipótesis. Es posible, aunque su hegemonía diste de ser fugaz. Va a depender de las urnas y del resultado de las santísimas elecciones. La democracia no es un guión de Hollywood con un final feliz. Es una novela naturalista. Quien haya leído a Émile Zola, lo sabe

