Opinión

Un debate inaplazable

El 2026 arranca con un Gobierno español que ha convertido la resistencia en programa y la espera en estrategia. Pedro Sánchez encara otro año político con el objetivo principal de aguantar a pesar de no tener presupuestos, de estar rodeado por escándalos de corrupción, de entrar en un ciclo electoral adverso –Extremadura ha sido el primer aviso– y de seguir sin una mayoría estable que le permita aprobar nada con cierta normalidad en el Congreso. Ya en el tercer año de legislatura, el balance parlamentario es pobre. Cada votación es una negociación distinta y cada ley exige un nuevo ejercicio de funambulismo y más cuando muchos de los socios de investidura, todos ellos igual de imprescindibles para sumar mayoría, compiten entre ellos.

Para mantener en pie la legislatura, Sánchez tendrá que fiarlo todo a dos carpetas que resultan muy incómodas en la política española, pero son las únicas capaces de garantizar los votos de los independentistas catalanes: el nuevo modelo de financiación autonómica y el aval definitivo del Tribunal Constitucional a la ley de Amnistía. Pero de las dos, como siempre, la más difícil es la financiación, que es la auténtica línea roja de la política española. La amnistía admite debate, discrepancia y relatos para todos los gustos, pero la financiación abre la caja de los truenos y siempre dispara los discursos inflamables contra Catalunya. Pronto lo veremos.

 
 Àlex Garcia

El actual debate sobre el nuevo modelo de financiación está encima de la mesa por la condición impuesta por ERC, en agosto del 2024, para apoyar la inves­tidura de Salvador Illa. Y antes, en noviembre del 2023, ya pactaron la condonación de una parte de la deuda del FLA para investir a Pedro Sánchez, una operación que, si no hay sorpresas de última hora, rebajará la deuda de Catalunya en unos 17.000 millones. Pero esta importante quita no es lo sustancial. El tema de fondo es el sistema de financiación, y los de Oriol Junqueras se han plantado y exigen a PSOE y PSC que cumplan sus compromisos. De cómo acabe todo esto no solo depende la continuidad de Pedro Sánchez en la Moncloa, sino también la estabilidad del Govern de Salvador Illa en Catalunya.

La prueba del algodón de hasta qué punto la financiación es un tema extremadamente sensible es la reticencia permanente, tanto de gobiernos del PSOE como del PP, a publicar las balanzas fiscales. Poner los datos negro sobre blanco, se tome el método de cálculo que se tome, siempre tiene la misma conclusión: Catalunya recibe mucho menos de lo que aporta. Los últimos datos publicados por la Generalitat en el 2021 estimaban un déficit fiscal de entre 14.500 y 20.200 millones de euros anuales. Ni más ni menos que el 8% del PIB catalán cada año.

Si el modelo de financiación encalla, la legislatura tiene los días contados

El propio president Illa ha defendido abiertamente el llamado principio de ordinalidad para recibir en función de lo que se aporta. La idea es simple y razonable, pero la realidad es muy distinta. Hoy, Catalunya ocupa el tercer puesto entre los territorios que más aportan al sistema, pero cae hasta el décimo después del reparto. Y no es una anomalía puntual, sino una constante que se repite año tras año y década tras década, amparada en una solidaridad que, por lo visto, debe ser perpetua y sin fecha de caducidad.

Abrir el melón de la financiación solo es políticamente viable si al final nadie sale perdiendo en términos absolutos. Ahora, las cifras macroeconómicas acompañan y eso ha permitido al Estado cerrar el año con un récord histórico de recaudación de impuestos que alcanzará los 325.000 millones. Otra cosa distinta es si esa bonanza se traduce en una mejora real de la renta disponible de las familias o en una moderación del precio de la vivienda, cosa que lamentablemente no ocurre. Pero desde el punto de vista estrictamente presupuestario, existen recursos suficientes para plantear un reparto más equitativo, devolviendo más capacidad financiera a quienes más aportan sin que nadie tenga que recibir menos de lo que ya recibía.

Si el modelo de financiación encalla, la legislatura tiene los días contados. Y con su final se abrirá otra etapa política agitada, previsiblemente con un Partido Popular dispuesto a bailar la música que Vox decida. El año 2026 empieza­ con buenos deseos y viejos problemas. ¡Mucha salud y feliz año nuevo a todos!

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