Opinión
Màrius Carol Pañella

Màrius Carol

Consejero editorial

La magdalena de Messi

FUTUROS IMPERFECTOS

La patria es nuestra infancia, como nos avisó Rilke, pero la casa es el estuche de nuestra vida (Le Corbusier). La visita de Leo Messi al Camp Nou de sus éxitos en Barcelona, solo, sin avisar a nadie, por la noche, es un momento de una profunda intimidad. El hogar no es un lugar sino una sensación, así que quiso volver a experimentar esta emoción sin que nadie pudiera aprovecharse de ello. Fue un momento proustiano, aunque sin magdalena.

  
  Efe

Marcel Proust, en En busca del tiempo perdido (Por el camino de Swann) recuerda su vuelta a la casa de Combray para recuperar los mejores años de su vida. Lo de “la torta bajita y regordeta” que le ofrece su madre con el té es un viaje más de la memoria. El protagonista pone en valor todo lo que vivió en aquel lugar: los nenúfares de Vivonne, las buenas gentes del pueblo, las casitas, la iglesia, sus jardines, aunque todo parece tomar forma en un pastelito.

Messi quiso vivir en la soledad del estadio un momento íntimo, aunque no exento de crítica

Ciertamente, la vuelta a casa, el retorno a los orígenes, el descubrimiento en los cambios del paisaje del paso del tiempo es un recurso de los novelistas. De Cesare Pavese a Paul Auster, pasando por Danielle Steel. La foto de Messi en un rincón del césped, mirando la inmensidad del estadio pone la piel de gallina. Es el héroe que vuelve a casa, como un Ulises redivivo, aunque a él no le recibe nadie porque quiere dejarse llevar por el impacto emocional de este instante único sin que le molesten. Luego escribiría en su red social: “Anoche volví a un lugar que extraño con el alma. Un lugar donde fui inmensamente feliz, donde ustedes me hicieron sentir mil veces la persona más feliz del mundo”.

Hay quien ha querido ver en esta visita, de la que no avisó al club, una manera de mostrar el disgusto con Joan Laporta, que, en el último momento, le retiró el contrato acordado alegando que el club no podía asumir su coste. La junta tuvo la habilidad de darle la bienvenida y no hacerse la ofendida. Messi fue tan sutil en sus palabras como cuando encara el portero rival. Incluso cuando añadió en Instagram: “Ojalá algún día pueda volver y despedirme como nunca pude hacerlo”. ¡Claro que sus palabras desprendían contrariedad! Es lo que tiene la nostalgia, que, como la verdad, no tiene remedio.

Etiquetas