Opinión

Irán, al borde del precipicio

Las protestas que comenzaron el 28 de diciembre en el Gran Bazar de Teherán y que se han extendido por las 31 provincias del país, motivadas por la incontrolable subida de los precios, la depreciación del rial a mínimos históricos y el extremado agravamiento de la crisis del coste de la vida, además de por el aumento de las sanciones económicas de Estados Unidos, solo han encontrado la respuesta represiva del régimen teocrático.

La represión ya ha causado más de 500 muertos y más de 10.000 detenidos según grupos de derechos humanos, cifras imposibles de confirmar por el apagón telefónico y de internet impuesto por las autoridades, aunque se teme que puedan ser más elevadas. El régimen afronta la amenaza más importante a su supervivencia desde septiembre del 2022, cuando la muerte de la joven kurda Masha Amini, estando bajo custodia policial por no llevar bien puesto el velo, provocó una ola de protestas multitudinarias en todo el país durante semanas que se saldó con más de 500 muertos, según diversas oenegés.

La inicial indignación social ha ido adoptando con los días un tono político, con consignas contra la República Islámica como “Muerte a Jamenei” e incluso a favor del retorno de la monarquía, incluyendo “Pahlevi volverá”. Los menores de 30 años, que son casi la mitad de la población y que solo han conocido el régimen de los ayatolás, han tomado el protagonismo en las calles y abogan por derribar los pilares ideológicos del poder islamista.

Trump amenaza de nuevo con intervenir mientras aumentan las protestas y las víctimas

El líder supremo, Ali Jamenei, ha acusado a los manifestantes de actuar como “mercenarios de extranjeros” y de complacer a Trump, pero lo cierto es que casi cinco décadas después de la revolución islámica, la teocracia iraní tiene dificultades para salvar la brecha entre sus prioridades y las expectativas de una sociedad joven y sin perspectivas de futuro.

Irán sufre una inflación anual del 42% y una interanual superior al 52% entre noviembre y diciembre, según cifras oficiales. El rial sigue perdiendo valor, presionado por las sanciones internacionales, incrementadas desde la llegada a Trump a la Casa Blanca, y la mala gestión gubernamental, que incluso ha sido asumida por el presidente Masud Pezeshkian, quien al inicio de las protestas llegó a calificarlas de “legítimas”. “La culpa es nuestra, no hay que buscar culpables en EE.UU. Ni en nadie”, dijo en tono conciliador, si bien luego ha endurecido su discurso al tiempo que el régimen ha optado por responder con dureza ante cualquier inestabilidad. La hiperinflación debilita el poder adquisitivo de los ciudadanos, en un país asfixiado por las sanciones externas y por la corrupción. La brutal crisis económica ha dejado a las autoridades en una posición más vulnerable porque esta vez la desestabilización no viene instigada por agentes externos sino por los enormes problemas internos.

El presidente Trump ha amenazado con intervenir en Irán si se disparaba y mataba a manifestantes, como ha ocurrido. El líder republicano tiene sobre la mesa diversas opciones, entre ellas una posible intervención militar, aunque aún no ha tomado una decisión. Resulta chocante que Trump diga que ayudará a la población iraní cuando fue él mismo, al sacar a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán en mayo del 2018, quien aumentó las sanciones que hoy sufren los iraníes y dio la excusa perfecta al sector duro de los ayatolás para incrementar la represión.

El apoyo del aparato de seguridad al régimen y la falta de una alternativa viable lastran un cambio

Teherán, con su retórica habitual, responde que un ataque estadounidense convertiría a Israel y a las bases militares de EE.UU. En la región en “objetivos legítimos”. En junio del pasado año, Irán atacó la base aérea de Al Udeid en Qatar después de que Estados Unidos bombardeara instalaciones nucleares iraníes, en la que se bautizó como guerra de los doce días, en la que Israel asesinó a los principales comandantes militares y científicos nucleares de Irán y destruyó sus defensas aéreas.

Por eso la amenaza de Teherán hay que situarla en un escenario muy distinto al de hace meses. Ahora es un país al borde del colapso cuyos aliados regionales, el llamado Eje de la Resistencia, están en posición de extrema debilidad tras la guerra de Gaza, los duros golpes sufridos por Hizbulah en Líbano y la caída del régimen de El Assad en Siria. Las protestas son también el reflejo de la frustración popular por el apoyo de Irán a grupos islamistas en la región a costa del bienestar de los iraníes.

Irán se ha quedado solo mientras Israel –en alerta– se frota las manos. Pero el apoyo que el aparato de seguridad represor sigue prestando al régimen y la falta de una alternativa viable al Gobierno actual hacen muy difícil un cambio del sistema político a corto plazo. Aunque una intervención militar de EE.UU. Podría provocar un nuevo conflicto regional y un vuelco de la situación actual.

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