
El ritmo de Rodoreda
¿Saben cuando te haces la idea de ir a un sitio un día concreto y crees que vas a estar sola, que eres muy original y solo se te ha ocurrido a ti..., y resulta que está hasta los topes? ¿A que les ha sucedido? Me pasó hace unos días en el CCCB. Un domingo por la tarde en medio de las fiestas me imaginaba que habría cuatro gatos visitando la exposición Rodoreda, un bosc y que podría bailar de sala en sala. Refunfuñé y me alegré a la vez. Que Rodoreda interesa era el resumen evidente. Además había muchos jóvenes. Era un placer aunque fueras tropezando con gente por todas partes o tuvieras que esperar turno en algunos momentos para ver los documentos de una vitrina, un vídeo o leer un fragmento de La plaça del Diamant (“ A casa vivíem sense paraules i les coses que jo duia per dintre em feien por perquè no sabia si eren meves...”), de Mirall trencat , de La mort i la primavera o de Jardí vora el mar...

La megaexposición me recordó otras de hace años en el propio CCCB que resultaron muy celebradas, como las dedicadas a Espriu, Calders, la literatura catalana en el exilio o Pessoa. Evidentemente, Rodoreda como materia prima para trabajar es un tesoro, pero creo que gran parte del mérito es de la comisaria Neus Penalba, de cómo ha tejido el tapiz. No ha ordenado los materiales cronológicamente ni separando vida y obra, por ejemplo, sino que ha dividido el espacio expositivo en grandes ámbitos a partir de los temas principales de la obra de Rodoreda: Innocents, Desig, Quanta guerra!, Cases i carrers, Metamorfosis i Ànima, donde a partir de afinidades, resonancias, referentes, coincidencias, relaciones... La literatura de Mercè Rodoreda se revela radical y contemporánea, dialoga, se entrelaza o se refleja en obras artísticas en varios formatos (libros, películas, pinturas, dibujos, esculturas...) Y de varias épocas, de autores como Rusiñol, Picasso, Perejaume, Dora Maar, Fina Miralles, De Chirico, Casas... Las fotografías de flores, en blanco y negro, de Laia Abril, Toni Catany o Man Ray. ¡No se imaginan qué flores, qué potencia!
La literatura de Mercè Rodoreda se revela radical y contemporánea, dialoga, se entrelaza o se refleja en un sinfín de obras de arte en la exposición 'Rodoreda, un bosc'
Y una mención especial para el vínculo Rodoreda-Pina Bausch, pasando por Cranach, donde vemos un fragmento de danza y leemos: “La escritora nunca vio una coreografía de Pina Bausch, pero un ritmo parecido anima los cuerpos de sus bailarines, poseídos por la debilidad del apareamiento, y la forma subversiva con que Rodoreda narra el deseo y el poder entre hombres y mujeres”.
Al final, una pared entera con traducciones de Rodoreda a más de cuarenta idiomas. Hasta el 25 de mayo tengo tiempo de volver para recuperar un montón de detalles. Quizá no estarán solos, pero ¡no se la pierdan!

