Porque no basta con escribir los nombres con un rotulador sobre el papel de embalar los regalos, hay que pegar una etiqueta blanca. Porque la letra tiene que ser ligada como las longanizas y más bonita que la de un diploma falso. Porque incluso el papel de empaquetar tiene que ser más precioso que el contenido.
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Porque tengo el cuñado que menos comentarios de cuñado hace, y no da margen a que arda la sobremesa y a tirarnos burbujas de cava a la cara. Porque nos dividimos entre los que les gusta la bechamel y los que la querrían solo para rellenar cremas coreanas para la cara. Porque entre los que nos gusta nos subdividimos según si tiene que ser grumos free o no.
Porque el paro navideño en la Liga es la ocasión perfecta para que el Madrid se reponga y deje de practicar un fútbol tan atractivo como el escaparate de una ortopedia. Porque la Navidad es blanca.
Porque Papá Noel no existe. Porque los Reyes Magos no existen. Porque la persona que es capaz de comerse solo un barquillo no existe.
Porque Noche de Paz es más lenta que una patada de astronauta.
Porque en julio se me murió Ozzy Ousborne, el mayor odiador de Navidades y, por tanto, referente. Porque por mi cabeza pasea y resuena sin cesar un George Michael enlacado cantando sin compasión el LastChristmas. Porque en marzo Mariah Carey ganó la demanda por plagio por su All I want for Christmas is you. Porque por mucho que la canción del demandante se pareciera tan poco como Vinicius a Neymar, con los tres millones de euros al año que se embolsa con la cancioncilla, la Carey habría merecido un poco menos esta Navidad. Porque cobra derechos de autor cada vez que la tarareas o la cantas en tu cabeza.
Porque todo el mundo remueve la ropa en las tiendas y en el montón de los jerséis de color gris perla a la XS no le sigue una S, sino una XL, o con suerte una L. Porque la M nunca está.
Porque...
Porque...
Porque el jersey debería hacer más ilusión a quien lo regala que a quien lo recibe
Porque los grises de esta pareja de Pantomima Full son, por desgracia, reales.
Porque soy más de los niños pobres del Father Christmas de los Kinks, que quieren linchar al Papá Noel de un grandes almacenes si no los da dinero en vez de “estúpidos juguetes”, porque los juguetes son para los niños ricos.
Porque niños como ellos los hay en todas partes y nos olvidamos. Porque todos tenemos muertos y en Navidad no podemos olvidarlos.
Porque todas estas naderías de la letra en los regalos, las burbujas de cava y las canciones despreciables no suspenden los bonitos recuerdos que forjáis todos los familiares y las amistades que me llenáis el alma cada vez que nos vemos. Y porque se me empañan los ojos siempre que os recuerdo en estos recuerdos.

