Opinión
Màrius Carol Pañella

Màrius Carol

Consejero editorial

La gasolina que mueve el mundo

FUTUROS IMPERFECTOS

El Diccionario de Oxford ha afinado más que la Real Academia Española con la palabra del año. FundéuRAE escogió el término arancel, con el que Donald Trump mareó al mundo (menos a los rusos) durante meses. En cambio, los ilustres sabios de Oxford han elegido el término rage bait, que significa “provocar la ira o incitar al odio”. Los aranceles no mueven el planeta, pero el odio se ha convertido en la gasolina que lo hace funcionar. Los odiadores se han apoderado del debate público en las cancillerías y en las redes sociales. Ser un hater no resulta un menosprecio, sino un elogio.

 
 AFP

El campeón es el inquilino de la Casa Blanca, que en Nochebuena deseó feliz Navidad a todos “incluida la escoria de la izquierda radical”. Nunca un presidente de Estados Unidos había enviado un mensaje navideño tan desconsiderado. No sé por dónde empezó a leer la Biblia, pero la frase es impropia de la conmemoración del día. Horas después, otro estado­unidense, León XIV, expresaba en su homilía el rechazo al odio, la violencia y la confrontación, y animaba al diálogo, la paz y la reconciliación. En realidad, uno es de Marte y el otro de Venus.

Oxford elige como palabra del año ‘rage bait’ (incitar al odio), que define nuestro tiempo

El odio ha estado siempre presente en el mundo, pero no hasta el extremo de ser una moneda de cambio como en la actualidad. El griego Plutarco advertía hace dos mil años que era una tendencia con la que se pretendía aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás, lo que serviría para definir las políticas que dominan la Tierra. Prefiero la definición que hizo Graham Greene, novelista y espía, cuando dijo que “el odio no es más que la carencia de imaginación”, pero la supera el dramaturgo Tennessee Williams cuando escribió que “el odio es un sentimiento que solo puede existir en ausencia de toda inteligencia”. Si el odio pagara aranceles, serían legión los que se verían abocados a la ruina.

Como en estas fechas tampoco hay que ponerse dramático, ni malhumorarse en demasía, acabo con una frase de las memorias de la actriz Zsa Zsa Gabor, que se casó nueve veces: “Nunca he odiado a un hombre tanto como para devolverle sus diamantes”. Igual debe de pensar algo parecido Trump para no retornar a los países los aranceles anteriores.

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