El nivel moral de nuestro Gobierno ha sido reducido al de un Estado gángster. Lo dice Jamie Raskin, representante demócrata por Maryland, en un artículo contra las políticas trumpistas basado en el asalto al Capitolio de hace cinco años, que The New York Times publicó el martes. Ese mismo día, la Casa Blanca abría una web oficial en la que trata de reescribir la historia del 6 de enero del 2021, calificando a los asaltantes del Capitolio como ciudadanos pacíficos hostigados por las fuerzas policiales.
Este sería un caso de gangsterismo con ecos orwellianos, tendente a modificar una historia cuya verdad conocimos por la tele y en directo. Pero si habláramos de la captura de Maduro ordenada por Trump, cabría referirse a un caso de gangsterismo tipo Chicago: dame una parte de lo tuyo y acepta mi protección o tendrás problemas. Todo ello, presentado como liberación de los venezolanos (pero con nuevo mandato formal para el chavismo y sin elecciones a la vista).
La Casa Blanca abre una web oficial para tratar de reescribir el asalto al Capitolio
Entretanto, la Unión Europea flojea y se deprime. No rechazó el golpe de EE.UU. En Venezuela con firmeza. Y solo osó dar teórico apoyo a Dinamarca, país miembro, ante la amenaza de Trump de quedarse con Groenlandia. Aunque, eso sí, en marzo nos animó a comprar un kit de supervivencia para tres días por si la cosa se lía mucho.
Todos vamos a morir, tarde o temprano. Pero antes los europeos deberíamos defender con mayor coraje nuestros principios de progreso y bienestar en libertad, acordados tras una guerra terrible para evitar su repetición, y, con mayor motivo, cuando se perfilan otras.
Esa defensa no la harán Rusia ni China, potencias de escasa o nula tradición democrática. Ni EE.UU., en manos de un autócrata ayuno de ética, educado como tiburón inmobiliario en la turbia Nueva York de los setenta. Eso debe hacerlo Europa. No sus ultras que se llenan la boca de soberanía nacional mientras chalanean con Trump. Pero sí la derecha y la izquierda mayoritarias, echando más inteligencia, sintonía y alma a sus acciones. Con eso podríamos respirar un poco. Sin eso, asumamos que tras una depresión puede llegar la caída final y el sometimiento al método del gángster. Avisados estamos.
