Opinión

¿Turrón o panettone?

No hubo un referéndum doméstico, pasó de golpe. Como con esas modas que no lo parecen hasta que ya lo han cambiado todo, un día el turrón duro y dispuesto a romper dientes –o blando, o de autor, de Jijona o de Alicante o de Agramunt como los Vicens– cedió su lugar en nuestras mesas navideñas al panettone alto, esponjoso, perfumado y extranjero. Envuelto en papel fino y su pedante discurso italiano impreso en etiqueta de diseño, irrumpió en nuestras celebraciones navideñas sin haber sido invitado. Innecesariamente solemne. Dando por hecho que con lo nuestro ya no tenemos suficiente.

 
 LV

No es que el turrón de bordes geométricos y memoria comprimida en brillantes celofanes desapareciera, lo que quizá habría sido más digno, sino que perdió o más bien cedió la centralidad para siempre. Relegado por su hermano latino disfrazado de mejora y modernidad (y el buen rollo de sus fermentaciones largas y masa madre) pasó de símbolo a complemento para quedar marginado, entre barquillos y polvorones, en la bandeja del “por si acaso”, la bandeja de los losers . Lo peor es que ahora puede suponer una falta (grave) de sofisticación exigirlo porque es demasiado dulce. Demasiado nuestro. Demasiado lo de siempre. Porque nos aburre todo lo que no llega con relatos renovados.

Lo que nos pasó con la pizza, que de tan flexible, individual, rápida y democrática dejó para siempre en un segundo plano los larguísimos cocidos de domingo que obligaban a quedarse, a repetir y a escuchar, lo reedita la imparable fiebre del panettone, que ¡ojo! Habla menos de Italia que de nosotros mismos. Porque delata nuestra necesidad de cambiar constantemente incluso en lo que debería permanecer. Delata nuestra sospecha hacia lo repetido. Delata la incomodidad que nos produce reconocer que hay placeres que si no evolucionan es porque no hace puñetera falta. Relata y confirma nuestra caída libre hacia todo que lo que bajo falsas promesas de ligereza nos aparta de la densidad y la espera.

El turrón, tan pegajoso e insistente, no admite un consumo distraído. Duro como la realidad y blando como los recuerdos, se detiene en nuestras muelas y en la evocación. Y no, no quiere ni puede derrotar la amabilidad de ese panettone presumido y alejado de todo compromiso. Porque su verdadera crisis, la del turrón, no es gastronómica, sino emocional. Porque el turrón te recordará de dónde vienes y el panettone te hará creer que viajas. Porque el turrón no quiere ser ligero. Porque pide cuchillo, tiempo y la determinación que exigen todas las cosas que verdaderamente importan. Porque el panettone, que desgarras con las manos, es instagram y el turrón, memoria.

Margarita Puig Boronat

Margarita Puig Boronat

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Margarita Puig (Barcelona). Empezó su carrera profesional en el  Diari de Barcelona. Desde entonces la hemos visto y escuchado en programas tan variados como  Gol a Gol; Tot l’esport; Bonic vespre; Versió Original; El club; Catalunya, parada i fonda; Senyores i senyors, en el programa de Toni Clapés  Versió RAC1; en  Els matins de Josep Cuní, en TV3; en  8 al dia, de 8TV; Escletxes en BTV y Blanc sobre Blanc, en el  Canal 33. Conocedora de los rincones más recomendables e insólitos de Barcelona, también es autora de guías como  Restaurantes de Barcelona donde nunca te han llevado

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