Las Claves
- El silencio ante la injusticia es inaceptable y Teresa Ribera critica la falta de respuesta de la Unión Europea actualmente.
- Teresa Ribera cuestiona la pasividad
Frecuentemente se le otorga un valor excesivo al silencio. Ante el ruido constante, la calma se transforma en una oportunidad para estructurar el pensamiento. No obstante, no debemos ensimismarnos cuando aquellos que claman con fuerza no solo intentan amedrentarnos, sino también poner en peligro nuestro destino. Georges Clemenceau, que además de su labor política fue periodista, afirmó que gestionar el silencio era más arduo que emplear la palabra. Sin embargo, los hechos le contradijeron al alzar su voz en L’Aurore para respaldar, junto a Émile Zola, al capitán Dreyfus, imputado erróneamente por alta traición. Es inadmisible guardar silencio ante el atropello o la falta de justicia.
Quienes sostienen que callar demuestra inteligencia mientras que hablar mucho revela necedad, omiten que bastantes guardan silencio por falta de argumentos y diversos individuos se expresan sin pausa para aturdirnos con su desconocimiento. Dentro de la esfera pública, al igual que en cualquier ámbito vital, llega un punto donde resulta inviable mantenerse en silencio, dado que tal actitud constituye una falta de compromiso y la opción menos acertada.
La vicepresidenta Ribera pone en duda la falta de respuesta de Von der Leyen ante los conflictos más recientes.
Teresa Ribera, en su cargo de vicepresidenta de la Comisión Europea, no ha logrado contenerse más ante la mudez de la UE frente a las problemáticas de Venezuela y Groenlandia, así como la pasividad de Ursula von der Leyen, por lo que ha resuelto expresar en público: “No podemos estar en silencio o ser indiferentes”. En Bruselas, impera el silencio ante los desplantes de Donald Trump. EE.UU. Ya no actúa como un socio, sino como un competidor y, en ciertos momentos, como un oponente. La intención declarada de apropiarse de Groenlandia, “por las buenas o por las malas”, no ha generado una respuesta enérgica de la presidenta de la Comisión ni de la encargada de la diplomacia de la UE (cuánto se extraña a Josep Borrell en Bruselas), y mucho menos del secretario de la OTAN, que conserva una expresión risueña.
Las declaraciones de Ribera han sorprendido a bastantes personas. Ha advertido que el panorama resulta sumamente complejo, no obstante, la UE posee los recursos, las virtudes, las aptitudes y la perspectiva para elaborar soluciones. Su discurso refleja una clara intención de encabezar el proceso. Y ciertos cambios han comenzado a producirse, a pesar de ser conscientes de que, tras el sueño, el dinosaurio naranja continuará presente.
