
La estrella número 51
FUTUROS IMPERFECTOS
Desde que el mundo es mundo, el hombre quiere dejar huella. Cuando la democracia empezó a extenderse por el planeta, sus impulsores dieron todo el protagonismo al pueblo. Pero pronto se apercibieron de que eso era un riesgo para ellos y para el propio sistema democrático. Por eso, cada equis tiempo aparece alguien dispuesto a salvar a la humanidad o a apoderarse de ella en nombre de la democracia. Pero además estos personajes quieren que se les recuerde con construcciones y monumentos, seguramente porque no se fían de los libros de historia.

Quienes aspiran a dejar huella no se conforman con figurar en las enciclopedias, sino que desean estar presentes en el paisaje. Desde el mausoleo de Augusto, que se hizo levantar en vida junto al Tíber el primer emperador romano como símbolo de poder y permanencia, hasta el Taj Mahal construido en Agra por el emperador Shah Jahan en memoria de su esposa y la suya propia, pasando por el Arco de Triunfo de París, a mayor gloria de Napoleón.
El mayor buque de guerra no solo llevará el nombre de Trump, sino que lo diseñará
En España, hay el caso curioso de Felipe IV, que quiso tener en Madrid una estatua ecuestre mayor y más épica que la de su padre, Felipe III. Así que se la encargó al escultor florentino Pietro Tacca, a quien le exigió no solo que fuera más imponente, sino que el caballo levantara la patas delanteras, de tal manera que pareciera que podía dominar su reino como su montura. El caso más entrañable es el de Juan Antonio Samaranch, que reformó la Casa dels Canonges siendo presidente de la Diputación y dejó la huella de su mano en hierro fundido en la puerta que conecta la residencia con la Generalitat.
Nadie pretende dejar tanta impronta como Donald Trump, que ha anunciado que construirá el mayor buque de guerra del mundo, que no solo llevará su nombre, sino que ayudará a diseñarlo porque está convencido de que es un hombre con gusto. Y seguramente hará enloquecer a los GPS cuando el usuario escriba su nombre, pues no sabrá si conducirlo al Trump Kennedy Center, al Instituto Trump por la Paz, al Arco Trump o al Trump Ballroom de la Casa Blanca. Solo le falta ponerse al lado de Lincoln en otro sillón de mármol, en un memorial compartido.
