
Tras Venezuela, Groenlandia y ¿España?
El patio digital
De Washington a Mar-a-lago, y de una sala blindada en la Casa Blanca a un salón de un club de campo. La detención, secuestro, extracción —en las redes hay definiciones para todos los gustos— de Nicolás Maduro y su esposa ha evidenciado cómo Donald Trump ha trasladado el centro de gravedad del poder norteamericano a su residencia de vacaciones. Las imágenes de la war room en la que se siguió la captura de Bin Laden con tensión en las caras de Barack Obama, Hillary Clinton y Joe Biden han sido sustituidas por unos cortinajes negros, sillas doradas y una pantalla en la que se sigue la conversación digital con la búsqueda “Venezuela”. Tres pestañas de X abiertas con emoticonos en tamaño gigante…
En las imágenes distribuidas por el propio Trump en Truth Social aparece el presidente norteamericano, el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el secretario de Estado, Marco Rubio, y el director de la CIA, John Ratcliffe. Se echa en falta al vicepresidente JD Vance, pero no a Elon Musk. El magnate dueño de X cenó con Trump y su esposa antes de la incursión de los Delta Force en Caracas y el time-line de su red presidió la operación que ha puesto al mundo en alerta.

El ágora digital se pregunta si X es un arma de guerra y Musk confirma que su ruptura con Trump al salir del Gobierno no está reñida con el negocio. Antes de que el presidente de Estados Unidos verbalizara su predisposición a repetir la operación contra Gustavo Petro en Colombia —“suena bien”—, Musk había enviado el recado al presidente colombiano. “Plata o plomo”, escribió en X dirigido a Petro. “Demasiado Netflix”, le reprochan algunos tuiteros, pero Petro entendió que el hombre más rico del mundo era un interlocutor habilitado con quien discutir en público sobre su futuro.
La frase de insignia de Pablo Escobar recuerda que Maduro será juzgado por delitos de narcoterrorismo como cabecilla del cartel de los Soles y Trump acusa a Petro de ser el líder del narcotráfico colombiano. La doctrina Monroe que justifica el intervencionismo norteamericano es hoy la doctrina Donroe —por Donald—, y el referente de la detención de Manuel Noriega se mezcla con la del Chapo Guzman y su paso por un tribunal de Nueva York.
El mismo perp walk —pena del telediario— acompañado por agentes de la DEA, pero con muchos más estilismos. La retransmisión en diferido de la operación nos ha permitido ver a Maduro con un chándal gris Nike, con pantalones oscuros y sudadera azul celeste, y con pantalón azul marino y chaqueta negra con capucha. Las chanclas con calcetines blancos se repiten hasta que aparecen unas bambas naranjas y el traje de presidio de color caqui. Los cambios de outfit y la proliferación de imágenes han echado por tierra el negocio de unos peruanos que en solo 24 horas ya ofrecían en X camisetas con la foto de la detención de Maduro y la fecha.
Trump no se pone límites y junto a Colombia también amenaza a Cuba y Groenlandia, lo que deja aún más en evidencia la tibieza de la UE ante la política exterior norteamericana. Un mensaje en X de Katie Miller, la mujer del asesor de la Casa Blanca Stephen Miller, con el mapa de la isla bajo una bandera de Estados Unidos y el texto “pronto” ha desatado una nueva crisis diplomática. El embajador danés en EE.UU., Jesper Moller Sorensen, ha protestado en X; y la primera ministra, Mette Frederiksen, ha pedido a Trump que cesen las amenazas, lo que ha provocado las burlas del inquilino de la Casa Blanca. Trump alega que necesita Groenlandia por motivos de seguridad nacional y desdeña el papel de Dinamarca: “¿Sabes lo que Dinamarca ha hecho últimamente por la seguridad? Añadieron otro trineo tirado por perros”.
Todas las alarmas están encendidas, pero la discusión digital de los partidos en España prefiere usar la intervención en Venezuela para alimentar la trifulca doméstica. Las juventudes del PP tunean la foto de Maduro detenido con José Luis Rodríguez Zapatero y se recupera un vídeo en el que José María Aznar le dice a su sucesor en la Moncloa que “tengas cuidado” en uno de sus viajes a Venezuela. “Premonitorio”, dicen.
Los populares se mueven sobre el alambre entre el apoyo a la caída de Maduro y el desconcierto por la perpetuación del régimen con Delcy Rodríguez y el desdén trumpista hacia Corina Machado. Y mientras se aclaran, el diputado socialista José Zaragoza dispara en su cuenta: “Trump secuestra a Maduro acusándole de colaborar con narcotraficantes” y acompaña el mensaje con una foto de Alberto Núñez Feijóo con Marcial Dorado.
¿Se puede subir la apuesta? El extorero Fran Rivera, hijo de Paquirri, hace saltar la banca con su agradecimiento a Trump por Venezuela: “No se pare. Señor Trump, mire para acá, que aquí hay cosas que huelen a chamusquina”. Y de ahí a la fiscalía con una acusación de traición. Las respuestas le recuerdan el artículo 581 del Código Penal: “El español que indujere a una potencia extranjera a declarar la guerra a España o se concertare con ella para el mismo fin será castigado con la pena de prisión de quince a veinte años”. Y dictan sentencia: “Al final el más inteligente es Paquirrín. Entre el atropella palmeras y este, no hacen ni un Paquirrín”
